• Caracas (Venezuela)

Alexis Alzuru

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Alexis Alzuru

Ganar la Asamblea

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En las filas del Polo Patriótico y del bloque independiente hay una oposición al gobierno que no está representada ni desea ingresar en la MUD. Tal vez, este dato constituya uno de los sucesos políticos más importantes que deja el año 2014. De hecho, la palabra “oposición” ya no alude exclusivamente a los partidos y organizaciones de la MUD. El vocablo abarca al pueblo socialista y a quienes desde su activismo independiente presionan para el relevo constitucional del presidente. De lo cual se puede concluir que ganar las parlamentarias significa que el mayor número de adversarios a la élite oficialista ingresen al Parlamento, no tanto que la MUD obtenga una cantidad específica de diputados. El éxito electoral sería que la Asamblea contara con una mayoría absoluta integrada por ciudadanos dispuestos a pactar un proyecto de reconstrucción nacional.

Sin embargo, para ganar la Asamblea se requiere que los dirigentes de la MUD respeten algunas premisas. Por ejemplo, que el choque es con la cúpula del gobierno no con el pueblo socialista. También tendrían que dejar sentado que no habrá una mano tendida para calmar la irritación popular. Por lo cual, sus directivos deberían olvidarse de cualquier convocatoria para dialogar con el presidente. En su lugar, estarían obligados a reconocer que los interlocutores son la base del Polo Patriótico y los independientes. Un aspecto que se debería tener presente es que comunicarse con esos sectores exige hacer el ejercicio de colocarse en su lugar. Un procedimiento clave para comprender sus deseos, expectativas y reclamos. Lo cual incluye escuchar sus críticas a la democracia de Puntofijo y al actual liderazgo de la MUD.

El diálogo que esos venezolanos reclaman no acepta propósitos ideológicos, ni compromisos partidistas. Por eso, la MUD no podría continuar con mensajes que sugieran que los electores deberían entregarles un cheque en blanco. Sería conveniente entender que la conversación que se espera es equivalente a la que tienen potenciales socios. El debate que la nación necesita es para acordar estrategias y objetivos. Sobre todo, de cara a las elecciones el diálogo no puede sustituirse con una retórica que pretenda imponer los intereses de un partido o un dirigente sobre los votantes. En el contexto actual, comunicarse es asociar voluntades, capacidades y votos, no solicitar el reconocimiento de la gente o la rendición de algunos.

Para vencer en las parlamentarias resulta indispensable que la MUD modifique su enfoque. Ese esquema que ha autorizado que en esa organización convivan estrategias que se repelen entre sí: a la vez que se apoya la constituyente se promueven reuniones con Nicolás Maduro con la finalidad de cooperar con su gobierno para mitigar la crisis social y económica; todo eso, al tiempo que se promociona un congreso de ciudadanos que distancia al electorado socialista en lugar de sumarlo al ideario de renovación democrática. Por cierto, las paradojas de la MUD han servido para que algunos dirigentes cabalguen sobre la crisis de la república. Quizás, de buena fe piensan que exaltando sus figuras lograrán resolver las incoherencias que oscurecen las ofertas de esa asociación.

En 2015 habría que evitar que algunos protagonicen una batalla personalizada y mediática con el gobierno; pues el escándalo es el terreno que la cúpula del oficialismo eligió para garantizarse el triunfo en las parlamentarias. La MUD no monopoliza el descontento de los que adversan a Nicolás Maduro. Ahora bien, derrotar su visión es una condición necesaria para concretar la victoria electoral sobre la envilecida cúpula del PSUV. En particular, se requiere vencer ese prejuicio que ha hecho creer que el juego individual reporta mayores ganancias que el juego en equipo. Ese razonamiento se tendría que superar aun cuando pudiera ser dominante entre los directivos de la MUD. Esa exigencia la está formulado un país que una vez más está listo para sacudir al sistema político.