• Caracas (Venezuela)

Alexandra Palmieri Di Iuro

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Los vientos de Chávez

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Es conocido que la energía eólica alcanzó un nuevo récord mundial en 2014, y es ahora un pilar fundamental del suministro de electricidad en muchas partes del mundo. En América Latina el mercado de energía eólica creció 326%, siendo los principales promotores México, Chile, Uruguay y Brasil.

Mientras tanto, y aunque en Venezuela sobren los recursos renovables, el país sigue brillando por su ausencia en cualquier ranking positivo en materia de promoción de energías renovables. No sorprende, pues se trata de un gobierno que no solo incumple sus propias promesas, sino que también arrastra con otras heredadas del artífice de la oscuridad del país.

A modo de ejemplo, podemos decir que aún, y después de 9 años, se espera el funcionamiento del Parque Eólico de Paraguaná. Una de las tantas promesas de Hugo Chávez en el año electoral 2006. Un proyecto del que nunca se ha obtenido información pública transparente. Una inversión que pasó de 200 millones de dólares a 58 millones de bolívares, sin rendición de cuenta alguna.

Cuatro años después de la promesa original, el gobierno nacional prometió poner en funcionamiento el mencionado parque el primer trimestre de 2011; y un año después, la Agencia Venezolana de Noticias publicó una nota de prensa en la cual reiteraba los datos técnicos publicados cinco años atrás y prometía una vez más una nueva inauguración para finales de 2012, la cual tampoco se produjo.

Y apenas en agosto de 2014 Pdvsa anunció la llegada de los primeros componentes para los aerogeneradores, faltando lo más importante: la interconexión de todo el sistema del parque eólico prometido en 2006. Un parque que actualmente se encuentra paralizado, sin vigilancia y sin avances; y en una región en la que se sufre de apagones diarios. Una promesa presupuestada, que se cobraron, se dieron el vuelto, y que sigue siendo eso: una promesa pero devaluada.

El Parque Eólico de Paraguaná es solo un ejemplo de la voluntad política del gobierno venezolano en materia energética; y en general, en todo lo que tiene que ver con la calidad de vida en el país. Una voluntad que solo está comprometida con la mediocridad, la corrupción, y con mantener a Venezuela aislada de cualquier tipo de desarrollo o progreso. De la prometida energía del aire solo quedaron las palabras, y se las llevó el viento.