• Caracas (Venezuela)

Alexandra Palmieri Di Iuro

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Ecosocialismo, hábitat y vivienda

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Hace poco nos enteramos de la desaparición del Ministerio del Poder Popular para el Ambiente, y, por supuesto, no se hicieron esperar las alarmantes reacciones y críticas por el retraso que dicha decisión implica para el país. El nuevo Ministerio de Ecosocialismo, Hábitat y Vivienda no se tiene muy claro para qué ha sido creado, pero lo que sí es obvio es que, dada la posición internacional de Venezuela en dichos sectores, no son precisamente prioridades.

Según información oficial, el nuevo Ministerio tendrá 6 viceministerios: el de las “Redes Ecosocialistas” –no sabemos lo que son pero igualmente cobrarán–; el “Ecosocialista”, cuya diferencia con el anterior no queda clara, salvo por sutilezas presupuestarias; el de “Ecosocialismo en Viviendas”, cuyo nombre ya implica una burla en sí misma, considerando que la construcción y entrega de viviendas en Venezuela es una de las más grandes estafas del gobierno bolivariano; el de “Aguas”, como si la creación de un viceministerio solventara la ineptitud en el mantenimiento de embalses durante más de 15 años; el de “Manejo Ecosocialista de Desechos y Residuos”, bastante hipócrita considerando que aún estamos en la espera del Plan Nacional de Gestión Integral de los Residuos y Desechos Sólidos, que exige la Ley de Gestión Integral de la Basura desde 2010; y finalmente el de “Supervisión y Seguimiento de Obras”, para vigilar que no se cumplan nunca las promesas gubernamentales.

Así, Nicolás hizo desaparecer el Ministerio del Ambiente, considerándolo parte integrante del Ministerio de Vivienda y Hábitat, seguramente por la estrecha relación entre la naturaleza, los pajaritos y las casitas que no se construyen. Es así como el derecho constitucional a la protección del medio ambiente queda oficialmente huérfano de poder público responsable y rector. Y digo “oficialmente” porque en otras oportunidades hemos explicado que el gobierno no ha tenido nunca algún interés en el sector ambiental y energético renovable más allá de la habitual demagogia. Recordemos que la Constitución y las leyes ambientales han estado vigentes durante muchos años, y nunca antes habían sido tan pisoteadas como actualmente. Da igual la existencia formal o no del Ministerio del Ambiente, pues su ineptitud ya lo hacía invisible nacional e internacionalmente.

Ni el número de leyes, ni el de ministerios, determina el progreso de un país o la eficiencia de un gobierno. De allí que sea algo incomprensible el alboroto ante la desaparición del Ministerio del Ambiente, pues era una cartera ministerial inexistente en la realidad. Una formalidad inútil, y podrá seguir siéndolo independientemente del nombre y los adornos que pretendan colocarle. En un gobierno tan destructivo como el de Hugo Chávez y sus legatarios, poco importan las instituciones y el Derecho.

 

Lo que verdaderamente importa es el derecho pisoteado una y otra vez; las leyes ambientales vigentes pero inaplicables; las obligaciones ambientales incumplidas por el Estado; la vergonzosa posición de Venezuela en América Latina y el mundo en materia de gobernanza ambiental, sector renovable y esfuerzos para mitigar el cambio climático; la escasa educación ambiental y la distorsionada relación entre protección ambiental y socialismo, ambos imaginarios en Venezuela.

aledpd@gmail.com