• Caracas (Venezuela)

Alexander Cambero

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El trasfondo del militar detenido con drogas

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No hemos descubierto la cura contra el cáncer, al hablar de la terrible guerra a cuchillo en las entrañas del gobierno. Solo observamos las señales que marcan el destino final del proceso fraudulento. Hace algunos días detuvieron a un militar con 400 kilos de cocaína en el sector El Quebradón del estado Mérida. 6 sujetos lo acompañaban con un cargamento  proveniente de la población de Casigua-El Cubo del fronterizo estado Zulia. ¿Quién es el sujeto? Se trata del mayor Juan José Sorja Ojeda. El castrense pertenece a la 93 Brigada Caribe Especial de Seguridad y Desarrollo G/J Ezequiel Zamora del Ejército Bolivariano, acantonada en el estado Barinas. Fue capturado junto con unos subordinados que usaban uniformes y usurpaban identidades militares al hacerse pasar como tropas profesionales, fueron identificados como: Ramón Ostos Vivas, Ismael Suárez Gómez, Franklin José Urbina, Michael Josué Nieto, Henry Antonio Méndez Mendoza y Miguel Ángel Peñaloza Romero. Todo aquí parece una operación de rutina a no ser por algunos elementos poco analizados por la premura de los acontecimientos nacionales.

El mayor Sorja es el enfermero personal de Hugo de los Reyes Chávez. Estuvo con él en todo el proceso de su accidente cerebrovascular hace unos cinco años, incluso viajó a Cuba como parte del grupo venezolano que manejaría el caso con suma discreción. Al regresar al país siguió encargándose del cuido personal del maestro. Era tal su grado de confianza que la familia Chávez presentó su nombre como candidato al Consejo Legislativo del estado Barinas, para las elecciones del 16 de diciembre de 2012. La dirección del PSUV desestimó la propuesta. Con Hugo Chávez siempre manejó una relación muy próxima. Sorja fue quien le comunicó a la familia lo del cáncer del presidente. Fue en una de sus periódicas visitas a la casa paterna cuando le trasmitió a este su terrible agonía. Este manejó con tacto la situación para no complicar el cuadro del enfermo bajo sus cuidados.

La detención del mayor Juan José Sorja Ojeda huele a la lucha fratricida dentro de las entrañas del gobierno. Existe toda una campaña interna para separar todo símbolo que recuerde a Hugo Chávez. Sus principales colaboradores fueron echados de la administración socialista. Se han quedado con las gigantografías y las frases de ocasión para edulcorar sus mecanismos de control, detrás de todo esto buscan crear una nueva etapa libre del fetiche. El régimen agónico los golpea en pleno hígado deteniendo con drogas a un militar cercano a la familia real barinesa. En algunas declaraciones oficiales han dejado circular la especie de que los grados del mayor Sorja fueron regalados. La pregunta de cajón, ¿quién se los regaló? La respuesta es casi automática: Hugo Chávez. Si se cuestiona la obtención del grado para alguien sin la debida preparación, es lógico pensar que también es un reclamo vedado a quien lo dio. Es decir, que este caso busca abrir un nuevo episodio de señalamientos para el entorno Chávez, para posteriormente salir al encuentro de convertirlos en los responsables del desmadre general.

Es una estrategia con dos puntas que comienzan a definirse. La primera es consolidar una fuerza interna que se encargue de ir borrándolo paulatinamente. La otra es ir llenando sus glorias pasadas de manchas oscuras como las de las actividades de las drogas. El Cartel de los Soles se lava un poco el rostro con este caso ya que es el comienzo para endosarse al clan Chávez de todo lo que los acusan. En el fondo, Diosdado Cabello no olvida que fue desairado por el ex presidente al escoger a Nicolás Maduro. Lo hizo en cadena nacional como indicándole que ni aun muriéndose lo tomaba en cuenta debido a su alta peligrosidad como hombre poco confiable. Esa puñalada que atravesó el intercostal del orgullo apretujado lo hace diseñar planes que redunden en liquidar el recuerdo del hombre que lo apartó de la gloria del poder. En su lugar un pobre títere de los cubanos, al que la suerte le concedió la posibilidad de desgobernarnos. Esa afrenta está viva como un tizón encendido que escarmienta la piel.

Pasaron diez años para que detuvieran un militar de rango en una alcabala humilde de Mérida. Cuentan que sus viajes eran semanales, siempre con los mismos sujetos. ¿Por qué lo detuvieron hace unos días? Que el gobierno que menos hace en el planeta para luchar contra el comercio de narcóticos detenga a un militar del entorno de la familia del héroe intergaláctico, no es un hecho para pasarlo por debajo de la mesa. La venganza en el seno del poder putrefacto apenas comienza. Seguirán ocurriendo hechos de este tipo. Ahora le tocará al chavismo fiel responder con algún ataque…