• Caracas (Venezuela)

Alexander Cambero

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La patria herida que no se rinde

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Hemos marchado como lo hicieron miles de venezolanos. Echamos el miedo a la espalda y fuimos tras la senda de nuestra historia. La firme voluntad ciudadana volvió añicos a los cenáculos que creen que los venezolanos somos de su propiedad. Que nos dan órdenes y las seguimos como manada de borregos. La nación les pasó por encima. Dejándolos como muñeco de trapo. Huérfanos de la comprensión popular. Terminaron clausurando su causa en el destierro de sus decisiones.

Se han desbordado las calles de la patria para gritarle al mundo que queremos vivir en libertad. Este pueblo no se deja amedrentar por la dictadura. Cada ciudad, pueblo y sector, convertido en una trinchera por el cambio. Nuestros presos políticos saben que cuentan con millones de sus compatriotas. El régimen tiembla de miedo, entiende que está de salida. Su discurso luce gastado como sus shows que solo lo creen su fanáticos. Se aproxima la cárcel para todos esos facinerosos que han desvalijado a Venezuela. Príncipes del narcotráfico como inspirador de incalculables fortunas de los potentados revolucionarios. Sus principios ideológicos adheridos al negocio ruin de lo prohibido.

Somos millones de voluntades que han resistido todo este horror con  dignidad. Han querido imponer un pensamiento único. Un cruel mecanismo de sometimiento hegemónico. Afortunadamente su malévola pretensión ha chocado con la firme decisión de mantenernos en los principios democráticos. El proceso totalitario ha querido someternos, sin embargo la reciedumbre de los demócratas ha logrado resistir todos los embates.  

Mi patria herida que no se rinde. Cumbres hasta el cielo con la impronta libertaria bendiciendo tu suelo. Caminos que cruzan otros caminos, manos que se estrechan para entre todos engalanar la más hermosa bandera: la de un país que nunca entregará su alma, ni dará respiro a su brazo, para empuñar el sable que resguarde sus principios. Somos una nación bendecida. Por nuestras venas circula la negra sangre del petróleo de nuestro destino. En el alma, los huesos de nuestros héroes son como una brújula que muestra un destino que perseguir, una causa irrenunciable que se agita como los árboles en arrojado despertar de la hojarasca. Tierra fecunda hija del compromiso, tu suelo tiene las maravillas de regiones de impresionante belleza. Te besan las aguas azules del Caribe; mágico encuentro de un amor que fecundó en tu suelo, escuchamos los caballos trepidantes atravesando tus llanos. Pueblos de gente hermosa, compromiso imperecedero de un corazón puro en la búsqueda de la libertad. Tierra fecunda hija del compromiso, tu suelo tiene las maravillas de impresionante belleza. Aguas que caen como cascadas de luz. Murmullo de humedades, principios de tierra desgarrada por donde nacen las pequeñas vertientes que luego son la gigantesca aparición del Orinoco. Patriarca de aguas que va más allá de lo posible. Somos un pueblo irreductible. Una nación de soñadores que elevan el vuelo para sembrarse en la piel de su gente. Somos millones de seres que seguimos amando a la libertad, escribimos nuestro destino en cada espacio de nuestro suelo. Hoy nos volvemos a abrigar con los fuertes brazos de una patria que quiere unir a todos sus hijos. Que retornen todos aquellos que dejaron al hogar de las siete estrellas. Que volvamos a tener el valor de seguir luchando por ella…

 

 alexandercambero@hotmail.com

@alecambero