• Caracas (Venezuela)

Alexander Cambero

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Alexander Cambero

El ébola de la caída petrolera…

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La caída en los precios del petróleo pone contra las cuerdas al régimen revolucionario. No tenemos que ser unos especialistas de las ciencias económicas para saber que si prosigue la crisis del hidrocarburo esta farsa se desploma. El rostro de la mentira terminará mostrando sus graves cicatrices que lograron disimular con los millones anegados de la corrupción. El festín del dinero a manos llenas construyó una realidad artificial que les ha servido para perpetuarse en el poder. La más grande bonanza de nuestra historia hizo potentados a una élite en detrimento de millones que viven en dramáticas condiciones. Desperdiciaron una oportunidad de oro, jugando a creerse los adalides de la transformación interplanetaria; sacrificaron el futuro de la patria en favor de un proceso primitivo que nos enquistó en el revés.

En la secta gobernante se nota nerviosismo. Con la incertidumbre de no entender las reglas de una crisis mundial, coadyuvada por conflictos políticos que no fomentan el necesario equilibrio. Su manejo de la situación es tan torpe como sus palabras untadas de hiel. Si persiste el problema la revolución puede terminar devorada por un ébola financiero. Al depender exclusivamente de la renta petrolera, su margen de maniobra es ínfimo. Un virus que los dejaría desnudos en las calles con una fiebre altísima mientras se muere lentamente el proyecto que han sostenido a punta de irregularidades, la enfermedad de su estrepitoso fracaso es un herida punzante que durará décadas para cicatrizar. Son las patologías que contaminan una sociedad cada día más virulenta.

¿Se imaginan un régimen sin dinero suficiente? Inmediatamente desaparecerían los respaldos internacionales. Los lactantes revolucionarios exprimirían la ubre hasta el dolor obteniendo solo migajas del botín. Los colectivos incrementarían sus fechorías ya que los beneficios de nómina quedarían en el recuerdo. Moriría el populismo y las gigantografias de Hugo Chávez servirían para tapar el gallinero. Todos esos poderes controlados por un puño saldrían de sus escondrijos para revelar toda la mentira sostenida por años. Se caerían las máscaras en el rimbombante baile de disfraces que han organizado. Toda su podredumbre saldría a la luz, China apretaría más la yugular para obligar a que todo lo pautado se cumpla. Cuba buscaría obtener la última tajada mientras los vende al mejor postor: el imperio ruso, con ansias del volver sobre sus angustiosos pasos bolcheviques.

Con precios petroleros bajos se acaba el querer. Esos millones que aplauden correrían felices a los brazos del nuevo mecenas. De pronto confesarían que su idolatrado comandante eterno era un vil engañador. Un fabulador que los embarcó en este mundo de disparates sin fin. Un proceso fraudulento que los utilizó como marionetas. Para la administración roja sería la muerte de sus fechorías. Una especie de virus del ébola extrapolado a la demencial política. Cuerpos que caen como fulminados por un rayo, huesos podridos que sostienen carnes flácidas de penosa enfermedad ideológica. Revolución torcida con las venas seducidas por la peste que obtuvieron cuando por equivocación tomaron el potaje del veneno totalitario…