• Caracas (Venezuela)

Alexander Cambero

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Alexander Cambero

El cartel de los sapos revolucionarios…

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Desde el pantano saltó el capitán de corbeta Leamsy Salazar Villafaña, para dar a conocer los supuestos pecados del verdadero hombre fuerte del régimen venezolano. Individuo de confianza del presidente Hugo Chávez, al cual sirvió durante doce años, siendo el encargado de seguridad. Callado y discreto; fiel al amigo que lo distinguió por su pundonor a todo trance. Es el hombre que ondea la bandera nacional en el techo de Miraflores en el retorno de su comandante en jefe. Cuando muchos de esos que se rasgan las vestiduras por el régimen andaban buscando embajadas o escondidos en ambulancias, Salazar daba el frente. Quizás al estar presente en las últimos instantes de su patriarca y viendo cómo la podredumbre humana escribía con tinta de excretas las postrimerías de un proceso decadente, prefirió denunciar los grandes negocios de los tótem herederos. Ahora está en Estados Unidos amparado en la figura legislativa del testigo protegido, instancia legal que data de la década de los años sesenta cuando un delincuente de poco relieve llamado Joe Valachi declaró en contra de la poderosísima mafia italiana. Su gran cantidad de pruebas, informes y datos hizo posible que grandes intocables del crimen organizado terminaran en la cárcel. Inspirado en el caso Valachi, en el año 2000 se reúnen en la ciudad italiana de Palermo más de 130 países para lograr que la prerrogativa del testigo protegido tuviese un rango preponderante en todas las constituciones del mundo. El párrafo principal de la declaración final de la convención habla de luchar contra las mafias y los carteles de drogas.

En otro orden de ideas. Para que Leamsy Salazar pueda ser testigo protegido tiene que tener pruebas contundentes que hagan que su vida corra peligro. Si no las poseyese Estados Unidos no se atrevería a jugársela entero. Estamos seguros de que ya el capitán de corbeta sabe que si mintió puede pagar sesenta años de cárcel por perjurio, intuimos que debe haber llevado una alforja atestada de pruebas. La vaguedad de las respuestas de un nervioso Diosdado Cabello y su círculo de adulantes lo dibujan completo. Aunado a ello está el allanamiento a la casa de la madre del desertor. Si no tienen nada que ocultar: ¿por qué aterrorizar y amenazar a una señora inocente? ¿Qué buscaban en realidad? La torpeza los dejó en evidencia. Este caso se parece  mucho al de Manuel Antonio Noriega. Con un machete en la mano desafiaba permanentemente al imperio. Un buen día se decidieron y lo llevaron a Estados Unidos donde pagó veinte años por tráfico de drogas. El arrogante militar terminó colaborando con la justicia del país que satanizaba tratando de lograr beneficios, que obtuvo medianamente. El imperio sabe asestar el golpe en el momento menos pensado. ¡Anótenlo…!

En el mundo de la ciénaga subyace el proceso. Su anomalía crónica va revelando tantas miserias; imposible cuantificarlas. Es tal espeluznante lo que ocurre puertas adentro del régimen que es inaguantable la situación. Son un cuartel que devino en cartel de soles entenebrecidos por la lujuria del poder. El uniforme manchado por el fanatismo; la lealtad confundida con sumisión, complicidad y negocios. ¡Libertador mancharon tu gloria…! Tan grave es el asunto que hasta los sapos no aguantaron lo podrido y pegaron un brinco hasta el imperio…