• Caracas (Venezuela)

Alexander Cambero

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Venezuela, ¿nido del terrorismo?

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La supuesta invasión norteamericana es el último recurso que le queda a un régimen desesperado. Su caída brutal en la aceptación popular hace que utilice artificios para seguir manipulando a su elector y más allá. Estados Unidos basándose en los principios que enarboló Benjamín Franklin en su célebre discurso de instauración de su Constitución, el 17 de septiembre de 1787, asume la soberanía como expresión de sus entrañas. Este principio de 228 años fue el que utilizaron para congelarles las cuentas y prohibirles la entrada a 7 funcionarios venezolanos acusados de lavado de dinero y violación fragrante de los derechos humanos. No es una agresión contra Venezuela ni una injerencia en nuestros asuntos, es un acto soberano de Estados Unidos.

El gobierno ha buscado manipular la situación y, lamentablemente, a algunos sectores democráticos les faltó leer en profundidad el espíritu de la declaración. Se fueron de bruces mostrando poca inteligencia y análisis. Otros buscaron acercarse a la madre nodriza que los amamantó en el pasado. La MUD casi muerde el anzuelo creyendo que con posiciones patrioteras el régimen dejará de perseguirlos. Afortunadamente la almohada logró que la sindéresis volviera a encauzar al pensamiento sobresaltado.

El señuelo humedecido de la patria afrentada por el gran imperio opresor es un territorio fecundo para el resurgimiento de los viejos resquemores aplastados con la caída del Muro de Berlín. Expresión del sempiterno odio del tabernáculo revolucionario en contra de la libertad. El giro venezolano hacia los arcaicos enfoques del totalitarismo ha cavado un abismo en donde estamos sepultados con la peor versión de las aberraciones ideológicas. Ese es el trasfondo que observan desde Washington.

La gran nación suramericana, con inmensos recursos naturales y una envidiable posición geográfica, es un punto ideal para que grupos violentos tengan la tranquilidad necesaria; si le agregamos la indiferencia con la que Miraflores trata estos asuntos, podemos entender la declaración yanqui. Ser presuntos aliados de sectores extremistas de izquierda; de grupos islamistas fanáticos de marcada exacerbación en sus actuaciones, ¿acaso no es un riesgo para quien sufrió un ataque terrorista el 11 de septiembre del año 2001 en donde murieron 2.778 personas? ¿Acaso no es un peligro para cualquier nación un régimen que persigue a la disidencia democrática, vulnera los derechos humanos y aplica el terrorismo psicológico para liquidar a sus víctimas, tal como ocurrió con Rodolfo González?

En febrero de 2003 fue detenido Hasil Mohammed Rahaham-Alan, quien viajaba con un pasaporte venezolano y llegó al aeropuerto Gatwick de Londres en un vuelo de British Airways, que partió de Caracas e hizo escalas en Colombia y Barbados. El hombre llevaba una granada en su equipaje y su arresto ameritó la evacuación del terminal y el movimiento de militares. Habían pasado apenas dos años de los ataques terroristas a las Torres Gemelas de Nueva York y el transporte del explosivo causó alarma y retrasos en los vuelos; hace algunos días el gobierno canadiense detuvo a un grupo de islamitas que viajaron desde nuestro país con pasaportes venezolanos. Si a esto le agregamos otra perlita: el Consejo Seguridad de la ONU aprobó la resolución 2209 que condena el uso de sustancias químicas en Siria. Venezuela no votó a favor, es decir, que comparte el mecanismo exterminador de un gobierno opresor. ¡Qué horror…! incluso naciones aliadas del régimen venezolano, como China y Rusia, votaron la resolución. Preguntamos: ¿No son estos sólidos argumentos para tener en cuenta a la hora de revisar la condición peligrosa de una nación como puente para el terrorismo?

 

alexandercambero@hotmail.com

@alecambero