• Caracas (Venezuela)

Alexander Cambero

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Venezuela tiene hambre

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La patria paga con creces su monumental error. Hace 17 años perdió su conciencia al enamorarse de unos embaucadores. El socialismo bolivariano trajo consigo las ansias de una clase dirigente que buscaba hacerse del poder. La abordó con la saña propia de pillos de la peor calaña. Fue un despojo por etapas, con el antifaz de la instauración de un gobierno que nos diera la anhelada dosis de felicidad. Los infaustos resultados saltan a la vista. La nación con uno de los potenciales financieros más vigorosos del planeta, reducida a la mendicidad. Cerca de 18 millones de personas viven en el submundo de las penurias. Es una realidad irrefutable que hace que nuestro futuro tenga pintado un horizonte sombrío. Por eso es vergonzoso que la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la FAO, premiara a Venezuela por supuestamente lograr bajar de manera significativa los índices de pobreza y desigualdad alimentaria. La verdad que fue una burla al pueblo venezolano el honrar al régimen con tal distinción. ¿Será que los ejecutivos de la FAO se olvidaron de nuestra escasez, desnutrición, desabastecimiento, hambre y bachaqueo? Semejante ridiculez no resiste algún análisis creíble. No es ilógico pensar que el fulano reconocimiento internacional nos debe haber costado una buena cantidad de euros. Ya conocemos lo aventurera que es la chequera nacional en manos de aquellos que consiguen gloria con la aviesa complicidad de los dólares petroleros.

Sobrevivimos bajo la premisa de un espantoso desiderátum para los más necesitados. En la mesa del humilde sus habituales carencias han recrudecido. Se pelea en las kilométricas colas por algún producto que pueda palear la necesidad de un momento. Estamos viviendo una etapa dramática en la que el hambre se erige como portaestandarte de nuestro destino. En la desesperación por encontrar comida han surgido los saqueos como desahogo de tanta frustración acumulada. Las intentonas por asaltar los supermercados y sitios de abastecimiento se multiplican cada día, los cuerpos de seguridad del Estado apenas pueden repeler a grandes concentraciones que se abalanzan ante su realidad de tener la guillotina del hambre en el cuello. Son el contexto de un país hastiado de tanto discurso falsificado. La realidad de millones de estómagos vacíos que no resisten nuevas promesas huracanadas. Es por ello que su paciencia se agota. Estamos entrando en un estado de desespero y anarquía que parece atraparlo todo. El desabastecimiento comenzó como una estratégica fáctica del gobierno para mantener al pueblo entretenido en las colas. Es decir, suministrar los alimentos controlados para ir estirando su supervivencia, ganar tiempo para desarticular a los sectores opositores culpándolos de la incapacidad de ellos. Un plan cubano que busca endosarle al adversario la debilidad endógena del proceso revolucionario.

Venezuela tiene hambre. No solo de alimentos que nos satisfagan y nos hagan autosuficientes en el área. La República tiene necesidad de un gobierno decente y pulcro, que sea dirigido por las mentes más brillantes que se han preparado en las mejores universidades del mundo. Una administración democrática que gobierne para todos por igual, sin jueces que catequizan con las liturgias del crimen. Un Estado que promueva la paz y no pregone la violencia como mecanismo de terror. Con libertad para construir un país con desarrollo vigoroso. Siendo un aliado del empresario privado en la búsqueda de economías que eleven la calidad de vida. Esa hambre de anhelos perpetuos es también indispensable para salir del abismo…

 

Alexandercambero@hotmail.com

Twitter @alecambero