• Caracas (Venezuela)

Alexander Cambero

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Ramón Guillermo: orgullo larense…

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Estuvimos en el homenaje que le brindó el estado Lara al doctor Ramón Guillermo Aveledo. El teatro Juares repleto de amigos entrañables. Rostros de muchos lugares con ideas y proyectos disímiles; unidos por la amistad con uno de los más lúcidos baluartes de la región. Un hombre brillante nacido para protagonizar con inteligencia, sin perder la raíz profunda que lo vincula con este pueblo que sabe de su sencillez a toda prueba. A pesar de ser un personaje que ha recorrido el mundo exponiendo su proverbial talento, jamás dejó de estar entre nosotros.

Desde el fondo del teatro lo observábamos. Se conmovió con tantos ejemplos de sincero cariño. Los abrazos se multiplicaron, y con los gestos hicimos que la memoria nos acercara a cada rincón de Lara. En el crujir de la tarde lo recordé en nuestra Duaca caminando por sus calles para terminar en casa saboreando el quesillo de mi madre, siempre ha sido una fiesta escucharlo. Con el diálogo franco en donde florece su enorme arsenal cultural, sin dejar de lado la naturalidad de la anécdota pueblerina que no muere en la profundidad del hombre con su responsabilidad ante la historia.

Un turpial se escuchaba mientras veníamos bajando desde la lejana Guaitó. Allá Ramón Guillermo atravesó el humilde umbral de una casa campesina. Olor a leña de cují verde en el fogón de la casa. Se sentó en la modesta cocina a disfrutar de un sancocho de gallina. Lo vimos radiante de auténtica felicidad. Habló con aquellas personas que lo miraban con la admiración al hombre sin ínfulas. Días antes había hecho un periplo por cuatro naciones europeas. Un discurso suyo lo destacó la televisión alemana como referencia a las nuevas ideas de los políticos de América. Estaba exhorto en mis íntimas reflexiones cuando un niño con la pobreza infinita en su pantanal de huesos secos lo abrazó. Lo cargó con la ternura de un padre. Los pensamientos se cruzaron como el vuelo de las bulliciosas bandadas de loro. Caminó mirando al cerro donde acampaban las cabras. Era un deleite observarlo, quince días después de haber hablado en una asamblea de la Unión Interplanetaria Mundial realizada en Copenhague, estaba el mismo personaje despojado de protocolo para brindarse con sus verdades del alma. Allá se multiplicaron los aplausos del mundo político universal, aquí se esparcía en la gente sencilla como indicándonos que este era su verdadero mundo de larense integral. Todos salieron a despedirlo desde aquella casa destartalada, pero cargada de sueños de venezolanos con deseos de trascender. Estaba tan emocionado que no perdía la oportunidad de conversar con los hombres que hicieron del campo su patria. Dos meses después viajó a Londres. La cosmopolita capital británica seguramente llamaría su atención. Sin embargo, creo que Ramón Guillermo Aveledo seguía disfrutando del perfume de la leña de cují verde en el fogón de Guaitó. 

Aveledo tiene el alma de Lara. Es hijo de una región que honra el poder de la palabra empeñada. Seres auténticos con la dignidad a flor de piel. Pueblos donde desgarra una guitarra en la quietud de la noche pletórica de versos profundos. Pintores que inmortalizaron las bondades de un paraíso de gente decente. Suelo de contrastes en donde la tierra reseca todavía tiene arrestos para acariciar la vida misma. Somos el encuentro de poblaciones que despiertan con la bruma de las nubes o con el inclemente sol dorando sus lastimeras costillas de árboles resecos. Rumbos que son como la esperanza que no claudica en su empeño de seguir trajinando mientras tengamos grandeza en el corazón.

La vida seguirá escribiendo sus capítulos. Nuestro Ramón Guillermo no es no solo un orgullo larense: representa un patrimonio que tiene mucho que dar. Los larenses sabemos que este coterráneo ilustre es una luz cívica que alumbrará el camino…