• Caracas (Venezuela)

Alexander Cambero

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Nicolás Maduro come completo…

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Su voluminosa figura lo delata. La grave crisis alimentaria que arremete contra los estómagos ardientes de la población no afecta la cocina presidencial. Los platos exquisitos siguen haciendo mella en una cintura adosada de grosura; con seguros desencadenantes en problemas metabólicos. Un conflicto de salud que se muestra cuando la ingesta calórica es superior al desgaste que puede lograrse con una combinación de ejercicios permanentes y una buena dieta balanceada, entre los grupos que componen los alimentos. Esa condición hace que el entendimiento vaya perdiendo el fuelle que roba la obesidad; esta pandemia social es la causante de los graves problemas coronarios que se disparan en las estadísticas. También de las enormes tasas de crecimiento de diabetes y accidentes cerebrovasculares que hoy abarrotan nuestros desasistidos centros asistenciales.

En Miraflores la escasez no existe. Es una fábula pueblerina que no se asoma en una mesa repleta de delicias y exquisiteces; son parte del boliburguesismo que asaltó al país para almorzárselo con la furia de los dientes rapaces. Un hombre elegantemente vestido sirve los platos que demuestran los mundos distintos de la revolución. Los pobres hacen colas kilométricas persiguiendo algún producto que repele su hambre, son hombres y mujeres con los huesos pegados en el espinazo, carnes enjutas colgando como nidos de arrendajo. Parecen zombis aguantando el sufrir en la eterna peregrinación, de estar frente a un establecimiento comercial esperando el milagro de comprar algo.

El socialismo les prometió una prosperidad que escasea como los productos, durante años marcharon llevando un mensaje difuso que solo contribuyó a meterlos en el hueco. Al fin y al cabo una de las estrategias maestras del socialismo es convertir al pobre es más pobre, de esa manera puede manipularlo más fácil al jugar con su necesidad. Aplastados con su hambre nublándoles la vida son presa cómoda para la utilización como ejército de débil escudo. Esta revolución acabó con los dineros de la nación, hicieron el negocio de sus vidas al llevarse cada centavo para engrosar sus cuentas y también sus barrigas. Se hicieron obesos mórbidos en los negocios que van desde el desayuno petrolero hasta la cena con caviar de la droga. Todos los tentáculos de la horrenda corrupción en el opíparo festín del combo chavista. Una celebración que todavía no apaga los fuegos artificiales de su deshonra. Siguen sirviendo exquisiteces inspirados en los huesos de los pobres venezolanos que los consagraron con el voto de los incautos. Sufragio con la píldora de la muerte de la democracia en sus células. Son tan inescrupulosos que ni si quiera los sobrantes de sus francachelas aparecen en la mirada del barrio.

La mentira revolucionaria debe observarse en los aspectos. Socialistas con costosos trajes de acreditadas marcas. Relojes suizos que cuestan miles de dólares, viajes trepidantes por regiones paradisíacas del planeta con forzado aterrizaje en restaurantes de ensueño en donde solo llegan los más célebres personajes del dinero mundial. Allá dejan la revolución para los discursos con los románticos; en los remotos lugares es el capitalismo el que descorcha el exquisito vino francés de la mejor cosecha, son seres llenos de joyas y de kilos obtenidos en platillos preparados por los grandes chef ganadores de la medalla de oro en el concurso bienal de Ámsterdam, mientras los pobres hacen colas buscando un hueso que rendirán con agua para hacer una sopa.

Nicolás Maduro come completo, mientras se opone al bono de alimentación para los pensionados y jubilados. Una revolución que rechaza el derecho que tienen nuestros padres y abuelos de tener un beneficio acorde con su gran contribución para con el desarrollo de la patria. Sigue engordando mientras los trabajadores tienen sueldo de hambre y con canasta básica elevada hasta el infinito, estas son las realidades de un proceso absolutamente fraudulento que enterró sus promesas en un ataúd de arbitrariedades. La curva de la cintura sigue ensanchándose como el planeta al acercarse al Ecuador; los polos son material graso de algunas copiosas comidas en donde el pueblo no acudió, son los misterios del socialismo. En las catacumbas el hambre sigue predicando en el dolor, en Miraflores sigue la fiesta…