• Caracas (Venezuela)

Alexander Cambero

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¿El Esequibo salvará al régimen?

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Los últimos sondeos de opinión tienen al régimen desesperado. Un presidente reducido solo a 10% de respaldo popular es la cruel representación de su realidad. Sus manipulaciones propagandísticas ya no surten el efecto deseado. La Sala Situacional ubicada en Miraflores conoce del profundo grado de decepción que experimenta un pueblo engañado en su propia fe. Es por ello que aparece un as bajo la manga: el Esequibo. El histórico despojo del cual fuimos objeto por parte del imperio británico en 1877, es una asignatura pendiente que tiene el país; desmembrado con la complicidad de naciones poderosas que horadaron la soberanía de la época, su recuperación es derecho de patria. La herida profunda de la usurpación aún sangra. Fueron 159.542 kilómetros cuadrados que terminaron en manos foráneas; luego ratificado por el Laudo Arbitral de París en 1899. El dictamen les adjudicó el territorio denominado por Venezuela como Guayana Esequiba de 159.500 km², al oeste del río Esequibo, aunque no en su máxima aspiración de abarcar hasta las bocas del río Orinoco y controlar su navegación. Luego, una serie de querellas jurídicas hasta llegar al Acuerdo de Ginebra de 1966, con el que se buscaba un convenio entre las partes. El gobierno de Nicolás Maduro quiere manipular la justa pretensión venezolana de recuperar parte del territorio usurpado para manipular todo a su favor. Todo un ardid para conseguir la adhesión que perdieron. Detrás de toda su alharaca existe la mentira.

¿Qué hizo el chavismo por el Esequibo? En primer lugar, guardó silencio cómplice con respecto al litigio. Por instancia de Fidel Castro jamás plantearon los derechos que tiene Venezuela con relación al territorio usurpado; lean la opinión oficial cubana: “El reclamo venezolano es prueba de expansionismo y Guyana tiene pleno derecho de gozar de su entero territorio con plena libertad. Reiteramos nuestra solidaridad con Guyana”, declaró el excanciller de Cuba Ricardo Alarcón, el 7 de octubre de 1981 en la ciudad de Georgetown.

La parentela ideológica de Hugo Chávez con ellos y su afán enfermizo por creerse líder intergaláctico hicieron que se perdieran quince años de lucha. Quería ser el tótem del mundo y para ello no le servía un pleito doméstico que debilitara a las fuerzas de izquierda; Guyana logró firmar con Brasil y China acuerdos para desarrollar la zona usurpada a Venezuela. Esta postura unilateral guyanesa recibió el respaldo de Hugo Chávez: “Me he comprometido con el presidente Bharrat Jagdeo a que el gobierno venezolano no va a oponerse a ningún proyecto en la región que vaya en beneficio de sus habitantes”. Imagínense que a alguien lo despojen de una propiedad y el dueño autorice al usurpador a que la utilice como quiera. Semejante irresponsabilidad la estamos pagando con creces. Hemos cedido al totalitarismo internacional una extensión 159.500 km, similar al tamaño de Inglaterra. Un territorio estratégico plagado de riquezas incalculables, que quiere usufructuar Cuba en un acuerdo con Estados Unidos y la Comunidad Europea. Por ello es ridículo que el gobierno nacional le haga un llamado a la empresa Exxon Mobil por la exploración de aproximadamente 26.806 kilómetros cuadrados (10.350 millas cuadradas) que perforará a una profundidad de 1.750 metros (unos 2 kilómetros). ¿Por qué no le hacen un enérgico llamado al gobierno guyanés por negociar en la zona de reclamación? Exxon Mobil solo hace uso de un contrato firmado por un gobierno que tiene el respaldo subrepticio de su socio en Petrocaribe.

¿Son o no traidores a la patria? ¿Por qué guardaron silencio con respecto a la inversión brasileña de construir una gigantesca termoeléctrica binacional que serviría de punta de lanza para que los amazónicos construyan una carretera que va desde el estado de Roraima hasta una salida al mar vía Guyana, dándole argumentos jurídicos como cuentadante del territorio? ¿Por qué los revolucionarios no levantaron la voz para reclamar por esa agresión que vulnera los derechos de Venezuela en otros momentos?

Ahora por estar quebrados en las encuestas buscan un conflicto que les dé éxitos electorales. Preparan sus fanáticos para tratar de engañar a millones de venezolanos con el presunto rescate del territorio Esequibo. Seguramente harán de la guarimba su marca de fábrica. El territorio en reclamación es la última carta que se guardan los cerebros oficialistas para tratar de quebrar la enorme ventaja que lleva la oposición.

Todo pasa por la salud del paciente. Si la revolución sigue en terapia intensiva seguramente buscará una salida extraordinaria que remueva los resortes del nacionalismo; es un planteamiento claro de supervivencia política. Es igualmente una factura a Cuba por la distancia que comienza a tomar con respecto al gobierno de Nicolás Maduro. La realidad antillana pasa por entenderse con Estados Unidos. Ellos saben que la enfermedad del régimen nacional es irreversible. Es como si el cáncer de Hugo Chávez, hubiese hecho metástasis en su herencia de poder. Si antes todo estaba contaminado, ahora es la enfermedad total que gangrenó a todo el cuerpo del estado.

El conflicto histórico con Guyana por el territorio Esequibo es sin duda la última posibilidad de conseguir mayorías. Ninguna de las maromas realizadas en este año han surtido un efecto catalizador, un pueblo sometido a las peores penurias entiende que esas campañas son falsas. En la mano del desespero van quedando pocas artimañas a utilizar. Los conflictos limítrofes con Guyana y Colombia son macerados con la paciencia de quien no quiere quemar ese último cartucho. Ya fracasaron con el caso de Robert Serra, al descubrirse las sodomitas andanzas del joven político. Ya sus adeptos no les creen, por eso formar un show con Guyana es una real posibilidad.

 

alexandercambero@hotmail.com

@alecambero