• Caracas (Venezuela)

Alexander Cambero

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Alexander Cambero

Capturen al “peligroso” Antonio Ledezma…

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Un nutrido escuadrón de funcionarios armados hasta los dientes para detener a un demócrata. Cerraron las vías con sus rostros cubiertos por pasamontañas; al mejor estilo de las irrupciones en centros neurálgicos de peligrosidad extrema dejaron ver sus equipos entre gruesas medidas de seguridad para someter a quien estaba en su oficina cumpliendo con sus funciones de hombre de pensamiento fecundo. Actuaron con la reciedumbre que carecen para enfrentar a la delincuencia, con ellos se dan la mano en esa suerte de contubernio revolucionario. El régimen carcomido por el odio y el inmenso miedo trata de intimidar con este tipo de hechos. Los energúmenos encontraron a un hombre sin armas de fuego; cargado de dignidad y coraje democrático, un militante de la libertad que siempre ha levantado las banderas de la paz. Antonio Ledezma tiene la prosapia del gentilicio guariqueño; gente de bien que transpira pasión por la generosa tierra que brindó morada a sus pasos azarosos por conquistar una victoria para la gente. Un ciudadano ejemplar tan distinto a los que gobiernan en Venezuela, ellos llegaron al protagonismo político asesinando a venezolanos. Antonio Ledezma ejerce su labor amparado en el voto consciente de los caraqueños. Una administración que aplica el terror como estrategia de supervivencia, lo que no saben es que la cárcel no podrá reducir la fortaleza de nuestros presos políticos. Cuando un hombre le rinde culto a sus principios ni el peor de los presidios podrá córtales los sueños, vendrán las arbitrariedades encubadas por un estado de derecho podrido; jueces y mecanismos perversos que convirtieron al derecho en la alegre cortesana de este fatuo baile de máscaras.

Estamos en presencia de la última etapa de los sueños retorcidos, la caída brutal de la popularidad del gobierno hace que se monten este tipo de espectáculos circenses, requieren de un cúmulo de distracciones para volver a embaucar a este pueblo con sus historias de magnicidio. Así actúa la felonía con sus garras afiladas por el odio ilimitado, perversos protagonistas de la mentira como mecanismo de supervivencia. Ellos, que en la noche del 4 de febrero de 1992, ultrajaron el uniforme que juraron defender para ir en contra de la democracia asesinando a inocentes venezolanos. Llegaron a La Casona a dispararles a mujeres indefensas, fueron valientes al empuñar las armas contra la democracia que los formó, ahora hablan de golpes y magnicidios; ¡cuánto dolor nos ha costado aquella aventura de mentes calenturientas e irresponsables... ¡Con un Hugo Chávez que salió a esconderse en los baños del Museo Militar! El verdadero golpista se ocultó en un sitio en donde por lo menos tuvo papel tualé para sostener su temor fisiológico.

Ahora en las cárceles lo que sobra es dignidad. Los demócratas resisten la tormenta del totalitarismo, renacerá la esperanza del bien.