• Caracas (Venezuela)

Alejandro Tagliavini

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Alejandro Tagliavini

Maduro: que sea China, no Cuba

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Definitivamente el “chavismo”, el socialismo del siglo XXI”, no es más que una frase para justificar una tiranía. De otro modo, cómo se entiende que las “autoridades” de Venezuela sigan el ejemplo de esa pequeña –y bellísima– isla caribeña, en lugar de copiar al mayor país “comunista” del orbe, China, hoy devenido en potencia global. De Cuba casi ni vale la pena hablar, porque el Estado, con su poder de policía, reprime de tal modo el mercado –a las personas– que su crecimiento es imposible y el salario medio hoy llega a unos 20 dólares al mes; los médicos pueden ganar 30 y muchos solo ganan 10.

Raúl Castro viene intentando algunas reformas, que incluyen la ampliación del sector privado y cooperativo, mayor autonomía para la empresa estatal y una flexibilización en el sector agrícola con vistas a reducir las millonarias importaciones de alimentos, pero son tan débiles que, según el propio Gobierno, el crecimiento durante los primeros seis meses de 2014 sería de 0,6%, cuando habían pronosticado un ya pobre 2,2%.

Entre tanto, el gobierno de China sí que ha eliminado muchas normas que impiden el desarrollo natural del mercado. Y ya se ha convertido en la segunda economía mundial, lo que, en rigor, no es mucho mérito si consideramos la cantidad de habitantes que contiene. Durante los últimos años, ha pasado de ser la gran factoría del mundo a realizar cada vez más compras de activos en el extranjero, y sus empresas toman la bandera de la globalización y el liderazgo en la inversión. En 2013, las compañías chinas invirtieron 73.200 millones de dólares en el exterior, según la OCDE, 17% más respecto a 2012 y 36 veces lo que invertían hace solo 10 años.

Así se ha convertido en el tercer país emisor de inversión extranjera directa, detrás de Estados Unidos (359,6 mil millones) y Japón (135,7 mil millones), seguido por Rusia (70,1 mil millones) y Suiza (60 mil millones, con solo 8 millones de habitantes). Inicialmente la inversión estaba casi totalmente dirigida a los países emergentes: compras masivas de tierras en África, acuerdos de suministro de gas y petróleo con Venezuela –donde invirtieron 50.000 millones de dólares en los últimos ocho años– y la compra de cobre, mineral de hierro o plata en Latinoamérica. Pero “a partir de 2008 los flujos de inversión china se han dirigido cada vez más hacia Europa y el norte de América”, según la consultora Rhodium Group.

Con las manos mucho más libres gracias a importantes desregulaciones, un ejército de empresas chinas, impulsadas además por una divisa fuerte como es el yuan, supone que “las economías desarrolladas pueden recibir una parte sustancial de los entre uno y dos billones de dólares de inversión directa que China hará en la próxima década, frente a los 500.000 millones actuales”, sostiene Rhodium. A lo que hay que sumarle el poderoso sector público, que acumula unos 4 billones de dólares en reservas internacionales, cuya mitad está invertida en deuda pública de gobiernos extranjeros; de hecho, es el primer tenedor de deuda estadounidense, delante de Japón.

En fin, queda claro que los “socialistas” del mundo, como los de Venezuela, deberían mirar al dragón asiático, que, con su evolución hacia una economía market friendly, ha sacado a cientos de millones –de sus habitantes– de la pobreza y deberían desoír a tiranillos conservadores, como los Castro, que solo saben mantener su poder.

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