El Nacional

• Caracas (Venezuela)

Alejandro Moreno

Alejandro Moreno

Desprotegidos

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Ahora sí es verdad que la cosa se nos puso fea”, me dice el compadre que vive en el barrio Los Conucos de Petare. “Yony, eso que tú llamas el malandro mayor, pero el de nosotros, metió la pata bien metía; mató, por confusión, al hijo de la jefa política que más la mueve aquí y ha tenío que pirase porque, si la policía lo consigue, está muerto. Yony era nuestra seguridá. A cachazo limpio no dejaba que los loquitos más nuevos, esos de catorce y quince años, pisaran la raya amarilla y se metieran con los otros chamos y la gente del barrio. Más de uno salió con la cabeza rajá. Además, no permitía que ningún malandro de La Chorrera ni de ningún otro sitio viniera a enconchase aquí ni a encaletá secuestraos. Ahora los loquitos están alzaos”.

El compadre se manda a describirme y narrarme las penas y ansiedades por las que toda la comunidad está pasando. Aquí y allá, pero sobre todo en un sector que antes era completamente pacífico, pandillas de adolescentes, y algunos un poco de más edad, han ido apareciendo, reuniéndose en plena calle exhibiendo armas de todo calibre mientras consumen drogas combinadas con alcohol, se meten con las muchachas si alguna se atreve a pasar y no dejan dormir tranquilo a nadie no sólo con su alta gritería sino además con las ráfagas de disparos que en cualquier momento lanzan al aire. “No sólo al aire –me dice el compadre--; ya mataron a uno de ellos mismos. Esto, con ser tan malo, no es lo peor que nos está sucediendo. DesaparecidoYony, el otro día llegó un malandrito del otro lado de la calle, el Cara e Sapo, uno que anda buscando cartel, y sin decir palabra le disparó a un muchacho que no se metía con nadie y lo mató. Por ahí anda tan tranquilo. Al barrio, como tú sabes, lo parte por la mitá una calle. De un lao están los Arrimaos porque el gobierno en uno de esos deslaves nos los arrimó ahí pa que hicieran sus ranchos que ya son casas. Eso es un cerro. Nosotros estábamos antes, desde que los viejos invadieron. Ellos son los de arriba, nosotros los de abajo. Nos la llevamos bien pero arriba hay el malandro que juega garrote; nosotros tenemos también los nuestros.Yony controlaba unos y otros porque con los de arriba tenía tregua desde tiempo atrás. Como el malandrito de arriba mató a ese muchacho, cuando otro inocente bajó, los de aquí le dispararon porque era de allí. Cuando allá se enteraron, el grupo de malandros, que estaban tranquilos jugando bolas y que le habían dao tremendo cachazo al Cara e Sapo por lo que había hecho porque no querían meterse en problemas, dejaron el juego, se reunieron entre todos y juraron que van a venir a matá a tos los de abajo. Tenemos el alma en un hilo porque no sabemos cuando se va a armar el tiroteo de arriba p’abajo y de abajo p’arriba y el que se descuide puede ganase una bala. De policía ni hablar. Yony era el que mantenía la paz y estábamos tranquilos; ahora estamos sin protección”.

Al estado de paz sostenido por Yony, o Sergio, o cualquier Malandro Mayor en un barrio lo he llamado en otro artículo “paz malandra”. Aunque parezca extraño, ésta es la única forma de paz que pueden disfrutar muchas comunidades populares. El malandro mayor está; la policía, en el mejor de los casos, pasa. Podrá poducir una paz que se va con ella, transitoria, mientras quien está produce una paz que se queda. Por un tiempo, sólo por un tiempo, porque malandro es malandro y esa misma condición le lleva a cometer malandradas que en algún momento le obligan a escapar y entonces se desatan los demonios encadenados.

Todo Yony es una autoridad. Ningún policía lo es.

Nos urge una autoridad que esté y quede. Si no es malandra, mejor, pero si no hay otra… 

 

 

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