• Caracas (Venezuela)

Alejandro Lomuto

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La crisis de Brasil en una canción de Serrat

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Parece obvio que Joan Manuel Serrat escribió la letra de su canción Algo personal, que estrenó en 1983, como un retrato de cierto tipo de figuras que estaban pasando de moda en su España y pronto seguirían el mismo camino en América latina, y no como una visión premonitoria de lo que sucedería en las primeras décadas del siglo XXI. Sin embargo, varios de sus versos ‒no todos, desde luego‒ describen personajes de rigurosa actualidad en varios países de esta región, y particularmente en Brasil.

“… Es más turbio cómo y de qué manera llegaron esos individuos a ser lo que son, ni a quién sirven cuando alzan sus banderas…”

Luiz Inácio Lula da Silva fue un sindicalista con una visión y una inteligencia política poco comunes, vital en la resistencia a la última dictadura, creador del Partido de los Trabajadores (PT) y, ya en el gobierno, artífice del notable auge económico y de inclusión social que experimentó Brasil en la primera década de este siglo. Todo eso sin forzar los límites de la democracia y las libertades republicanas como sí lo hicieron en la misma época las administraciones populistas de la Argentina y Venezuela. Pero paralelamente edificó un extraordinario régimen de corrupción, sistémico y sistemático, al que desvió multimillonarios recursos públicos a cambio de sostén político y perduración en el poder.

Una pieza fundamental en ese esquema fue Dilma Rousseff, guerrillera marxista en los 60, presa y torturada en los 70, y luego militante laborista, primero del sector de Leonel Brizola y más tarde del de Lula, de cuyo gobierno fue ministra de Energía y presidenta del consejo de administración de la petrolera estatal Petrobras ‒la gran caja de ese gigantesco esquema de corrupción‒ antes de convertirse en su jefa de gabinete, primero, y su sucesora, después.

“Me arrepiento de los casos de corrupción; me gustaría que no hubieran existido”, afirmó Lula en una entrevista emitida este fin de semana por la televisión española. ¿Acaso ignoraba, cuando puso en marcha ese sistema y mientras lo comandó durante tantos años, que era legal y moralmente reprochable? ¿O tal vez se arrepintió porque, como también dijo en esa nota, “las denuncias de corrupción contra el PT manchan mucho al partido”? Es decir: ¿es un arrepentimiento genuino, basado en motivos éticos o morales, o un arrepentimiento táctico, inspirado en un interés de poder?

 

En los últimos meses he leído y escuchado a numerosos simpatizantes del PT decir, en defensa de Lula y Rousseff, que no se enriquecieron con ese esquema de corrupción. Si así fuera, ¿qué importancia tiene? Se los hayan quedado ellos o los hayan repartido entre socios y aliados parlamentarios y empresariales, lo cierto es que malversaron miles de millones de dólares que los brasileños les confiaron para que los administraran y con los que pudieron haber contribuido a sacar del hambre y ascender socialmente a muchas más personas. Con ello, al menos en la opinión de no pocos de sus compatriotas, vaciaron de legitimidad las virtudes de buena parte de su discurso y de sus actos. Y, en consecuencia, terminaron sirviendo a sus opositores.

“… Juegan con cosas que no tienen repuesto y la culpa es del otro si algo les sale mal…”

Por supuesto, Lula, Rousseff y sus lugartenientes en el PT no son los únicos responsables de la situación. También lo son sus recientes ex aliados, en especial los del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), la fuerza más numerosa del país y hasta hace dos meses principal socia del PT en sus cuatro mandatos.

Si algo olía mal acerca de los motivos del juicio político a Rousseff, todo terminó de quedar claro ayer, con la difusión de la grabación de una conversación telefónica de marzo pasado entre Romero Jucá y Sérgio Machado, entonces senador federal y titular de una subsidiaria de Petrobras, respectivamente, y ambos del PMDB. En el diálogo, Jucá afirma que “tiene que haber impeachment, no hay otra salida”, y asegura que ya conversó con jueces y militares sobre la conveniencia de enjuiciar a Rousseff como forma de frenar la operación Lava Jato, la indagación judicial sobre el escándalo de corrupción en Petrobras que amenazaba ‒y sigue amenazando‒ causar estragos no solo en las filas del PT sino también en las del PMDB y en las del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), histórico adversario del PT y ahora flamante aliado del PMDB.

Aunque ya estaba investigado por corrupción, el presidente interino Michel Temer nombró como su influyente ministro de Planeamiento a Jucá, quien ayer mismo, horas después de la divulgación del audio, pidió licencia y se apartó del cargo.

Parece quedar claro entonces que la verdadera motivación del juicio político a Rousseff no es castigar una irregularidad contable o administrativa, como se esgrimió formalmente. Cualquier parecido con la veracidad del arrepentimiento de Lula es (¿o no es?) pura coincidencia.

Por lo demás, pareciera que los dirigentes políticos no son los únicos que juegan con cosas que no tienen repuesto. La grabación divulgada ayer fue registrada por el propio Machado y entregada a la Fiscalía General de la República como parte de su delación premiada (entrega de información a cambio de reducción de pena). No se sabe quién la difundió pero sí qué organismo la tenía en su poder. Hace dos meses el juez Sérgio Moro ‒a cargo de la operación Lava Jato‒ hizo pública una conversación telefónica entre Rousseff y Lula que posibilitó impedir que el segundo se desempeñara como jefe de gabinete, aun cuando ya había jurado el cargo.

Asimismo, el diario O Globo publicó ayer que Machado también grabó diálogos telefónicos con el presidente del Senado, Renan Calheiros, y con el senador y exmandatario José Sarney ‒otros dos hombres fuertes del PMDB‒, y advirtió que, según sus fuentes, la conversación revelada con Jucá “no es nada” en comparación con estas otras dos.

Dice un antiguo refrán que en el pecado está la penitencia.

El primer gran esquema de corrupción bajo gobiernos del PT se hizo público en 2004, cuando aún no se habían cumplido dos años del primer mandato de Lula. Fue el Mensalão (mensualidad), un sistema de sobornos a legisladores. Sin embargo, Lula fue reelecto a fines de 2006. La operación Lava Jato comenzó en marzo de 2014. No obstante, Rousseff fue reelecta apenas siete meses después.

Hace dos meses, la experta brasileña en comunicación política Gil Castillo me decía que una encuesta realizada en 2004 reveló que 75 por ciento de sus compatriotas estaba dispuesto a “tolerar algún grado de corrupción si esto los beneficiara de alguna manera” y esa matriz de opinión cambió solo cuando, mucho después, “las denuncias de corrupción empezaron a tener un cuerpo mayor y la economía cayó”. Claro: entonces ya era tarde para resolver los problemas. No es necesariamente tarde para aprender la lección.