• Caracas (Venezuela)

Alberto Soria

Al instante

El malo de la película

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Con el gusto y las ganas, pasa a cada rato. No muy de vez en cuando, sino todos los años. Esta vez ha sido el turno de la mantequilla.

Ya no es tan mala como sugerían decenas de estudios y –fundamentalmente– recomendaciones de organismos oficiales que velan por la salud de los ciudadanos. “Se han realizado varios trabajos en los que se evidencia que las directrices actuales no son correctas”, reveló esta semana, en comedida inglesa, la autoridad sanitaria británica.

Antes de la mantequilla pasó con el chocolate, la sal, el pan, el azúcar, el café, el huevo, el vino, la cerveza. En todos esos casos, posteriores investigaciones de largo aliento pusieron  en evidencia que quien prohibía había exagerado.

 

I

La “ley seca” norteamericana (1920-1933) “durante 14 años fabricó como nunca antes gángsteres especializados en contrabando de alcohol y convirtió a ciudadanos normales, en delincuentes”, recordó Leslie Gevirtz de la agencia noticiosa Reuters, en diciembre de 2013. Se cumplían entonces 80 años de la prohibición.

“Se calcula que unas 10.000 personas murieron de envenenamiento por alcohol durante la ley seca, por culpa de whiskey y ginebra de mala calidad y también de un programa del gobierno federal que contaminaba el alcohol para asustar a la gente e impedir que se consumiese”, cuenta el libro Asesinatos y nacimiento de la medicina forense en la Nueva York de la era del Jazz.

Lo malo de los prohibicionistas absolutos que hoy abundan es su incapacidad para frenar los ataques evidentes a la salud pública: comida industrial en bolsitas de colores en las cantinas escolares y dominio planetario de la comida chatarra en la televisión, por solo citar dos ejemplos.

La dieta del Mediterráneo, que ahora comentan como modelo cardiosaludable los expertos británicos, nunca recibió el apoyo oficial sostenido en los países que modelan el consumo de la sociedad moderna. Dietas devastadoras, como la Atkins y las de varios de sus colegas en el negocio de vender delgadez, nunca sufrieron severas reprimendas. Murieron porque, rumbo a la figura perfecta, la sociedad se cansó de sufrir sin resultados.

 

II

El fenómeno del “malo de película” en la alimentación cotidiana ocurre –piensa uno– por olvidar que lo que cocinamos y comemos tiene pasado y futuro. Refleja nuestra identidad, nuestro lugar en la sociedad... y la fortaleza con la que perseguiremos nuestros sueños. Como el de la libertad más pura. O el gusto perfecto.