• Caracas (Venezuela)

Alberto Soria

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Alberto Soria

El cambio silencioso no para

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En el vino –mundialmente– avanza un cambio silencioso. Que lo degusta quien sepa buscarlo, y que el conocedor advierte.

Pasa advertido para las multitudes de nuevos consumidores porque su guía –el mercadeo, la publicidad– no lo mencionan. La mayoría de las marcas y botellas (al contrario de lo que se ofrece hoy a la sociedad moderna) han vendido los años, la antigüedad, como un gran valor. Auténtico, inmutable. Como si la huella digital fuese la misma.

Nadie se atreve a proclamar en la etiqueta “este es un producto perecedero”. Tampoco “si no lo descorcha a tiempo, morirá en esta botella”. El negocio del vino mercadea valores como si eso no fuese un alimento, sino numismática y filatelia.

El whisky, el coñac y el ron se lo agradecen. Los destilados aplauden. Saben proclamar la edad y el envejecimiento como un atributo… aunque algunos sepulten años de trabajo y añejamiento en un cuarto de kilo de hielo al que además “mejoran” con agua ‘e coco.

I

El vino de hoy ya no es lo que antes era. Cambiaron las sociedades, los gustos, las distancias, el acceso al conocimiento, los estilos, el hambre y las ganas. En el vino, la transformación no es radical. Es silenciosa. Viene de antes, asegura el experto español Juancho Asencio.

Comenzó en los años 60 y 70 en la Toscana y el Piemonte. En los años 80 en algunas regiones de España. Los aristócratas en Francia siguen apelando a sus castillos, que ahora compran los multimillonarios asiáticos, con el Barón adentro. Después el cambio llegó al Nuevo Mundo. Y desde a todas partes, mientras los cartógrafos modifican los mapas porque el mundo desde 1988 cambió.

En vinos, la tierra ya no es tierra sino suelos y parcelas. El embotellar por naciones ya no sirve. El clima importa más que la bandera. La visión del campo productivo comenzó hace rato a ser diferente. Se habla de castas, variedades de uva y ensamblajes. Por su color, el vino ya no se vende.

II

El cambio tiene muchas vertientes: La educación, la formación de nuevos profesionales que aportan visiones y ensayos diferentes, el relevo generacional en bodegas y propiedades, la mezcla de talento entre los veteranos y los jóvenes en los procesos de elaboración.

Después de decenios en que sólo los viejos quedaban poblando y atendiendo los viñedos, ahora han regresado los jóvenes. Tienen estudios y ganas. Quieren rescatar la tradición, pero a la vez transformarla. Lo están logrando.