• Caracas (Venezuela)

Alberto Soria

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Vino: gustos y tendencias según Rolland

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“Habla español como el  inspector Clouseau”. Pero cuando recorre viñedos sudamericanos las uvas, le reconocen y sonríen.

No hay enólogo francés que haga tanto por el vino del Nuevo Mundo. Nació a 400 metros de Pomerol, en Burdeos, cuna del Merlot. En la película Mondo Vino (2004) el cineasta norteamericano Jonathan Nossiter lo puso en el saco de la globalización del vino.       No necesitó defenderse. Lo hicieron por él el centenar de clientes que lo han contratado  para oírlo y las decenas de enólogos a los que asesora. Es hoy el winemaker más famoso del mundo. Se llama Michel Rolland.

Le cae gordo a las multinacionales, y los millonarios norteamericanos y chinos que quieren convertirse en personajes del vino. Rápido, y sólo con dinero.

 

I

¿En Estados Unidos se está plantando Malbec? le pregunta para La Nación la periodista argentina Sabrina Cuculiansky. Quiere soltarle la lengua. Y él se deja. Con ganas:

“Sí, y eso no es bueno, porque los norteamericanos ya mataron al Merlot.

“Antes del Malbec, en los años ochenta, en Estados Unidos había una merlot-manía, y como los norteamericanos siempre están mirando cómo hacer plata lo más rápido posible, se pusieron a hacer Merlot. Hicieron un montón de porquerías y mataron a la variedad. Hay que cuidar al Malbec para no llegar al mismo resultado. En el Pomerol el vino nunca se llamó Merlot, y nunca ha tenido problemas para conquistar un mercado internacional”.

¿Hacia dónde va el consumo? “Está evolucionando, pero no muy rápido. Hasta dónde,  tampoco se sabe. Creo que el mundo no se maneja según el gusto, sino por la plata.

“Hay una tendencia mundial hacia los vinos baratos porque lo barato es la palabra mágica del negocio…El gusto está manejado un poco más por la plata que por el gusto mismo”.

 

II

Rolland cree que los puntajes en el vino no tienen futuro. La gente sabe más. “Si tomas la catas de Robert Parker, él le pone 98 puntos a un vino que puede valer 500 dólares, pero al lado hay uno de 96 puntos o de 98 que puede valer 80 dólares la botella”.

Pero en Francia hay vinos de Chateau que se cotizan más que otros según el año, acota la periodista. “Eso no tiene nada que ver con la calidad. Un 2010 que tiene mucha fama lo pagas 1.000 euros la botella, y en 2011 el mismo chateaux lo saca a 300. Te aseguro que si los pones uno al lado del otro, sin la etiqueta, nueve de cada 10 veces te vas a equivocar cuál es el 2010 y cuál el 2011. Es pura especulación”.

@albertosoria