• Caracas (Venezuela)

Alberto Soria

Al instante

El otro Steve

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En el mundo del vino, y en el de las comidas –piensa uno– hace falta más gente como él. Esta semana estaba frente a un auditorio de jóvenes que soñaban ser como el otro Steve, el famoso, el multimillonario, el que físicamente ya no está, pero del único que se habla.Este se llama Wozniak. No tiene estatuas, ni películas, ni gigantesca fama. A la esperanza que flotaba en el aire, le lanzó un consejo que, convertido en cartel se podría clavar en escuelas de cocina y de vino. Según contó ayer Abad Liñán en El País de Madrid, este otro Steve dijo: “No busquen crear algo ‘diferente artísticamente’. Si quieren emprender, hagan algo nuevo, que solucione un problema a un precio razonable”.

I

Con consejos así, este Silicon Valley al que le encanta  la pasta, no llegará lejos como asesor de restaurantes ni de tragos modernos. Con el agravante de que, en Valle de la Napa, en Burdeos y en los mentideros de botellas de alto vuelo, el personaje será tratado como “testigo hostil” de la historia bien armada. “Nunca diseñamos nuevos productos en el garaje. No diseñamos nada, ni negocios. Es una historia inventada. Él creó su parte del negocio en su habitación. Lo del garaje lo inventamos. Teníamos que utilizar lo que fuese posible para poder hacer dinero”. Los consejos y las revelaciones del Steve gordo caen muy pesados en la cocina que “reconstruye” la hallaca, la paella en copa de Martini, el gazpacho sin ajo, el cebichito al horno de leña del monte, sin ser capaz de crear algo bueno, duradero.El mismo temblor sacude a quienes hacen “famosos vino garaje”, o creen las historias inventadas por el marketing para fabricar botellas con leyenda. No para todo el mundo, sino solo para exquisitos. Como si el vino fuera perfume, y no vino.

II

Uno a cada rato se tropieza con historias sobre botellas maravillosas que nacen en laboratorios de mercadeo, no en viñedos. En tiempos turbulentos con vientos que sacuden naciones, compañías, economías y credibilidad, el ciudadano que busca en la mesa un refugio, pasa trabajo.Pero siempre está cercano el afecto, el amigo.La credibilidad y la esperanza se restituyen. Con un plato de spaghetti, al estilo de Bolonia como lo enseñan las famosas y ya veteranas hermanas Simila: Elemental, que es bueno: Con ajo, aceite y un ají picante. Si piensa que eso no existe, recuerde lo que cuenta Steve. La verdad a veces tarda, pero siempre llega.