• Caracas (Venezuela)

Alberto Soria

Al instante

Rossini pelea por su pasta

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Llama la atención, no es muy alto, pero es grande. Lleva capa. En el ex taller de pasta artesanal que ahora también funciona como panadería, y agencia de festejos, unos jóvenes vestidos de verde y con fusil, organizan la fila. El personaje intenta adelantarse. Lo para el del fusil. ¿Adónde cree usted que va? ¡Papeles, papeles!

Mientras el rostro blanco pasa a rojo, el hombre de la capa busca en sus bolsillos. “Gioa-cchi-no Rossini”, deletrea el capataz de la cola. “Aquí dice que usted es músico”. Los músicos comen, responde el gordo. “Quiero hacer algunos de mis famosos platos de pasta”.

Entonces se arma el desmadre de la cola. Que es usual que pase a las 8 y las 12. Cuando sale el pan caliente. Pero no a las 10, que está frío. El segundo muchacho con fusil toma el teléfono del local y pide refuerzos. En Twitter de inmediato aparece la imponente figura de Rossini vociferando bajo el cartel “Situación irregular por unos canelones”.

I

“Es Rossini, es Rossini” exclama una señora con aspecto de profesora universitaria especializada en textos difíciles. “Sí, es él”, truena la voz del veterano con pinta de catedrático brillante, hoy a sueldo mínimo. La fila pierde línea y se agolpa alrededor del robusto compositor, que olvida su mal genio y es ahora pura sonrisa.

“Personaje extranjero encubierto, rodeado por la multitud que pedía pan, ahora quieren recetas y salsas. ¡Véanlo aquí¡”,  twittea el carajito ducho en redes que sueña con ser corresponsal de CNN.

II

Llega un oficial y se restablece el orden. “Señor, permítame ver lo que quiere”. “Con mucho gusto”, dice Rossini y entrega las recetas. Un asistente del oficial saca un bolígrafo colorado y mientras lee en voz alta, empieza a tachar: foie-gras, no existe; leche descremada, hay que esperar; harina fina, manteca, ¡Ja!

La profesora despeinada interrumpe y recita de memoria y a capella, al famoso compositor y cocinero: “Comer y amar, cantar y digerir, ésos son en realidad los cuatro actos principales de esta ópera bufa que llamamos vida y que se desvanece como la espuma del champagne”.

La gente aplaude. Rossini entiende que su gloria no es haber escrito El Barbero de Sevilla, ni Guillermo Tell sino sus platos, recetas y su mesa.

“¡Sí hay!”, dice en la noche el cartel con el que la televisión muestra al famoso personaje comprando pan en La Florida, Caracas.