• Caracas (Venezuela)

Alberto Soria

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Entre Baco y Dionisio

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La imagen de una señora en el supermercado consultando por teléfono qué vino comprar, desapareció. Puede que aún quede alguna. Pero no se equivoque: es de muestra. Observe  a las modernas y a las jóvenes. No necesitan consultar. Saben. La forma en que la sociedad compra vinos, ha cambiado. Pero el mercadeo, no.

 I

La imagen del enólogo de visita o el “experto” explicando la conducción de los zarcillos en el viñedo, o la maloláctica en barrica, persiste. Ellas, siempre presentes en el auditorio, están deseosas de probar, no de que las interroguen. No quieren plantar uvas y hacer vinos. Solo quieren disfrutarlo.

“Las mujeres se están convirtiendo en ingrediente clave en consumo y comercialización del vino” sostuvo esta semana la publicación especializada New Statesman. Lo replicó de inmediato la OIV, Organización Internacional del Vino, máxima autoridad del sector.

Si usted tiene desde hace tiempo un mapa mental de países y bebedores, agárrese para no caer: “De los bebedores de vino regulares del Reino Unido, 55% son mujeres”. Lo reveló el martes un especialista en mercados: Wine Intelligence.

Siga agarrado. Comprar en pareja funciona como con las corbatas. Si él pregunta y ella dice: No, el tipo no la compra. En el vino, si ella dice: “Me gusta”, ocho de cada diez veces el hombre dice: “Deme esa botella”, asegura Didier Martin, experto en el sector.

En algunas bodegas ya han logrado averiguar qué no les gusta. Ni se le ocurra promover la botella como “vino para mujeres”. Ellas quieren que venga del viñedo (la naturaleza), que no sean excesivamente tánicos, ni de acidez punzante, sino equilibrados. Los tintos añejos vieja ola, para machos de pelo en el pecho, no les atraen. 

Las botellas costosísimas, les resultan inimaginables. Comparan su precio con el costo de un par de zapatos o una cartera, que siempre hacen falta, y por el camino dejan a quienes beben y pagan etiquetas.

II

Antes, un rostro femenino en el arte del vino era poco usual. Hoy, dirigen viñedos y bodegas. Están en los laboratorios y en la comercialización. Viajan, escriben, catan. Desecharon el mito de Baco por el más refinado de Dionisio. Recientemente, las mejores enólogos de Napa Valley hicieron una pregunta simple a The Wall Street Journal: “¿Cuándo podemos dejar de hablar de enólogos mujeres?”.