• Caracas (Venezuela)

Alberto Quirós Corradi

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Alberto Quirós Corradi

La geometría del poder

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Un sistema político es como una figura geométrica dentro de la cual están las leyes, las instituciones, los recursos naturales, la industria, la infraestructura física y el gobierno que administra todo lo anterior para beneficio de su contenido más importante: los ciudadanos.

Cuando el modelo geométrico es flexible puede, sin cambiar de forma, reacomodar lo que contiene para un mejor resultado. Hay, sin embargo, modelos geométricos que tienen que cambiar de forma, de lo contrario su contenido no se puede modificar hacia lo positivo. La geometría política de nuestro país no puede cambiar las interacciones de sus actores internos si no se cambia el modelo. Analicemos un solo ejemplo. Dentro de nuestra figura geométrica solo en el ámbito económico interactúan cuatro elementos críticos. La Ley del Trabajo. La Ley de Precios Justos. El control de cambio y el control de precios. El resultado ha sido catastrófico. Una enorme corrupción y en general un retraso en la calidad de vida de todos los que sufren dentro de este modelo.

El régimen dice querer enrumbar al país hacia la justicia social, el desarrollo y la modernidad maquillando las partes del modelo, pero sin cambiar la geometría del mismo. ¡No se puede!

Analicemos los ingredientes.

La Ley del Trabajo. Una ley que pretende ayudar al trabajador y, se supone, permitir el crecimiento y el desarrollo del país. Sus resultados han sido un aumento del ausentismo laboral y una disminución de la productividad. Incumplimiento de la misma por un importante sector del país, siendo el mayor violador el Estado que ignora sus disposiciones, entre otras, la libertad sindical, la contratación colectiva, la inamovilidad laboral y muchos otros beneficios sociales que ella establece.

La Ley de Precios Justos. Es una ley que pretende regular las ganancias de los actores de la economía que le da derecho al gobierno a confiscar y a multar empresas a discreción de sus inspectores. Que intenta tener una fórmula para cuantificar costos en forma permanente en una economía cambiante por las devaluaciones constantes de la moneda, la escasez de divisas y la falta de producción interna.

Control de precios. Se ha demostrado a lo largo de los años que el resultado es inflación, desabastecimiento y corrupción.
Control de cambio. Otro fiasco como el anterior con idénticos resultados negativos.

Lo que el régimen no ha entendido es que para que la economía crezca se requiere más incentivos y menos controles. Además, por lo general, el costo del control es mayor que el costo de lo controlado.

En resumen, tenemos una Ley del Trabajo y otra de Precios Justos, incumplibles que desestimulan la inversión. Dos controles (precios y cambio) que han enriquecido a una minoría y empobrecido a la sociedad. Pero la consecuencia más nefasta ha sido crear una ciudadanía que no cree en el trabajo. Que tiene dinero pero no crea riqueza. Que ha desarrollado una clase social corrupta que se lleva el dinero mal habido a otra parte. El objetivo hoy de la mayoría de nuestros jóvenes profesionales es multiplicar el dinero, a través de comisiones, sobreprecios, diferencias cambiarias y malabarismos financieros. Ni siquiera se ha reinvertido lo necesario en la industria petrolera para que siga produciendo dinero. Continúa en Venezuela la confusión entre dinero y riqueza. Los últimos 15 años han debido demostrarnos, más allá de toda duda, que Venezuela es, y ha sido, un país con dinero pero no un país con riqueza.

Ahora no hay ni el dinero suficiente para seguir financiando la ineficiencia y el gobierno pide ayuda a las instituciones que él mismo destruyó. Como el oficialismo está empeñado en la cuadratura del “círculo”, utilizando la regla y el cuadrante, su fracaso y su caída será inevitable.

Los que todavía creen en el régimen deberían leer un letrero en la entrada del túnel que lleva a La Trinidad. Dice así: “¿Si el gobierno lo controla todo, por qué todo está mal?”. Si reacomodamos las palabras tendremos la respuesta: “Todo está mal, porque el gobierno lo controla todo”.