• Caracas (Venezuela)

Alberto Quirós Corradi

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Píldoras de un mismo frasco
Allí estoy yo

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La corrupción oficial tiene diferentes métodos, actitudes y enfoques. Depende de la sociedad, tipo de gobierno, educación ciudadana, fortaleza institucional, separación de los poderes públicos, autonomía del banco central, etc. Por lo general, en países económicamente poco sofisticados los instrumentos financieros son más fáciles de administrar para “imponer” la corrupción. El pueblo no está instruido para entender las sutilezas de las manipulaciones financieras. Los conceptos de fondos especializados, emisión de deuda pública, la clasificación del riesgo país por los mercados internacionales no es conversación que se escuche en los juegos de dominó en los barrios de las ciudades, y a gran parte de la clase media tampoco le preocupa mucho. Más fácil es encubrir la corrupción en la ejecución de obras, en la administración de empresas del Estado o en el rápido deterioro de lo ya hecho.

Todos los corruptos se arropan con la cobija de la auditoría. Pero lea usted cuidadosamente todas las frases con las que se “tapan” las empresas de auditorías para poder justificar si se les escapa algo. Las decisiones gerenciales deben identificar primero el “qué”, seguido de “por qué”, con quién, con qué y la prioridad que tiene ese proyecto dentro de las necesidades de un país lleno de problemas. Aquí en Venezuela al “por qué” la autoridad responde porque: “Me da la gana”. Recordemos los numerosos viajes de Chávez al exterior y al interior de la república que siempre terminaban en compromisos de Estado impuestos por el capricho del mandante. Esa falta de disciplina gerencial y mala administración del poder era, parafraseando a Rómulo Betancourt, multisápida. Una vez que el jefe decide hacer una urbanización aquí, una carretera más allá y un puente entre los dos, ¿quién le hace seguimiento a esas locuras? Por eso el país está lleno de “primeras piedras” y vacías las arcas del tesoro. Por supuesto, que la administración por capricho estimula esa corrupción, porque algunos empiezan a ejecutar lo ordenado y lo dejan inconcluso. Otros ya ni siquiera se toman la molestia de hacer algo.

Todo lo anterior me recuerda la anécdota que me refirió un gran amigo. Un presidente de un país latino visita a otro colega del continente. Este anfitrión le dio una espléndida acogida y lo invitó a almorzar en la casa de su propiedad y a cenar en su finca. El visitante queda impresionado con el lujo de la casa y la extensión de la finca y, en un momento de confianza, le pregunta: “¿Tú eres rico de familia?, porque lo que tienes es impactante”. Al día siguiente, ya en la despedida, el anfitrión, antes de sentarse a la mesa, invitó a su colega a que se asomara al balcón del palacio presidencial. Una vez en ese sitio, le dijo: “Mira esa es una nueva urbanización que se está construyendo. Pues bien, ‘allí estoy yo”.  Así paseó la vista de este a oeste, de norte a sur donde se edificaban acueductos, plantas eléctricas y en cada caso el presidente repetía: “Allí estoy yo”.

Tres años después, el presidente invitó a su anfitrión de ayer y, por supuesto, le extendió exquisitas atenciones oficiales para retribuir los múltiples obsequios que le había ofrecido su invitado. Cuando llegó el momento de despedir a su colega lo condujo al balcón presidencial y le dijo: “No creas que se me olvidaron tus consejos. ¿Ves esa urbanización que estamos construyendo?”. El visitante extendió hasta donde pudo la vista y le dijo: “Pero, presidente, yo no veo nada”. “Precisamente –respondió el anfitrión–, allí estoy yo”.

PD. Nicolás, antes de dejar el poder, ordena una auditoría financiera, física y operativa que nos responda, entre muchas, tres interrogantes: 1) ¿Cuánto dinero ingresó al Fonden?, ¿cuánto se gastó y en qué estado están los supuestos proyectos que financió? 2) Lo mismo para Pdvsa y las empresas de Guayana. 3) Una auditoria operacional, sobre todo a Pdvsa, que explique las numerosas muertes y los accidentes que han ocurrido en la empresa en los últimos 10 años. Esto será útil cuando tengas que enfrentar el difícil dilema de entrar en default o comprarle comida al pueblo.

Recuerda que cuando “eso” sucedió “tú no estabas allí”. 

albertoquiros31@gmail.com