• Caracas (Venezuela)

Alain Gigandet "A tres Manos"

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Michel Foucault, 30 años después

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He venido a Mérida con mucho interés, y con bastante curiosidad, para participar en el Seminario Internacional “Michel Foucault. 30 años después: ¿una ética para la actual política?”. ¿Qué podría representar Foucault hoy día en el contexto francés para un filósofo universitario?

Tal vez solo en apariencia resulte paradójico que la obra de Foucault reciba menor atención en la Francia contemporánea que, por ejemplo, en el mundo anglosajón. Es cierto que hay trabajos universitarios, publicaciones, uno que otro número especial de revistas literarias, algunas emisiones conmemorativas en espacios culturales de radio y TV. Y aunque la publicación de sus cursos en el Colegio de Francia, ya casi completa, sirve regularmente para renovar la atención y para generar reseñas o comentarios, no se puede afirmar, con igual certeza, que al hacer referencia a Foucault se alimente verdaderamente el debate filosófico francés y que su obra sea considerada por nuestra “comunidad intelectual” (o reputada como tal) como un recurso para pensar el tiempo presente. Me temo, por el contrario, que para muchos de quienes hoy ocupan la escena mediática, Foucault luce ante todo como un representante del pensamiento “post-1968”, ese pensamiento que desean barrer de modo definitivo del paisaje intelectual, al mismo tiempo que, por otra parte, expresan sus mejores votos porque surja un poder político capaz de imponer a la sociedad francesa “las necesarias reformas estructurales”, vale decir: liquidar 150 años de conquistas sociales obreras.

Pero quizás todo esto habla favorablemente de Foucault. Tal vez ese eclipse relativo sea solo un síntoma del empobrecimiento del debate filosófico y político en Francia, de su normalización y de su conformismo desesperante. En efecto, me parece que en los escritos de Foucault se encuentra una fulgurante anticipación crítica de las actuales posturas dominantes: apología del orden mundial, economicismo de corto alcance o fatalista, reducción de la política militante a la mera acción humanitaria y a la defensa de una democracia puramente jurídica, etc. Y anticipa también la crítica de la forma osificada y estéril que ha tomado el mismo debate. Pretender entonces esquivar o pasar por encima de Foucault al respecto, con frecuencia no es más que un rechazo interesado y simplemente regresivo en relación con las nuevas formas de resistencia que responden críticamente al pillaje contemporáneo de las riquezas producidas por la humanidad en provecho de una casta afortunada que practica el internacionalismo mucho más audazmente que como lo hizo el movimiento obrero clásico. Del mismo modo se rechazan, en el plano intelectual, los movimientos de resistencias al “pensamiento único”, esa expresión del dogma neoliberal que un sabio trabajo de colonización mental ha sabido imponer en el transcurso de los últimos decenios.

De allí mi interés y mi curiosidad al llegar a Mérida. Se nos propuso una reflexión colectiva sobre la “actualidad” de Foucault en los términos mismos en que él, particularmente en sus últimos años de vida, intentaba pensar su actualidad, nuestra actualidad, como objeto privilegiado del genealogista que nunca dejó de ser. En efecto, hablando del necesario diagnóstico de lo que es “el hoy” y de la función de tal diagnóstico, declaraba: “No consiste en caracterizar simplemente lo que somos; más bien, siguiendo las líneas de fragilidad de hoy, llegar a aprehender por dónde lo que es, y cómo eso que es, podría no ser más eso que es. Y en ese sentido, la descripción debe siempre ser hecha según esa especie de fractura virtual que abre un espacio de libertad, entendido como espacio de libertad concreta, o sea, de transformación posible”. (Dits et écrits, IV, p. 448-49). 

La actualidad de Foucault, como bien lo confirmó la serie de trabajos presentados en el seminario, radica en esto: la capacidad que tiene un pensamiento, treinta años después, para ayudar a pensar los conflictos y las fracturas del presente, para revelar la debilidad de los fuertes y la fuerza de los débiles, para hacer temblar las líneas del paisaje convencional de la organización de los poderes, “contra este tiempo, espero, en favor de un tiempo por venir”, como decía Nietzsche en su Consideraciones intempestivas. Ello, sin duda, debido al hecho de que Foucault se prohibía proponer una “filosofía” más, un sistema más, apegándose más bien a la elaboración de conceptos, de figuras del pensamiento (v. gr. gubernamentalidad, parresía, relaciones de poder, subjetivación…) siempre en relación con una situación dada, tanto teórica como práctica, siempre tomada en la urgencia de un problema al que nos convoca el presente, trazando las líneas de fuga y a veces los atajos que esclarecen, retrospectivamente, nuestros propios problemas e invitan a continuar la tareas.

Que esta investigación en común haya tenido lugar como una iniciativa de nuestros colegas venezolanos, en su propio país tan rudamente marcado por los conflictos de este siglo pero también por sus alentadoras esperanzas, me luce hoy día como la circunstancia más esclarecedora de este evento.

*Université Paris Est Créteil

A Tres Manos . Coordinador: Alex Fergusson