• Caracas (Venezuela)

Adriana Villanueva

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Adriana Villanueva

Dos libros a leer

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Mañana es un día importante en Venezuela. Los venezolanos decidiremos qué camino seguir, si el del proceso revolucionario que desde hace catorce años lidera el presidente Hugo Chávez, o si un nuevo camino más cercano al que tomó el ex presidente Lula da Silva en Brasil, propuesto por el candidato del consenso de la oposición Henrique Capriles Radonski.

La ley electoral impide manifestarse a favor o en contra de cualquiera de las tendencias electorales el día antes de las elecciones, pero no creo que impidan el llamado de esta columnista a votar, así que hágalo, por el camino que usted considere pueda ser el mejor para Venezuela, pero vote, y aunque personalmente no conozco a nadie que confiese que no lo hará, no está de más repetir que estamos en una encrucijada en la cual nadie se debe quedar varado como si la cosa no fuera con ellos. Es muy fácil no querer sentirse responsable del momento histórico que vivimos, pero hay que ser ciudadanos, asumir el papel que nos toca, que es votar, porque democráticamente hay dos alternativas: mantener el statu quo en el que vivimos desde hace casi tres quinquenios, que sin duda apoyan tantos venezolanos, o apostar por un nuevo camino. Lavarse las manos en esta encrucijada histórica es una actitud cobarde y acomodaticia.

Así que este será un fin de semana difícil, lleno de tensión, ya los mercados están vacíos por las compras nerviosas y, para colmo, ley seca. Por eso me permito recurrir a la literatura venezolana contemporánea y recomendar un par de libros que de aquí a cincuenta años, cuando nuestros nietos quieran saber cómo vivíamos los caraqueños la primera década del siglo XXI, se la ilustrarán tanto como a nosotros nos ilustró la prosa de Enrique Bernardo Núñez con La ciudad de los techos rojos, claro, siendo esta Caracas lo contrario de idílica.

Estos libros son En rojo de Gisela Kozak Rovero (Alfa 2011) y Caracas muerde de Héctor Torres (Puntocero 2012). Ambos libros, a los que considero hermanos temáticamente, se pueden describir de varias formas: libros de cuentos, crónicas de la Caracas del último milenio, novelas polifónicas con una ciudad a punto de ebullición como hilo conductor; lo importante no es el qué son En rojo y Caracas muerde, sino qué sentimos leyéndolos, y un caraqueño no puede sentirse menos que retratado en estos textos, hijos del “Por estas calles” de Yordano di Marzo, viviendo en una ciudad donde “la piedad hace rato se fue de viaje”.

En rojo y Caracas muerde son obras políticas en el sentido original de la palabra “polis”, es decir, tratan sobra la ciudad y sus habitantes, pero no son políticas en el sentido con el que hoy usamos la palabra entendiéndose como manipular a favor de una tendencia ideológica. Aunque habrá quienes consideran que sí lo son, porque la ciudad (o país) que describen tanto Kozak como Torres está lejos de ser idílica, como nos muestran los medios de comunicación del Estado.

Dicen que la literatura venezolana ha tenido un subidón, y el protagonismo en las librerías de textos recién publicados como Miniaturas salvajes de Salvador Fleján, Las mujeres de Houdini de Sonia Chocrón y Liubliana de Eduardo Sánchez Rugeles lo confirman; así que, para amilanar los nervios de un fin de semana de pronóstico reservado, vayan a una librería, ignoren los best sellers y los libros de autoayuda, compren un libro de autor venezolano, y, si quieren ver retratada lo que ha sido esta última década, ya no la Caracas de los techos rojos sino la ciudad que muerde, busquen En rojo de Gisela Kozak –escritora finalista del Premio de la Crítica por su novela Todas las lunas– y Caracas muerde de Héctor Torres, y ya verán cómo se convertirán en un par de libros de cabecera.