El Nacional

• Caracas (Venezuela)

Adriana Villanueva

Adriana Villanueva

Los coleados

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El domingo 27 de mayo, en la función de las 9:30 pm, un grupo de jóvenes armados causó pánico entre los espectadores en una sala de cine en el centro comercial Tolón, pero gracias a la intervención de seguridad todo quedó en susto.Éxito tuvieron cinco delincuentes en julio de 2011 cuando atracaron a 70 personas minutos antes de que terminara la función de las 7:00 pm de una película 3D en el cine en el Concresa. Ya ni en el cine los caraqueños podemos sentirnos seguros.

Recuerdo que a principios de 2011, yo estaba una tarde con mi hija mayor en la sala Vip del cine en el centro comercial San Ignacio viendo El discurso del Rey, cuando en la mitad de la función entraron furtivamente tres muchachos. Ni que fuera cine continuado, pensé. ¿Quién va a querer ver una película que comenzó hace más de una hora? Esa es la razón por la cual los empleados de los cines -cuando la película está tan avanzada que nadie se molestaría en colearse- van a atender la entrada o salida de otras salas. Por eso, cuando sentí abrirse la puerta y vi entrar a tres muchachones -que la oscuridad no me permitió detallar- al ver que sigilosamente se sentaron en primera fila, la afinada alarma interna que tenemos los caraqueños se prendió en alerta roja: "Nos fregamos", me dije y aferré instintivamente la cartera.

Imaginé que en pocos minutos tendría a un malandro con un puñal rozándome la yugular y susurrándome que le diera el reloj, el dinero y el celular. Pero los minutos pasaron y los coleados hundidos en las butacas Vip ni ruido hacían. Parecían absortos en la película. Me entró la culpabilidad de que esta paranoia clase media va a acabar con nosotros.

Los coleados eran muchachos que como tantos otros de cualquier estrato social de varias generaciones sólo parecían culpables de colearse como una travesura para disfrutar el cine gratis. De esto he sido testigo hasta en los multicines en los Estados Unidos, donde los adolescentes buscan entrar por la puerta de salida. Muchos lo consiguen con la ayuda de adultos que les permiten pasar cuando ellos salen.

En otras oportunidades, hay un guardia que impide que eso no suceda. Cuando había olvidado a los coleados en el cine y me volví a concentrar en las gagueras reales, entró una empleada con el uniforme de Cinex acompañada de un agente de seguridad, quien luego de alumbrar a los chamos con una linterna, les pidió que abandonaran la sala. Así como no entendí la nota de colearse cuando la película iba por la mitad, tampoco comprendí por qué sacaron a los muchachos cuando la película estaba por terminar.

¿Qué habría pasado? ¿Será que la encargada de la sala sí se dio cuenta cuando los muchachos entraron, ella no se atrevió a sacarlos y tardó media hora en conseguir a seguridad? ¿O será que no fui la única a quien se le prendió la alarma "antiatracos" y alguien los denunció? Los muchachos salieron como entraron, sin bulla, entre risas sigilosas de tremendura a medio lograr.

Entonces, me dio lástima que los sacaran del cine. Y recordé la noticia de los 70 espectadores asaltados en el cine del centro comercial Concresa y de los chamos armados a quienes les encontraron la cacerina de una pistola escondida en el tarro de cotufas en el cine del Tolón, y que una de las chicas detenidas tenía 9 celulares en la cartera. Pienso que qué impotencia que en esta ciudad la imaginación paranoica siempre termina triunfando.

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