• Caracas (Venezuela)

Adriana Villanueva

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Tradiciones

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Hay tantas tradiciones de Navidad como familias que la celebran, estas tradiciones se van transformando con los años, por ejemplo en la Caracas de entre los años sesenta y setenta del siglo XX en la que crecí, las costumbres navideñas de mi familia, cien por ciento criolla, eran más bien nórdicas puesto que mi mamá pasó buena parte de su infancia viviendo en Estados Unidos. Por eso a nuestra casa nunca llegó el Niño Jesús sino San Nicolás, y el arbolito era el centro de la decoración navideña en lugar del nacimiento como en casa de mi tía Pimpa donde el pino estaba relegado a una esquina mientras el nacimiento abarcaba la mitad del salón. 

Hoy muchos familiares y amigos comienzan a adornar sus casas de Navidad en noviembre, y dejan la  decoración puesta hasta bien adelantado enero, para disfrutarla lo más posible, quizás porque actualmente en las Navidades quien pueda se va de viaje aunque sea unos días a la playa. Antes, por lo menos en mi niñez, en Caracas la Navidad y el Año Nuevo más que una temporada de asueto eran considerados como el esperado momento del año para la unión familiar.

Durante años la casa de mis padres fue punto de encuentro para celebrar tanto la Nochebuena como para recibir el Año Nuevo, pero a mi mamá no le gustaba decorar la casa desde temprano: el 16 de diciembre, que los niños salíamos de vacaciones, era el día en el que nos llevaba a escoger un pino verde y frondoso, y en la noche ya habíamos montado la Navidad, incluyendo el pequeño nacimiento al que no le faltaban ni la vaca ni el buey. 

En los días previos al 24 nos llevaban a los niños a la Casa Senior en Chacaíto, donde tras ver los juguetes, recibíamos una carta de la juguetería para llenarla y enviarla, en nuestro caso, a San Nicolás. En esa época la carta al Polo Norte la mandábamos por correo, que no era tan malo, nos consta que siempre llegó, hoy por Facebook veo cómo los niños ya no confían en Ipostel y mandan sus cartas a San Nicolás o al Niño Jesús en globos de colores. 

Donde se imponía lo venezolano en mi familia era en las hallacas, las mujeres nos reuníamos para prepararlas como cinco días antes de Navidad siguiendo la receta de la abuela carupanera. Entonces cada familia tenía su propia sazón, hoy las hallacas se han homogeneizado gracias a la receta del libro rojo de Armando Scanonne. Siguiendo a don Armando durante años las hallacas nos quedaron deliciosas bajo el mando de mi suegra, pero tiene como tres años que no las prepara por diferentes circunstancias, yo pretendía tomar el timón este 2015, pero ante actual la escasez de alimentos en Venezuela, me dio angustia. 

Las Navidades de mis hijos han sido distintas a las de mi niñez en parte porque ya esa esencia de familia extendida se ha ido perdiendo y hoy quien pueda salir de Caracas en Navidad, sale, en nuestro caso la mayoría de las Navidades han sido margariteñas donde al condominio playero San Nicolás llega en burro, y el año nuevo se recibe con un baño de mar. 

Han sido Navidades a lo largo de más de dos décadas acompañadas por un desfile de distintos amigos, de ellos hemos ido adoptando nuevas tradiciones, sobre todo para esperar el Año Nuevo, tradiciones que cada vez son más difíciles de seguir. Por ejemplo para recibir el año 2016, alguien que me pase el dato ¿dónde podré conseguir en la isla lentejas para la prosperidad si en Venezuela los granos están más desaparecidos que el arroz? Y las doce uvas junto con las doce campanadas: ¿aparecerán en la isla si dicen que no hay ni refrescos? Correr con la maleta por el condominio, se hará el intento para que viajes no falten, aunque a como está el dólar también habrá que hacerlo con un dólar bajo el zapato, que como suele ser sandalias, probablemente se perderá en el jardín. Y las pantaletas amarillas, pues habrá que ir al Palacio del Blummer. 

La tradición que nunca falta ni en las Navidades de mi infancia ni en las actuales es esperar el año oyendo a Billo, y así anhelo recibir este comienzo de año 2016 en el que no importan las lentejas, ni la maleta, ni las uvas, ni la pantaleta amarilla; porque para millones de venezolanos 2016 comenzará vislumbrándose por fin una luz en el túnel de la democracia, y con la inmensa fe de que más pronto que tarde Venezuela volverá a ser un país donde la paz y la prosperidad sean la norma y no la excepción. 

adrianavillanuevag@gmail.com