• Caracas (Venezuela)

Adriana Villanueva

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Adriana Villanueva

Si Mafalda comiera pabellón

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El gran Quino confesó que tenía un hijo favorito: Libertad, su preferida entre la pandilla de Mafalda, porque la diminuta hija de hippies fue el último personaje que creó en la tira cómica, y le ofreció posibilidades que no llegó a quemar. En cambio, a Mafalda la estaba dibujando desde 1964, lo tenía cansado; por eso en 1973 dio por cerrado en su carrera de dibujante el capítulo de Mafalda y sus amigos.

Mi generación creció con Mafalda, la leía teniendo la edad de los personajes de la popular tira cómica argentina. Los sentía mis amigos. Como Quino dejó a sus personajes en eterna prepubertad y quedaron flotando en el imaginario colectivo, me atrevo a especular qué sería hoy de las vidas de estos contemporáneos míos de haber sido venezolanos. 

Mafalda sería la propia Ni-Ni, cuestionando a gobierno y oposición. Graduada de una carrera humanista en la UCV, trata de ganarse la vida estirando el sueldo como profesora a tiempo completo. Almuerza los domingos con sus padres, su mamá ya no la obliga a tomar sopa pero la tiene frita porque no se ha casado ni le ha dado un nieto al que malcriar. Su papá sigue en la guerra contra las hormigas. Tampoco ha podido cambiar de carro, que tiene desde hace meses en el taller porque no se consigue repuesto. Los pobres viejos viven con una angustia irremediable ya que el Nervocalm está agotado en la ciudad.

Susanita cumplió su sueño de casarse y tener muchos niños, aunque no con su amado Felipe, porque amor con hambre no dura. Es madre a tiempo completo; en la mañana va al gimnasio y en la tarde pasa horas en el tráfico trayendo y llevando muchachos. Le han robado varios celulares porque aprovecha el tráfico para mandar cadenas sobre las marramucias del Gobierno. 

Felipe sigue siendo un soñador, montó un pequeño negocio al que le cae el Seniat por lo menos una vez al mes. Tiene dos demandas en el Ministerio del Trabajo que todavía no entiende por qué. Hace un par de años sufrió un secuestro express. Divorciado con un hijo por el que paga una fortuna en ortodoncia, sigue dejando para mañana lo que puede hacer hoy y espera con ansia el estreno de El llanero solitario con Johnny Depp.

Miguelito se hizo multimillonario con negocios cambiarios. Dicen que les maneja la cartera financiera a varios personeros revolucionarios, a nadie le consta, él sigue teniendo cara de muchacho bonachón, sólo que ahora con jet privado y chalet en Colorado. Su familia vive en Miami, él va y viene.

Manolito hoy es un gran empresario que modernizó el abastico de su padre y lo convirtió en una lujosa cadena de supermercados a la que también le cae el Seniat a cada rato. Lleva escolta y anda en carro blindado. De vez en cuando hace parrillas en su mansión e invita a sus viejos amigos, incluso a Mafalda, aunque todavía no entiende la mitad de las cosas que ella habla.

Guille, en cuanto pudo, se fue demasiado. Hoy vive en Montreal, forma parte de la comunidad de profesionales venezolanos que se reúnen para preparar pabellón y compartir nostalgias. Llama los domingos a su familia y así la tía Mafalda ve a sus sobrinos crecer por Skype. Guille dice que a Venezuela no vuelve porque no aguanta la eterna discusión política y la sensación de inseguridad.

Y a Libertad, la consentida de su papá Quino, me la imagino rodilla en tierra, a la izquierda del comandante, ministra revolucionaria, de sus antiguos amigos sólo ve a Mafalda pero no discuten de política porque Libertad no tolera disidencia. Jura que seguirá luchando hasta el final por la igualdad social sin querer admitir que hoy forma parte de la nueva oligarquía.