• Caracas (Venezuela)

Adriana Villanueva

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Adriana Villanueva

De dinero y santidad

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Cada vez que mi padre oye hablar sobre grandes cantidades de dinero cita aquel refrán que dice: “De dinero y santidad, la mitad de la mitad”. Eso mismo pensé cuando, tras la cumbre de la ONU, la última semana de septiembre, en las redes sociales rodó la historia sobre la cena de la pareja presidencial venezolana y parte de su comitiva en un lujoso restaurante en Nueva York, en la cual supuestamente se consumieron casi 80.000 dólares, incluidas 4 botellas de champaña Crystal Rosé, y un carpacho de trufas que el presidente obrero mandó a devolver apenas probó, pidiendo que se lo cambiaran por un carpacho de carne.  

Qué malas lenguas.

De esos 80.000 dólares que, según el chisme virtual, asegura un mesonero, costó la velada, a falta de Contraloría de la República que exija cuentas de viáticos de los viajes de las altas esferas del poder, siguiendo la prédica de mi padre, le quito la mitad de la mitad… y sigue siendo mucho dinero… pero no es ilógico que la pareja presidencial, por más obrera que se las dé, vaya a comer a un buen restaurante en Nueva York, ¿o qué esperaban? ¿Que se iban a conformar con una bala fría en el Bronx?

Bailar da hambre.

Siguiendo las enseñanzas de mi padre, en cuanto a santidad, tampoco estaría de más que la izquierda caviar se creyera la mitad de la mitad de la mitad de la mitad de la mitad… de lo que asegura el anuncio pagado por el gobierno venezolano en The New York Times, anuncio que busca vender la imagen del actual presidente de Venezuela como solidario líder mundial capaz de ofrecer 5 millones de dólares para combatir la epidemia de ébola en África, y dictar cátedra sobre la paz mundial.

Qué lindo.

Tan lindo que hasta yo aplaudiría a este producto político de tierras exóticas de no ser porque vivo en el país gobernado por quien se oferta a página completa como líder mundial, mientras en su país la salud está colapsada, no se consiguen medicamentos para combatir la tensión, Parkinson, diabetes, cáncer, ni siquiera se consiguen analgésicos para paliar las actuales epidemias de dengue y chikungunya.

Hoy los venezolanos corremos el riesgo de morir es de mengua. 

Y sin duda vivimos momentos históricos en los que la paz mundial se siente frágil cual cristal de Bohemia, pero no menos frágil que la seguridad de millones de venezolanos que salimos todos los días a la calle a enfrentarnos desvalidos en una inclemente guerra declarada por el hampa, guerra que ha cobrado miles de vidas en Venezuela ante la actitud casi indiferente del gobierno (a menos que sea uno de los suyos), y que hoy nos posiciona en las estadísticas mundiales como uno de los países más peligrosos del mundo.

Claro, de esa estadística no hace alarde el gobierno venezolano, y menos lejos de casa.

Por eso no extrañaría que los expertos en propaganda revolucionaria sigan ofreciendo a página completa en los más prestigiosos periódicos del mundo las bondades del liderazgo chavista promoviendo precisamente aquello de que en Venezuela tanto carecemos: libertad de expresión, productividad de empresas, independencia de poderes, abastecimiento, energía eléctrica, vialidades seguras, planificación urbana, lucha contra la corrupción, modernidad de los derechos de la mujer; ponga usted el tema.

El mundo feliz de los medios de comunicación social oficialistas condensados en una página pagada en The New York Times.

Y mientras tanto en Venezuela…


adrianavillanuevag@gmail.com