• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

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Las dos visitas

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Este fin de semana Cuba recibió dos visitas discordantes. Una extravagante e incoherente, inoportuna y creo que hasta indeseada. La otra anunciada y preparada con mucha anticipación que marcará, según muchos opinadores, un hito histórico en las relaciones de Estados Unidos con Cuba. Seguramente también en la historia diplomática de América Latina.

El viernes pasado el ilegitimo viajó intempestivamente a La Habana. Según dijo, iba con la finalidad de participar en la reunión de la Comisión Mixta venezolano-cubana. Esto por supuesto no era sino una excusa ridícula. Un presidente no tiene por qué asistir a una reunión de ese nivel que por lo general es de naturaleza técnica. Otra razón que dio el ilegítimo para su viaje fue la de que iba a participar en un homenaje a José Martí. Se trató, en todo caso, de una visita de trabajo supuestamente para “potenciar las relaciones bilaterales y lanzar un plan de cooperación bilateral hasta el año 2030 –¡qué ilusión! ¿Piensa quedarse hasta entonces? Además, con tantos viajes que hace el ilegítimo a Cuba, esa “potenciación” y ese “lanzamiento” ¿tenía que hacerse precisamente la víspera de la visita de Obama?

Durante la visita el dictador cubano le impuso la condecoración de la Orden José Martí. ¡Qué cinismo! Hasta en los países comunistas que se autocalifican de íntegros desacreditan sus propios símbolos. Supuestamente esa condecoración se otorga a cubanos o extranjeros, jefes de Estado y gobiernos “por grandes éxitos en la causa de la paz y el humanismo, por grandes logros en la esfera de la educación, cultura y deporte y grandes logros en el trabajo creador”. ¿Reúne el ilegitimo alguno de esos merecimientos? José Martí debe estar revolviéndose en su tumba por este agravio a su memoria. En todo caso, las condecoraciones se dan cuando el condecorado ha terminado o está por terminar sus funciones, ¿será esto un homenaje velado de despedida al ilegitimo quien, “si Dios quiere” pronto deberá abandonar la función que usurpa?

Mucho se ha especulado acerca del verdadero motivo de esa visita a Cuba, y el momento en que tiene lugar. Comparto la opinión de Henry Ramos Allup de que el ilegítimo “fue a Cuba a rogarle a Raúl Castro que le resuelva el tema con Obama”.

En mi opinión, el “tema” es el de la orden ejecutiva mediante la cual el presidente norteamericano dispuso abrir causas judiciales a una serie de altos funcionarios civiles y militares que han cometido violaciones de los derechos humanos o están identificados como corruptos, ladrones del erario y/o traficantes de droga. El presidente Obama acaba de extender la vigencia de esa orden ejecutiva y seguramente la lista de identificados como sujetos de la justicia norteamericana será ampliada con nuevos nombres.

El ilegítimo ya no encuentra qué hacer para que el presidente Obama derogue su orden ejecutiva. El año pasado supuestamente recogió 5 millones de firmas que iba entregar al presidente Obama durante la Cumbre Latinoamericana y del Caribe que se realizó en Panamá. ¿Dónde están esas firmas? ¿En qué momento las entregó? Además, ha lanzado una campaña internacional para recabar apoyo de gobiernos de otros países a favor de su exigencia de derogación de la orden ejecutiva.

Frustrado porque la orden ejecutiva sigue firme y vigente, ahora quiere recurrir a su segundo abuelo (si el difunto dictador se declaró hijo del anciano dictador cubano y el ilegítimo se ha proclamado hijo del difunto dictador, este viene siendo nieto del anciano dictador y por lo tanto el actual dictador cubano es su segundo abuelo. Lógico, ¿no?) ¿Cuál será el precio o la recompensa que recibirá el dictador cubano por interceder ante el presidente norteamericano?

Pero nuevamente el ilegítimo se quedará “con los moños hechos” porque, aunque se lo pida su actual anfitrión, Obama  no moverá un dedo para derogar su orden ejecutiva.

Será un nuevo motivo de frustración para el tirano criollo quien quedará en ridículo una vez más ante los venezolanos y ante el mundo.

No me queda espacio suficiente para hablar de la otra visita. Además, este artículo lo escribo el domingo 20 y Obama acaba de llegar a Cuba. Sería prematuro hacerlo cuando los temas de sustancia de la agenda no solo no han sido tocados sino que todavía se desconocen.

En mi modesta opinión lo único que resultará de esta visita serán nuevas seguridades recíprocas de que ambos gobiernos continuarán avanzando por el camino que han emprendido, sin asumir compromisos sobre las cuestiones concretas que cada uno considera vital: para Estados Unidos el avance en la democratización de Cuba y el respeto de los derechos humanos; para Cuba el levantamiento del embargo y la devolución de la base de Guantánamo. En mi artículo del próximo miércoles hablaré de la segunda visita.