• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

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La otra visita

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En mi artículo de la semana pasada, titulado “Las dos visitas” me referí a la  visita del ilegítimo a la isla. Los viajes para ir a recibir instrucciones de su abuelo Fidel se han vuelto una rutina. Cada vez que se le antoja se va, sin cumplir las formalidades exigidas por la Constitución.

Apenas el ilegitímo salió de Cuba llegó el otro visitante, el presidente Barack Obama. Su visita oficial debía comenzar el lunes 21 pero llegó el domingo 20.

La tarde de ese día la dedicó a hacer un tour guiado por La Habana acompañado de su esposa y sus hijas bajo un tremendo “palo de agua”. Por supuesto, los llevaron a sitios de La Habana que habían sido preparados (restaurados y refaccionados) previamente. La plaza de la Catedral y el templo mismo lucían regios, limpiecitos y con una iluminación impresionante. Pero no pasearon a Obama y su familia por la verdadera Habana vieja, la que está detrás de la ruta que le trazaron, la de las calles destrozadas, la de los edificios en ruina donde conviven varias familias en un mismo apartamento en total promiscuidad, la de los balcones arruinados que sirven de colgadores para asolear las prendas de vestir recién lavadas, la de la miseria que aún subsiste en Cuba, la de los niños jugando en la calle. En fin, la verdadera Habana vieja.

Esa misma tarde vivieron, Obama y familia, una experiencia que les debe haber resultado fascinante. Los llevaron a cenar en un “paladar” uno de los restaurantes exponentes de la apertura a la iniciativa privada, ubicado en una casa de familia y regentado por los mismos dueños. Yo estuve hace tiempo en uno de esos paladares y la dueña me contó los problemas que confrontaba para conseguir los productos necesarios para preparar la comida y los “peajes” que tenían que pagar a la policía para transportar esos productos.

Pero volviendo a la visita de Obama como tal, no cabe duda de que fue un acontecimiento excepcional. Como han dicho los analistas, esa visita, por sí sola, ha marcado un hito en la historia de Cuba y en la de América Latina.

El evento más importante fue, sin lugar a dudas, la rueda de prensa conjunta que ofrecieron Obama y Raúl Castro, aunque lo de “conjunta” creo que está de más porque prácticamente el único que habló y respondió las preguntas de los periodistas fue el primero. Raúl estuvo parco y una de las pocas respuestas que dio fue cuando un periodista le preguntó acerca de los presos políticos en Cuba. La reacción destemplada de Raúl ante esa pregunta fue la típica de un anciano. Se mostró claramente molesto, aseguró que en Cuba no hay presos políticos y pidió que le mostraran la lista de los presos para ponerlos en libertad ese mismo día. Como reacción a ese reto varias ONG, entre ellas la Fundación Nacional Cubano-Americana dice  que tiene compilada una lista de 42 presos políticos y  ha ofrecido hacérsela llegar a Castro. Veremos si cumple su palabra.

Venezuela seguramente fue tratada en privado y prefirieron no hablar en público sobre ese tema. Castro dijo: “Es preocupante la desestabilización que se pretende en Venezuela porque es un peligro para la región”. Obama, por su parte, se limitó a decir escuetamente: “Toda la región está interesada en Venezuela y esto responde a las aspiraciones de su pueblo”. Una frase breve pero de mucho alcance.

En su declaración inicial Obama formuló diversas profesiones de fe en el proceso de normalización de las relaciones. “Hemos dado los primeros pasos. Debemos seguir caminando. Estoy seguro de que podemos vivir en abierta cooperación como lo hemos hecho con otros países”. Castro, por su parte, dijo que las últimas medidas adoptadas por Estados Unidos en relación con Cuba “son importantes pero no suficientes”.

En cuanto al embargo, Obama señaló que administrativamente le ha hecho muchas modificaciones y que todavía tiene espacio para hacer más, pero dejó claro que su levantamiento definitivo no está en sus manos sino en las del Congreso de Estados Unidos. “El embargo terminará. ¿Cuándo? No sé, pero estoy seguro de que terminará”.

Obama señaló que un factor que puede contribuir a acelerar el levantamiento del embargo es la eliminación de restricciones en materia del uso de Internet. Según él, Internet significa “más contactos, más apertura en las comunicaciones, más conciencia y más deseo de libertad en el pueblo”.

En esto último estoy plenamente de acuerdo con el presidente norteamericano. En la medida en que se generalice el uso de Internet y se supriman las restricciones que limitan el acceso del cubano común a esa tecnología, espontáneamente, y hasta automáticamente, el embargo se volverá innecesario.

En materia de derechos humanos subsisten profundas divergencias y para justificar el hecho de que Estados Unidos profundiza sus relaciones con un país en el cual hay muchas restricciones al disfrute de las libertades individuales, Obama recurrió a un argumento de peso cuando dijo que hay que tener en cuenta que con China y con Vietnam existen también muchos desacuerdos en ese ámbito pero también existen buenas relaciones con ambos.

Para demostrar que en Cuba se respetan los derechos humanos, en respuesta a la pregunta de una periodista Castro recurrió a un subterfugio retórico pidiéndole que le dijera cuántos países en el mundo cumplen los 61 derechos consagrados en la Declaración Universal. “¿Qué país los cumple todos? ¡Ninguno! Nosotros cumplimos 47. No se debe politizar el tema de los derechos humanos (¡!)”. Destacó que en Cuba se respeta el derecho a la salud, el derecho a la enseñanza gratuita, y el derecho a que la mujer gane igual salario que el hombre. En sus respuestas Castro apareció incoherente y evidentemente afectado por la edad.

Con respecto al reclamo que hizo Castro en relación con la base naval de Guantánamo, Obama se limitó a señalar que ese tema no era parte de las conversaciones con Cuba.

En varias ocasiones durante la visita Obama repitió la frase según la cual el futuro de Cuba tiene que estar en manos de los cubanos. Esto ha sido destacado numerosas veces por los medios de toda Latinoamérica de la misma manera que cuando dijo: “Le dije al presidente Castro que Cuba no tiene nada que temer de Estados Unidos y tampoco tiene nada que temer del pueblo cubano que deberá expresarse y votar en elecciones libres”.

La visita de Obama concluyó con un evento sin precedentes, por lo menos hasta donde yo recuerdo: una cena de gala en el Palacio de la Revolución.

Creo que la visita fue muy positiva. No se esperaba que hubiera anuncios o decisiones cruciales. Pero se pudo advertir que Raúl Castro fue particularmente cordial y amable en su trato hacia Obama y que este, a su vez, trató a su anfitrión con el respeto y consideración debidos a otro jefe de Estado. Fue un paso importante hacia el acercamiento de los dos países y hacia la consolidación de vínculos de cooperación cuyos frutos se irán  apreciando gradualmente.