• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

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Los venezolanos no aguantamos más

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La semana pasada once prestigiosas organizaciones no gubernamentales venezolanas le entregaron a la MUD un conmovedor documento titulado “El país no aguanta más”.

En ese documento, las ONG firmantes manifiestan honda preocupación por la espantosa situación que atraviesa el país, y denuncian el desabastecimiento, el aumento escandaloso que cada día registran los precios de los alimentos, los medicamentos, los artículos de higiene personal y demás productos de primera necesidad. Denuncian la creciente inseguridad y la impunidad, el desastroso estado de los servicios públicos y la imposibilidad en que se encuentra la familia venezolana para adquirir los componentes esenciales de la dieta diaria.

El documento destaca la humillación a que son sometidos los venezolanos que tienen que hacer colas interminables y degradantes durante horas para encontrarse que lo que iban a comprar se agotó porque los bachaqueros arrasaron con todo para venderlo a precios exorbitantes.

El documento respalda las diferentes vías que la MUD ha identificado y está promoviendo para lograr el fin del oprobioso régimen que nos oprime.

Ese documento refleja lo que todos estamos padeciendo bajo la satrapía del ilegítimo. Creo que no es difícil concluir que solo una persona que no es venezolana es capaz de someternos a todos los venezolanos a tantos tormentos y vejaciones.

El venezolano, por muy malo que sea, conserva por lo menos un poquito de compasión por el prójimo. Solo un apátrida, que no se atreve a reconocer su condición, incapaz de mostrar el sitio de donde viene, puede comportarse con tanto odio, tanta maldad, tanta sevicia, tanta impiedad, como para someter deliberadamente a un pueblo al hambre o la muerte negándoles los alimentos y los medicamentos. ¡Un lamentable espectáculo que nunca se había visto en nuestro país: gente humilde, no indigentes, sino niños mujeres y hombres registrando la basura de los mercados y restaurantes en búsqueda de algo qué comer!

Los venezolanos hemos llegado al límite de nuestra paciencia, no aguantamos más, como dice el documento de las once ONG. Con infinita paciencia hemos insistido en procurar la solución de los males del país por la vía pacífica, constitucional, democrática, pero el régimen responde con más abusos, con más atropellos, con más humillaciones, con más vejámenes. A todos los agravios que debemos soportar, ahora se agregan los actos de sabotaje que a diario ejecuta el ilegítimo contra la Asamblea Nacional valiéndose de la pandilla de secuaces con que cuenta en el TSJ. Al parecer, para completar de aniquilar la Asamblea, la próxima medida será privar de recursos financieros al Poder Legislativo.

Próximamente la Asamblea Nacional solicitará al secretario general que convoque el Consejo Permanente de la OEA para que este, a su vez, convoque una reunión extraordinaria de la Asamblea del organismo regional con la finalidad de activar la Carta Democrática Interamericana.

Esa iniciativa es una muestra más de que la oposición no persigue derrocar al ilegítimo por otra vía que no sea pacífica. No hace falta insistir en que existen condiciones materiales y objetivas para poner en funcionamiento el mecanismo y los medios contemplados en la CDI. Venezuela necesita el apoyo internacional y sobre todo la acción solidaria de los países de América. El régimen desplegará todos los recursos y mecanismos a su alcance para evitar que se pueda iniciar la activación de la CDI, pero debemos apostar por que finalmente los gobiernos de la región se decidan a ayudarnos a salvar este país que está a punto de naufragar.

Los venezolanos no soportamos más esta situación terrible y el régimen no parece darse cuenta de que está sentado encima de un polvorín que puede estallar en cualquier momento. Nadie lo desea, pero es la realidad. Y cuando eso ocurra el estallido llegará a todos los extremos del globo y afectará en primer lugar a “los países hermanos” del continente. Hacemos un nuevo llamamiento a los presidentes y jefes de gobiernos de los países de la región a que actúen antes de que sea demasiado tarde. Ya el ogro que los tenía cautivos desapareció y su heredero, el monstruo apátrida, está debilitado y no representa ninguna amenaza.