• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

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Adolfo Taylhardat

Un peregrinaje infructífero

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Trece días pasó el ilegítimo viajando por el mundo, acompañado de una comitiva de más de setenta personas, que incluía a toda su familia y un número indeterminado de ministros y funcionarios. Más que un viaje oficial fue un paseo turístico para brindarles a sus acompañantes la oportunidad de conocer países que de otra manera nunca habrían visitado. ¡Hasta un viaje de la canciller y el presidente de Pdvsa a Kazajstán del cual nadie ha hablado!  Ese vagabundeo le costó al país cerca de 2 millones de dólares en momentos en que Venezuela se hunde en el desastre y la ciudadanía sufre tratando de conseguir productos esenciales de la dieta diaria. 2 millones de dólares malgastados cuando se les niega a los venezolanos que estudian en el exterior las divisas necesarias para proseguir su formación en universidades en el extranjero. 2 millones de dólares malbaratados cuando el país agoniza por la merma de sus ingresos de moneda extranjera.

El titular de primera plana de El Nacional en su edición del domingo dice: “Gira mostró la pérdida de liderazgo de Venezuela” y publica un extenso reportaje en el cual describe el fracaso del periplo presidencial. En realidad no es Venezuela como país el que ha perdido liderazgo. Quien perdió el poco prestigio que podía tener es el ilegítimo. La situación económica, la situación social, las violaciones de los derecho humanos, la corrupción de la cúpula del régimen, ya eran ampliamente conocidas en el mundo, y por mucho dinero que dedicara a tratar de vender la imagen de un gobernante exitoso su verdadero perfil de jefe de Estado inepto, torpe, incapaz es ampliamente conocido en el mundo. Nunca gobernante venezolano cayó a un nivel de descrédito comparable.

Hasta ahora nadie sabe qué fue lo que hizo o lo que logró durante ese viaje. Todo lo que ha dicho son vaguedades, ambigüedades, imprecisiones, tratando de justificar lo injustificable. Lo único que está claro es que no logró nada. El gobierno chino, al cual acudió para pedirle dinero contante y sonante, para no desairarlo totalmente, le ofreció continuar financiando proyectos de desarrollo ya en ejecución o emprender nuevos proyectos de desarrollo a mediano o largo plazo, pero nada de nuevos préstamos. Nadie, y mucho menos un gobierno en su sano juicio, va a arriesgarse a facilitar dinero a un país que está al borde de la quiebra.

En  cuanto al otro objeto de la gira que era crear un núcleo de presión (¿una Opepita?) para forzar el recorte de la oferta de petróleo y de esa manera hacer subir el precio que cada día está más deprimido, resultó otro rotundo fracaso. Cuando por un lado al final de cada visita aseguraba que había obtenido apoyo para su propósito, el gobierno visitado reiteraba su posición de mantener el volumen de producción porque le conviene el precio bajo para impedir que los productores de petróleo caro inunden el mercado internacional y desplacen la oferta OPEP. Todos los gobiernos que visitó, incluida Rusia que como Venezuela sufre los estragos de la disminución de los ingresos provenientes de la venta de petróleo, rechazaron la pretensión del ilegítimo.

El efecto de ese fracaso al nivel internacional es evidente. La conducta de los “albanos” lo demuestra: Bolivia trata de congraciarse con el “imperio”, Ecuador desde hace tiempo ha marcado distancia en el negocio petrolero, Cuba, ya lo sabemos, poco a poco va regularizando su relaciones con Estados Unidos, los países de Petrocaribe buscan cómo saldar sus cuentas millonarias con Venezuela antes de que les corten el suministro de petróleo en condiciones privilegiadas.

Internamente el impacto del fracaso de la gira presidencial no puede ser más negativo. No han salido todavía mediciones de la opinión pública para conocer el nivel en que se encuentra actualmente el ya languidecente entusiasmo del pueblo por este fracasado gobernante. El fracaso del esfuerzo para organizar un recibimiento masivo en el aeropuerto el día de su llegada es la mejor prueba de su desprestigio. El régimen aspiraba a ofrecerle a su arribo una concentración masiva de seguidores y lo único que encontró cuando bajó del avión fue a sus funcionarios. El régimen había dispuesto sitios de concentración a lo largo de su trayectoria hacia Miraflores y nadie acudió a vitorearlo.

Como si presintiera que su permanencia en el poder está llegando a su fin y preparándose para volver a su antiguo oficio, subió a Caracas manejando un metrobús.  

Su propia frustración por el fracaso del viaje la descargó contra las empresas  privadas del sector de distribución amenazándolas con aplicar todo el peso de la ley a “los acaparadores” que esconden la comida. Esa misma frustración lo llevó a arremeter nuevamente contra la disidencia achacándole, por enésima vez la imaginaria, manida y desprestigiada acusación de promover una guerra económica para expulsarlo del poder. “Todos los que están presos, bien presos están” sentenció.

No satisfecho por el descalabro que sufrió en este viaje encomendó a la canciller la continuación de la fracasada gira para promover apoyo a su empeño de hacer subir el precio del petróleo. Me temo que la permanencia en el cargo de la recién nombrada canciller tiene sus días contados por el fracaso que tendrá en esa misión imposible que le ha sido encomendada.