• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

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Adolfo Taylhardat

¿Qué pasó con la fórmula antigolpe?

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En septiembre del año pasado el ilegítimo anunció que había inventado un antídoto, una fórmula antigolpes, y describió los ingredientes que la componen.

Supuestamente esa fórmula debía haber servido para poner fin a las conspiraciones contra su gobierno y a los intentos de magnicidio, los cuales solamente han existido en su desquiciada mente y en la de los títeres que repiten y amplifican sus insensatas fantasías.

Sin embargo, desde que anunció esa receta, las denuncias de supuestas conspiraciones se han producido cada vez que ocurre algún acontecimiento que de una manera u otra impacta la tambaleante estabilidad del régimen.

El jueves pasado anunció que había sido develado un intento de golpe (aclaró que lo llamaba intento porque había sido detectado a tiempo).

En esta oportunidad, además de la reacción popular contra el desabastecimiento, la inflación y la debacle económica, el acontecimiento que motivó esa nueva insensata denuncia fue la exitosa visita que realizó Lilian Tintori a Estados Unidos en busca de apoyo para la puesta en libertad de Leopoldo López, su esposo, y de los demás presos políticos que el régimen mantiene en las mazmorras.

Ese hecho generó una furia tal que, basándose en supuestas informaciones provenientes de fuentes apócrifas, ha llevado a cabo una razia en la Fuerza Aérea, poniendo presos o persiguiendo a oficiales y efectivos supuestamente involucrados en el nuevo fantasioso intento de golpe de Estado.

La rabia que le ha producido el hecho de que Lilian haya sido recibida por el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, y que además se haya entrevistado con el secretario general de la OEA y el director de Human Rights Watch ha originado un inusitado ensañamiento contra Leopoldo López. Según las informaciones de prensa (El Mundo de España) y de la propia organización Human Rights Watch, el responsable de la prisión de Ramo Verde, valiéndose de un soplete, violentó el candado con el cual Leopoldo se protegía de las visitas indeseadas de sus carceleros. HRW denunció que “hombres encapuchados y fuertemente armados irrumpieron esta madrugada en su celda con el único objetivo de intimidarlo y castigarlo. Destrozaron sus pertenencias, lo agredieron y se lo llevaron por la fuerza a una celda de castigo, donde permanece aislado, sin acceso a su familia ni a su abogado”. Supuestamente buscaban un teléfono celular que no existía y destruyeron todo lo que encontraron. Lo mismo hicieron con Daniel Ceballos y a ambos los trasladaron al “tigrito”, una celda de castigo donde los mantienen totalmente aislados.

Además de esos gravísimos hechos la denuncia del fantasioso “intento de golpe de Estado” ha servido para lanzar acusaciones contra Julio Borges, Antonio Ledezma y María Corina Machado, quienes supuestamente estarían involucrados en la planificación y ejecución de la conspiración.

La conjura contemplaba, supuestamente, el empleo de un avión Tucano para bombardear el palacio de Miraflores, o donde se encontrara el ilegítimo (según sus propias palabras) y otras sedes de entidades públicas, incluida Telesur. El avión llegaría proveniente de otro país (no dijo cuál, pero se infiere que se refería a Colombia) camuflado como perteneciente a la Fuerza Aérea venezolana. Esta afirmación es tan absurda y ridícula que se cae por su propio peso, los Tucano son aviones a hélice, de entrenamiento, y los de la aviación venezolana hace tiempo están inutilizables.

La denuncia se torna risible cuando en un programa de televisión dos altos dirigentes del partido de gobierno presentaron como prueba de la conspiración una fotografía aérea de un sector de Caracas en la cual estarían señalados los edificios que serían objeto del bombardeo. Esa fotografía, que supuestamente le habría sido incautada a los “conspiradores”, es la impresión de una vista aérea tomada de Google Earth, donde cualquiera puede bajar una fotografía de cualquier ciudad o lugar del mundo.

Constatar que quien detenta ilegítimamente las riendas del poder en nuestro país formule una denuncia tan infundada y exorbitante como esta, acompañada con medidas crueles, inhumanas y hasta sanguinarias, inevitablemente provoca vergüenza ajena, pero también justificada alarma y preocupación.

Esto ha movido a Human Rights Watch a lanzar un llamado a los gobiernos de la región y a las organizaciones subregionales para que pongan fin a su indiferencia y se solidaricen con los esfuerzos para proteger los derechos fundamentales en Venezuela: “Demandamos  a la comunidad internacional, en especial a los Estados miembros de Unasur, los cuales, salvo contadas y recientes excepciones han mantenido un silencio cómplice, que no traicionen sus obligaciones jurídicas internacionales, y de una vez por todas se pronuncien sobre los abusos cometidos en Venezuela y exijan la inmediata liberación de Leopoldo López y de otros presos en similares condiciones”.

Efectivamente, ha llegado la hora de que se genere un movimiento continental de solidaridad con la disidencia venezolana para ejercer una presión efectiva sobre la dictadura a fin de que ponga fin a la crueldad y las torturas que inflige a los opositores y ponga en libertad a todos los presos políticos que se encuentran ilegalmente encarcelados. Los gobiernos del continente que se dicen democráticos deben movilizarse para hacer respetar los diferentes instrumentos internacionales consagrados a la defensa y protección de las instituciones democráticas regional y mundialmente, comenzando con la Carta Democrática Interamericana.