• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

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La “gira por la paz”, otra pifia

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El tema del Esequibo sigue generando material para hablar, o mejor, para escribir. La canciller y el vicepresidente emprendieron una gira por los “hermanos del Caribe” a la cual bautizaron con el nombre de “gira por la paz”. “Es una estrategia de despliegue diplomático de paz”, declaró el vice a Telesur. Según él, la finalidad era informar a los gobiernos de esos países “en qué consiste la reclamación de Venezuela por el territorio esequibo” y “los derechos históricos que conforme a las leyes internacionales asisten a Venezuela en el diferendo con Guyana”. Aseguró que el objetivo es que los gobiernos del Caribe conozcan en profundidad el tema, para ayudar a Guyana y a Venezuela en la búsqueda de soluciones diplomáticas y pacíficas con base en el Acuerdo de Ginebra. De acuerdo con la canciller vamos a recuperar el territorio esequibo solamente con la paz: “Por eso estamos en ejercicio diplomático, estamos explicando a los amigos del Caribe los lazos de amor, cooperación y amistad entre América Latina y el Caribe”.

¿Es que acaso,  a estas alturas los gobiernos caribeños ignoran los pormenores del diferendo que enfrenta a Venezuela y Guyana por el territorio esequibo y necesitan que les expliquen de qué se trata?

Paradójicamente esa supuesta rama de olivo estuvo acompañada de una admonición:  “Hemos venido para que conozcan, para que tengan en consideración que Venezuela siempre va a defender su derecho soberano al territorio de la Guayana Esequiba y que no queremos sucumbir a las provocaciones ni del gobierno de Guyana ni de la Exxon Mobil”. Manifestó, además, que “Venezuela defiende una situación histórica que tiene un componente jurídico”. “Tenemos todo el derecho de responder a las agresiones del presidente Granger, de la Exxon Mobil y a reivindicar nuestra soberanía sobre la Guayana Esequiba”, dijo el vice al salir de su entrevista con el primer ministro de Dominica.

El vice lamentó que el mandatario guyanés haya caído en las provocaciones de la petrolera estadounidense y le hizo un llamado para que respete el derecho internacional y el Acuerdo de Ginebra. Por su parte, la canciller afirmó que a Venezuela “le preocupa que la disputa con Guyana afecte la integración caribeña”. En un mensaje publicado en Twitter escribió: “Nos preocupa que se afecten los procesos de integración en la región, son los planes del Pentágono. Nosotros no caeremos en las provocaciones de los tambores de la guerra”. Además, no perdió la oportunidad para denunciar “el papel provocador de la Exxon Mobil y del presidente de Guyana”

Esta “cruzada por la paz” inevitablemente suscita sospechas. Me pueden calificar de malicioso, pero es bien sabido que este régimen siempre juega por mampuesto.

Según un despacho de prensa sobre el tema lo que el régimen chavista perseguía era  minar la solidaridad automática de los países caribeños y atraer aliados para lo que denomina “estrategia de defensa del Esequibo”. O peor aún, conociendo la conducta pasada del régimen en el empleo del petróleo como arma diplomática y su tradicional falta de escrúpulo en el manejo de las relaciones diplomáticas, no puede descartarse que el verdadero objeto de la gira caribeña era torcerle el brazo a los socios de Petrocaribe para que se plieguen a la causa de su “benefactor” en la disputa por el territorio esequibo.

La expresión de preocupación de la canciller en cuanto el impacto que la disputa con Guyana puede ejercer sobre los procesos de integración en la región es muy reveladora si se tiene en cuenta que en la reciente cumbre de Petrocaribe celebrada en Caracas, el ilegítimo hizo énfasis en la transformación de ese ente en un mecanismo de integración más allá de su naturaleza como grupo de países aglutinados alrededor de la “generosidad petrolera” de nuestro país. La aprensión acerca del verdadero propósito de la “gira de paz” se ve alimentada con la declaración del vicepresidente de que “la agenda de Venezuela en el Caribe no debe ser interrumpida ni distraída con nada”, expresión que no dejaba de ser una advertencia a los países caribeños beneficiarios de Petrocaribe.

La respuesta de los países caribeños no causa sorpresa. Funcionó, como era de esperarse, la solidaridad automática. El primer ministro de Barbados y presidente pro tempore de Caricom recordó la posición adoptada por esa entidad en la cumbre celebrada recientemente y reiteró el apoyo total de Barbados y de todos los Estados de esa organización a la integridad del territorio y el espacio marítimo de Guyana. “La posición formal del Caricom tiene que ser un compromiso con la integridad territorial de Guyana”.

Más claro no canta un gallo.

Para remate, la visita del vice a Cuba (por cierto ¿qué papel desempeñaba allí la hija del difunto dictador?), como era también previsible, resultó igualmente un total fracaso. La visita no mereció siquiera una mención en Granma, el diario oficial del gobierno y el Partido Comunista cubanos. Fue la agencia cubana Prensa Latina la que publicó una breve nota dando cuenta de que el vice y Raúl Castro “intercambiaron sobre temas de mutuo interés de la agenda internacional y regional, en particular sobre el desarrollo de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac)”. Pero ni una palabra sobre el tema del Esequibo que supuestamente era el objeto de la visita.

La fulana “gira por la paz” resultó una pifia más de la diplomacia del régimen. Es una más de tantas iniciativas improvisadas en la cual no se calcularon las escasas posibilidades de éxito ni se midieron las consecuencias del fracaso que inevitablemente Guyana capitalizará a su favor.

Nota  breve. Con mucho interés he leído una comunicación que le dirigió el doctor René de Sola al presidente de la Academia de Ciencias Sociales y Políticas, la cual, a solicitud de su propio autor, fue remitida, para su “evaluación”, a los “amigos defensores del territorio esequibo” y “conocedores del tema”, entre los cuales honrosamente me cuento. Con todo respeto al doctor De  Sola, mi eximio profesor, eminente ex jefe cuando se desempeñó como canciller e ilustrísimo jurista, debo decir que no comparto su  opinión cuando en esa carta se pronuncia por la denuncia del Acuerdo de Ginebra, el cual, en su opinión, “ha demostrado su ineficacia para lograr sus fines”. No es mi intención abrir un debate público-mediático con el doctor De Sola, a quien respeto y aprecio altamente, sobre un tema tan complejo y delicado. Me limito a expresar mi desacuerdo sobre ese punto. Privadamente le expondré mi punto de vista.