• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

Al instante

El fiasco de Brasilia

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Últimamente el tema del Esequibo nos ha proporcionado a los escribidores de artículos de prensa mucho material para analizar, comentar y… criticar. Luego de un largo período de  silencio y pasividad del régimen, repentinamente se ha producido una especie de erupción de medidas y pronunciamientos oficiales para tratar de aplacar a la opinión pública que emplazaba al régimen por su silencio y negligencia ante algunas concesiones otorgadas por Guyana en lugares que están ubicados en el territorio bajo reclamación.

El ilegítimo pasó repentinamente de la inacción a la hiperacción promulgando un decreto mediante el cual creó, entre otras, la llamada Zodimain Atlántica que incorporaba en la reclamación las áreas marinas y submarinas que corresponden al territorio del Esequibo. Ese decreto fue denunciado por el gobierno de Guyana por su naturaleza unilateral y contraria al derecho internacional. Colombia también protestó el decreto porque afectaba áreas marinas y submarinas que todavía no han sido definidas en las negociaciones limítrofes bilaterales.

El ilegítimo se vio obligado a derogar ese decreto y sustituirlo por otro que parcialmente enmienda el anterior, pero que deja latentes sus objetivos de fondo. Al mismo tiempo, el nuevo decreto acentúa su carácter de medida militar y afecta la naturaleza estrictamente económica de las zonas económicas exclusivas, asignándoles un papel en actividades de defensa del país.

La semana pasada tuvo lugar en Brasilia la XLVIII Cumbre de Mercosur. Antes de viajar, el ilegítimo anunció que llevaba, para presentárselos a sus colegas, documentos contentivos de pruebas fehacientes, contundentes e irrebatibles del despojo territorial del que fue víctima Venezuela por parte de la Gran Bretaña.

No dudo de la existencia de esas pruebas. Dentro del proceso de la reclamación iniciado en 1962, que culminó con la firma del Acuerdo de Ginebra en 1966, se llevó a cabo una tarea intensa y laboriosa de recopilación de toda la documentación existente para demostrar la consistencia del alegato venezolano de que el Laudo Arbitral de 1899 había sido el fruto de una componenda en la cual fueron desdeñados los intereses venezolanos para favorecer a la potencia colonial, con el resultado de que a nuestro país le fue amputada una porción considerable de territorio. Ese material documental, recopilado por los expertos historiadores, los padres jesuitas Hermann  González Oropesa, Pablo Ojer y Harry Sievers, fue obtenido en los archivos oficiales británicos, franceses, estadounidenses y por supuesto venezolanos.

No puedo dejar de destacar el hecho de que el régimen chavista, que tanto ha despotricado de lo que despectivamente llama la “cuarta república”,  ahora haga uso del material documental recopilado durante el período democrático de la República, lo cual es evidentemente un reconocimiento al valor de la labor histórica llevada a cabo y cumplida entonces.

El ilegítimo asegura que está dando “pasos firmes para defender, reactivar, revivir y llevar a su máxima expresión (¿?) por la vía diplomática y de la paz la reclamación sobre el territorio del Esequibo” y asegura que lo recuperará cueste lo que cueste.

Con ese bagaje viajó a Brasilia para procurarse el apoyo de los demás miembros de Mercosur a la reclamación venezolana.   

Pero al llegar a Brasilia el ilegítimo  se encontró con  que la jefa del Estado, Dilma Roussef, estaba reunida con el presidente de Guyana, lo cual, según los despachos de prensa, aquel interpretó como un desaire al punto de  que en represalia no asistió al almuerzo que la mandataria brasileña ofreció a sus colegas. No hay que olvidar que Brasil es también vecino de Guyana y ejecuta en este país importantes proyectos.

En la cumbre el ilegítimo expuso los argumentos que sustentan la reivindicación venezolana sobre el Esequibo, se refirió elogiosamente al Acuerdo de Ginebra  y solicitó el apoyo de sus colegas a la causa de nuestro país. Como era de esperarse, no perdió la oportunidad para  atacar al gobierno de Guyana: lo acusó de “provocador”, de ser un instrumento de la Exxon Mobil y de propiciar una maniobra internacional de la derecha para provocar a Venezuela con problemas limítrofes. Como puede verse, al ilegítimo y al chavismo no les ha quedado otra alternativa que ensalzar el Acuerdo de Ginebra, otro fruto de la Venezuela democrática.

Por su parte, el presidente de Guyana, país que aspira a integrarse a Mercosur, respondió las acusaciones y ataques del ilegítimo, rechazó sus argumentos y pidió también apoyo para su país en el conflicto con Venezuela.

Supuestamente Mercosur volverá a tratar el tema del Esequibo  en una reunión que tendrá en Paraguay en agosto próximo. Al mismo tiempo se ha anunciado una reunión de Unasur, también en agosto, sobre el mismo tema.

La seudodiplomacia venezolana olvida que, tal como ocurre en las relaciones humanas, en las relaciones internacionales los amigos evitan involucrarse en los conflictos entre vecinos. El fiasco de Brasilia ha sido de tal magnitud que la canciller ha tenido que emprender una campaña para convencer que “en término general” (sic) la cumbre fue un éxito para Venezuela cuando en realidad se limitó a tomar nota, a escuchar sin asumir posición y a destacar que en el caso del Esequibo se  cuenta ya con el Acuerdo de Ginebra, un instrumento reconocido por la comunidad internacional, en el cual están involucradas las Naciones Unidas, concebido para procurar una solución al diferendo.

El próximo capítulo de este “culebrón” tratará sobre la selección del medio de solución pacífica de la controversia. En un principio ambos países dejaron entrever que se inclinaban por la mediación. Posteriormente, Guyana ha dicho que hay que llevar el diferendo a una instancia judicial internacional y el ilegítimo ya solicitó al secretario general de las Naciones Unidas por escrito la designación de un nuevo buen oficiante. Personalmente considero, lo he dicho antes, que los buenos oficios están agotados. El gobierno de Guyana opina igual. Entraremos entonces en un pugilato para decidir cuál será el mecanismo que se va a utilizar. Creo que se debe intentar la mediación, la cual pareció ser favorecida por los dos gobiernos. Al final, el diferendo irá a parar en la Corte Internacional de Justicia.