• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

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El exhorto del papa al diálogo

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Hace dos domingos, durante su aparición tradicional desde el balcón central de la basílica de San Pedro, el papa Francisco dirigió un mensaje muy especial a Venezuela, a los venezolanos y sobre todo a sus gobernantes. Concretamente instó a que se instaure el diálogo.

El papa, como argentino que es, conoce muy bien la situación de nuestro país y está hondamente angustiado por la tragedia que nos aflige. En su mensaje urgió a que en Venezuela se establezca el diálogo y la colaboración entre todos y evocó las “difíciles condiciones en las que vive” el pueblo. Rogó que el mensaje de amor de Jesús “se proyecte cada vez más sobre el pueblo venezolano en las condiciones en las que vive, así como sobre los que tienen en sus manos el destino del país para que se trabaje en pos del bien común, buscando formas de diálogo y colaboración entre todos”. Apeló a que se promueva “en todo lugar la cultura del encuentro, la justicia y el respeto recíproco, lo único que puede asegurar el bienestar espiritual y material de los ciudadanos”.

Este mensaje reviste un carácter excepcional no solo porque no es común que el santo padre dirija un exhorto tan puntual y preciso a un país, a sus gobernantes y a una situación específica como la de Venezuela, sino también porque denota el conocimiento que tiene de lo que ocurre aquí y sobre todo su preocupación y su angustia por los terribles sufrimientos que estamos soportando los venezolanos, sobre todo la gente humilde.

El exhorto del papa no podía ser más oportuno. Nos encontramos en una situación en la cual el régimen recurre a todos los medios a su disposición para sabotear la labor de la Asamblea Nacional. Es vergonzoso cómo maneja a la más alta autoridad judicial para lograr ese propósito. Además, sigue ciegamente enfrascado en un plan político y económico que deliberadamente conduce al país a la destrucción.

En agosto de 2002 publiqué un artículo titulado “¿Cuál diálogo?” en el cual expuse mis dudas de que en Venezuela pudiera haber diálogo entre el gobierno y la oposición. Me refería al fracasado ejercicio llevado a cabo como seguimiento de las reuniones fallidas sostenidas por la Coordinadora con el dictador de entonces, hoy difunto. El 27 de febrero de 2014 publiqué otro artículo en el cual, entre otras cosas escribí lo siguiente: “Los gobiernos extranjeros, las ONG y algunos compatriotas exigen que se entable un diálogo con el ilegítimo… No fue posible durante la tiranía del fenecido führer criollo, y mucho menos lo será bajo la dictadura de su heredero, quien pretende ser más severo que su difunto papá.Mis dudas de aquel entonces son hoy día todavía mayores”.

No soy opuesto al diálogo como tal. Pero para que haya diálogo se requiere que las partes estén dispuestas a participar. Como dicen “it takes two to tango” (para bailar tango se necesitan dos, y bailar tango no parece difícil. El. presidente Obama lo hizo muy bien, y creo que nunca antes había bailado tango).

Es un recurso valioso que debe ser utilizado cuando hay posiciones enfrentadas. Se dice que Venezuela está polarizada. Siempre he sostenido que aquí no existe polarización. Lo que hay es una escisión de la población creada artificialmente por la inducción de odio en un sector de la ciudadanía, obra del difunto gobernante quien, siguiendo las enseñanzas de Maquiavelo y los consejos de su papá Fidel, necesitaba dividir el país para poder gobernar. Esa política de cultivar odio sigue siendo una prioridad del heredero ilegítimo. Esa confrontación artificialmente creada en un país donde todos los venezolanos vivíamos en paz y armonía es lo que hace necesario intentar un diálogo conciliatorio y, paradójicamente, lo impide.

Nuevamente han surgido llamamientos a favor del diálogo en Venezuela. Personalidades importantes de la política regional, ex presidentes, la Unión Interparlamentaria, el secretario general de la OEA, Ernesto Samper (para lo que sirve lo que este señor pueda decir) y ahora el papa Francisco, claman por el diálogo. Hasta la Asamblea Nacional aprobó por unanimidad un documento (¡milagro!) en el cual las fuerzas políticas que integran el legislativo acordaron “trabajar de buena fe en el exhorto del sumo pontífice por el bien común y se impulse la cultura del encuentro; se fomenten activamente las condiciones para empezar un diálogo fecundo que permita alcanzar la paz; animar a todos los venezolanos a humanizar al país para ser conductores de la armonía y se difundan las palabras del jerarca de la Iglesia católica”.

Ese texto, algo confuso, producto de una componenda, tiene por lo menos el mérito de haber contado con el apoyo de la bancada oficialista, lo cual denota que en el seno del PSUV hay un sector importante consciente de la necesidad de “impulsar la cultura del encuentro” y “de animar a todos los venezolanos a humanizar el país”.

El papa Francisco pareciera estar dispuesto a jugar, como en Cuba, un papel directo en ese esfuerzo. Su exhorto del domingo pasado podría interpretarse como una insinuación de que está dispuesto a contribuir en ese sentido.

Pero, muy a mi pesar, sigo pensando que aquí no habrá diálogo porque uno de los interlocutores desprecia olímpicamente al otro. Su obstinación en pretenderse dueño y señor del país, su inquina contra todos los venezolanos, incluso sus propios seguidores, su afirmación de que no se someterá a lo que él consideraría una humillación (sentarse en una mesa con aquellos a quienes odia visceralmente) hacen ilusorio cualquier intento de entablar un diálogo civilizado. Como para que no quede duda, he aquí la respuesta del ilegítimo al papa: “Sí, querido papa Francisco. Un gran diálogo social, sociocultural, político pero no con las viejas élites podridas y corruptas, ¡No!”. Nosotros podríamos decir: Queremos diálogo, pero mientras el ilegítimo, apoyado por su pandilla de corruptos, ineptos, asesinos, se crea dueño del país, aquí no habrá diálogo.