• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

Al instante

El editorial del The Washington Post

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La semana pasada el prestigioso periódico The Washington Post publicó un artículo en el cual afirma que “Venezuela requiere desesperadamente de intervención política exterior”.

El diario responsabiliza directamente al régimen de conducir a “Venezuela a un colapso calamitoso” en el que en las tiendas faltan comida y medicamentos básicos, la inflación alcanzó cifras de tres dígitos y el crimen violento está disparado. Le faltó señalar que todo eso se origina en la irresponsabilidad, la ineptitud y la estulticia y la corrupción del ilegítimo y su pandilla de bandidos.

En su artículo el periódico señala que el régimen ha “llenado ilegalmente de simpatizantes” el Tribunal Supremo de Justicia. Sin embargo, se quedó corto porque el ilegítimo maneja el más alto tribunal como si fuera una cuadrilla de peones. Le dice lo que quiere que haga, le ordena dictar sentencias para blindarse frente a las decisiones de la Asamblea Nacional. Y los lacayos de la Sala Constitucional obedecen sumisamente aun estando conscientes de que sus decisiones no solamente van contra la letra y el espíritu de la Constitución, sino que son contra natura porque en muchos casos contradicen su propia jurisprudencia.

El editorial señala que el Tribunal Supremo ha “desnudado” a la Asamblea Nacional de sus poderes constitucionales, saboteando los actos legislativos y destaca particularmente la sentencia mediante la cual esa instancia judicial declaró inconstitucional la Ley de Amnistía reciente dictada por el poder legislativo. Esto de por sí configura una ruptura del orden constitucional democrático y justifica sobradamente la activación de la Carta Democrática.

Como era de esperarse, el ilegítimo reaccionó despotricando contra el periódico y contra “el imperio”. Ahora incluye a Guyana entre los conspiradores contra su régimen. Según él, el WP está llamando a un “intervencionismo desesperado”.

“Qué razones tiene este imperio decadente e inmoral para que desde uno de los periódicos, que siempre ha servido de vocero de golpes de Estado, hoy llamen a una intervención en Venezuela... Rechazo y repudio todas las amenazas que se hacen desde Washington contra Venezuela y llamo a la unión cívico-militar para rechazarlas y para derrotarlas contundentemente”.

Pareciera que ese señor no sabe leer o es corto de mente. De esto último ha dado sobradas evidencias en el tiempo que lleva usurpando la silla de Miraflores

Lo que plantea el diario es le necesidad urgente de una “intervención política exterior” que no tiene nada que ver con intervención militar, invasión, incursión, penetración ni nada parecido. Se refiere a una acción política conjunta, concertada, consistente en la activación de la Carta Democrática Interamericana.

Desde este mismo espacio he abogado insistentemente en la necesidad de activar ese instrumento concebido para proteger la democracia en América, Eso es, exactamente, lo que plantea The Washington Post. Pero, lamentablemente, como también lo destaca ese diario, los gobiernos de la región siguen estando indiferentes, cínicamente apáticos, ante la situación venezolana.

La decisión de activar la Carta Democrática le corresponde a la Asamblea General de la OEA, la cual se reunirá en Santo Domingo del 13 al 15 de junio. Esa es una nueva oportunidad propicia para tratar el caso Venezuela. Digo una “nueva oportunidad propicia” porque las reuniones precedentes, particularmente la última, han pasado por alto la situación dramática, trágica, aterradora, que vivimos en Venezuela por obra de un régimen que ha destruido la legalidad democrática.

La Asamblea Nacional ha dirigido a la OEA un llamamiento exigiendo la aplicación de la Carta Democrática. Como dijo el secretario de Estado, John Kerry, hay que hacer lo necesario para que esa iniciativa no se quede como una “movida simbólica”.

En el pasado la petrochequera ha servido para mantener amarrados los votos de muchos países de la región. No solamente países pequeños del Caribe y Centroamérica, sino también países grandes de Suramérica. Pero ya la alineación de fuerzas está cambiando. El presidente Macri zafó a Argentina de la órbita del chavismo. Creo que Brasil, sin Dilma Rousseff, debería estar dispuesto a acompañar la activación de la Carta Democrática. Recientemente un grupo de parlamentarios brasileños pidió que se solicitara. Los presidentes y jefes de gobierno de los demás países de la región no deben quedarse de brazos cruzados, volteando hacia el cielo para ignorar la realidad venezolana.

La iniciativa de la Asamblea Nacional es muy importante y oportuna, pero debería ser acompañada con una campaña de visitas de personalidades de alto nivel de la MUD a los gobiernos de los Estados Miembros de la OEA. Seguramente esos gobiernos conocen bien la situación venezolana pero hay necesidad de sensibilizarlos y hacerles ver que los venezolanos queremos un cambio pacífico, constitucional y democrático, que el pueblo está al borde de su resistencia, que no está dispuesto a seguir siendo humillado, a continuar pasando hambre, a estar permanentemente amenazado por la delincuencia desbocada e incontrolada, y a ser objeto de las arbitrariedades y estupideces de un régimen que se empeña en destruir la economía del país para imponer un régimen y un sistema político totalmente ajenos a la idiosincrasia del venezolano. Hay que advertir a esos gobiernos que la paciencia de los venezolanos se está agotando y que lo que ocurra aquí inevitablemente tendrá un impacto, para bien o para mal, sobre sus países.

La Asamblea General de la OEA tiene en sus manos el destino de Venezuela y no puede seguir retardando su “intervención política” que  “desesperadamente” necesitamos para rescatar la democracia y las libertades de los venezolanos.