• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

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De despilfarrador a mendicante

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Venezuela era un país próspero, admirado y con frecuencia envidiado.  Éramos un país atractivo, maravilloso. Teníamos una democracia forjada con gran esfuerzo después de un siglo, o más, de terribles dictaduras. Los inversionistas y las empresas multinacionales llegaban a Venezuela para emprender iniciativas gananciosas. Estábamos bien con Dios y con el diablo. Nuestras relaciones con la principal potencia mundial, a quien llaman ahora “el imperio” y con el otro imperio, el comunista eran armoniosas y de mutuo beneficio. A Venezuela llegaban visitantes de todos los continentes, pero sobre todo vinieron muchos políticos buscando protegerse de la persecución de que eran objeto. Muchos de estos se quedaron y aportan valiosa contribución al país en los ámbitos científicos, cultural, académico.  Éramos un país en el que, a pesar de las diferencias políticas o ideológicas, vivíamos en paz. No había odio. Había principios éticos y morales que eran respetados y la vida humana tenía valor

Justo cuando estábamos a punto despegar  hacia el desarrollo, cuando las condiciones políticas, sociales y económicas habían alcanzado el nivel que habría permitido dar el paso crucial para entrar en el primer mundo, llegó la desgracia, la maldición chavista, y se impuso un gobernante cargado de resentimiento que se dedicó a destruir todo lo bueno y positivo construido durante cuatro  décadas de democracia. Su propósito era evidente, convertir a Venezuela en una tabla rasa y tener el terreno desbrozado y la  vía libre para implantar un régimen comunista copiado del nefasto ejemplo cubano.

Como cualquier nuevo rico al que de pronto le llega a sus manos una fortuna inesperada, comenzó a dilapidar el patrimonio de los venezolanos. Es fácil disponer de la riqueza recibida sin haberla amasado con las propias manos. Además de programas sociales (misiones) de dudosa efectividad cuyos verdaderos beneficiarios eran los dirigentes cubanos que recibían los dólares pagados a los cooperantes por sus servicios, se dedicó a regalar dinero contante y sonante a gobernantes de la región a cambio de sus apoyos políticos, sobre todo en los organismos internacionales. La petrochequera, no la espada de Bolívar, fue la que  caminó por todos los rincones de América Latina.

 

Otra faceta escandalosa es la entrega del petróleo a cambio de caraotas, cambures, pollos, huevos, gallinas, ganado en pie o beneficiado y pare de contar. Cuando me desempeñaba como Embajador en  Austria,  escuché al entonces Ministro de Minas e Hidrocarburos,  Humberto Calderón Berti decir que  Venezuela no hacía trueque con el petróleo, que el petróleo se vendía en el mercado internacional al precio internacional.

El sucesor de aquel “rico mac pato” ha seguido al pie de la letra la pauta de su fallecido tutor y padre putativo. El despilfarro de la riqueza  de los venezolanos y la destrucción de la economía emprendidos por aquel y continuado por este ha llevado al país al borde de la quiebra, como escribió hace poco el Washington Post basándose en datos del Fondo Monetario Internacional.

El orgullo de ser venezolano ha sido sustituido por la vergüenza que nos inspira reconocer que nuestro noble país esta arruinado, desmantelado, destruido por obra y gracia de un régimen compuesto de ignorantes, incapaces y corruptos. Lo que dijo el Washington Post lo confirman muchas otras instituciones financieras internacionales y lo han venido advirtiendo numerosos economistas venezolanos.

Cómo será la situación del país, que finalmente el ilegítimo ha reconocido su incompetencia para sacar al país de donde lo ha llevado la maldición chavista. Reconoció que el país entró en un período de "turbulencia económica", debido a la baja de los precios petroleros; sin embargo aseguró que, a pesar de ello el gobierno va a continuar las ruinosas políticas sociales para que sigan enriqueciéndose quienes las administran,

Estamos entrando en situaciones difíciles, he declarado una emergencia económica para fortalecer lo social, para defender los derechos sociales del pueblo y para iniciar un nuevo modelo económico productivo".

"Vengo a plantear un conjunto de posibilidades para, desde América Latina, atender la emergencia económica de Venezuela". ¡Qué triste, o mejor, qué indignación! produce que el gobernante venezolano acuda a una reunión internacional (la Cumbre de la Celac realizada la semana pasada en Quito), a solicitar la caridad de los gobernantes de otros países. 

Informó que se reuniría con sus colegas de la Celac para atender la emergencia económica del país. “Venezuela viene con una propuesta, como siempre, para buscar entre nosotros mismos nuestras propias soluciones y nuestro propio camino".  “Es la hora de ayudarnos, así como nos hemos ayudado para resolver problemas políticos”. Dijo que plantearía al Celac  posibles opciones para atender la emergencia económica que ha declarado en el país.

No se conoce cuáles fueron las propuestas ni las opciones, si es que las hubo, que planteó el ilegítimo en Quito. Lo cierto es que nos embarga la vergüenza cuando en el exterior se compadecen de nosotros y de nuestro país por la desgracia que nos ha caído encima y por las penurias que pasamos los venezolanos, sobre todo cuando trasciende que muchos  compatriotas fallecen porque no pueden conseguir medicinas o cuando ven los noticieros internacionales que muestran el calvario que significa permanecer durante largas horas haciendo cola para adquirir artículos de primera necesidad y cuando esos noticieros muestran la opulencia de que disfrutan los jerarcas del régimen, fruto de la expoliación del erario público o resultado de delictuosos negocios realizados con recursos del estado o proveniente del narcotráfico y del lavado de dinero.

El chavismo ha implantado dos récords, únicos en la historia de la humanidad, dignos de figurar en los registros de Guinness: es el único gobierno del mundo que ha sacrificado la soberanía nacional del país para someterse se al dominio colonial cubano y es el único gobierno que ha dilapidado las riquezas del país para convertirlo en un andrajoso pedigüeño internacional.