• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

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La democracia no son solo elecciones

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Esta frase dicha aisladamente es una verdad de Perogrullo, es decir, como lo establece el DRAE, es una verdad indubitable, clara y sin tergiversación.

Pero dicha en los momentos actuales por José Miguel Vivanco, director para América de Human Rights Watch, esa frase adquiere una dimensión descomunal.

“La democracia no son solo elecciones, las elecciones deben ser competitivas, abiertas, transparentes y deben contar con credibilidad”. Esto lo dijo Vivanco la semana pasada en Madrid en una intervención en la Tribuna Americana, patrocinada por la Agencia española de noticias Efe y la Casa de las Américas.

En relación con la credibilidad de las elecciones agregó: “La presencia de observadores internacionales es absolutamente central y debe contar con capacidad para hacer un conteo paralelo de los votos y con capacidad para garantizar condiciones competitivas electorales justas”.

El régimen chavo-madurista ha pretendido presentarse ante el mundo como un modelo de democracia porque en 16 años se han realizado en Venezuela 11 elecciones y un referéndum consultivo.

Esto, lamentablemente, ha sido aplaudido por muchos gobiernos, particularmente de nuestra región, que, para evitar ser objeto de la iras de los mandatarios venezolanos, se hacen la vista gorda del hecho de que con la excepción de la elecciones de 1998, todas las demás, incluido el referéndum, los resultado han sido objeto de alteraciones para favorecer al oficialismo.

Nadie olvida las horas fatídicas que transcurren después de cerrado el proceso electoral durante las cuales, en una encerrona de la Sala de Totalización del Consejo Nacional Electoral se manipulan las cifras para finalmente atribuir el triunfo al o los candidatos del gobierno.

Es evidente que las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre próximo serán igualmente objeto de cuanto manejo esté al alcance del CNE para favorecer a su patrón. Esto le resultaría fácil si la diferencia en los resultados es pequeña. Pero, si como se espera, esa diferencia será abrumadora difícilmente podrá el CNE alterar las cifras. Digo difícilmente porque conociendo cómo opera el régimen y cómo se mueven las piezas dentro del CNE no se puede descartar totalmente un nuevo fraude.

Ya se han dado algunos pasos en esa dirección. El primero y más descarado es la negativa a permitir la presencia de observadores internacionales provenientes de instituciones serias y con experiencia en ese ámbito, como son la Unión Europea y la OEA. Estas organizaciones, disponen, además de la experticia necesaria, de los recursos económicos que les permiten actuar con absoluta independencia, objetividad e imparcialidad. En cambio, los fulanos “acompañantes” vienen como invitados del régimen con todo lo que eso implica. De la misma manera Unasur, una entidad creada por Lula y el fenecido dictador venezolano, dirigida por Ernesto Samper, no ofrece ninguna garantía de neutralidad.

Son numerosas las exhortaciones que se han hecho tanto internamente como internacionalmente para que las elecciones parlamentarias de diciembre puedan contar con la necesaria participación de observadores internacionales. Muchas personalidades de países de América Latina y de Europa, ex presidente y ex jefes de gobierno, se han manifestado a favor de una observación internacional creíble de los comicios parlamentarios venezolanos.

No deja de suscitar sospecha la insistencia del CNE en limitar a “acompañantes” invitados la presencia internacional en las elecciones de diciembre. Inevitablemente eso huele más que a “gato encerrado”; olerá a encerrona pestífera y repugnante en la Sala de Totalización la noche del 6 de diciembre.

El capitán Cabello acaba de proclamar: “Ni por las buenas ni por la malas la oposición gobernará en Venezuela”. Si esta frase la hubiera pronunciado algún personaje de la disidencia ya estaría acompañando a Leopoldo López en las mazmorras de Ramo Verde. Pero como aquí no hay nadie que controle sus expresiones, los capitostes del régimen tienen patente de corso para decir lo que se les ocurra. Eso que dijo este personaje tiene varias lecturas, pero la principal es que es una amenaza o una advertencia: si la oposición gana las elecciones parlamentarias no le reconoceremos el triunfo.

La respuesta de la oposición debe ser del mismo tono y alcance: “Si ganamos las elecciones no permitiremos que se nos desconozca el triunfo, ya sea por las buenas o por las malas”.

También lo que dijo el ilegítimo recientemente en el sentido de que las de diciembre son las elecciones más difíciles que ha tenido que confrontar el régimen es muy significativo. Yo lo entiendo como que saben que la avalancha de votos de la oposición les hará muy difícil hacer trampa, pero de todas maneras lo van a intentar.

Corolario: hay que estar preparados para defender, por las buenas o por las malas, hasta el último voto.