• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

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El chavo-madurismo al Consejo de Seguridad

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La presencia del chavismo en el Consejo de Seguridad está prácticamente asegurada gracias a la pusilanimidad de los gobiernos de los países de la región América Latina y el Caribe.

Como es sabido, la candidatura latinoamericana a un puesto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU) la escoge el Grupo Latinoamericano y el Caribe (Grulac) partiendo de las postulaciones previamente presentadas por los países de la región. En el caso presente, la única postulación presentada fue la de Venezuela, en lo cual se aprecia ya la pusilanimidad porque ningún gobierno de la región se atrevió a disputarle al régimen chavista su aspiración. Consecuencia, siendo Venezuela el único país postulado, el Grulac acordó, por consenso, que nuestro país sería el candidato de la región para sustituir a Argentina en el Consejo de Seguridad.

Todo lo anterior suena lógico y normal. Lo que resulta insensato e irracional es que ninguno de los gobiernos de América Latina y del Caribe haya alzado su voz para denunciar los atropellos, agresiones, detenciones ilegales, torturas, denegaciones del derecho a un juicio justo e imparcial, encarcelamiento y aislamiento de líderes políticos, las violaciones flagrantes y continuas de los derechos fundamentales de los ciudadanos, campañas de descrédito contra figuras la oposición y otros tantos atropellos en el ámbito político aplica el régimen a la población que no comulga con su “credo”.

Del mismo modo parece no importarles que el régimen aplique medidas para silenciar a la posición y cualquier voz disidente, valiéndose, en unos casos, de la compra –con dinero de los venezolanos– de medios de comunicación impresos, radiales o televisivos; en otros casos, privando de papel a los periódicos para obligarlos a plegarse al gobierno o simplemente cerrar sus publicaciones, y, finalmente, recurriendo a la censura directa o mediante presiones sobre las empresas propietarias.

También se comportan como ciegos o ignorantes ante el desastre económico que aqueja al país como resultado del torpe, ineficiente y deliberadamente desastroso manejo de la economía que nos ha convertido en una nación paupérrima en la cual el desabastecimiento ha generado una sociedad pusilánime dispuesta a “hacer colas” para procurarse bienes de primera necesidad incluso de artículos indispensables para la higiene personal.

Siempre sostuve que Venezuela no era un país rico porque rico es solamente el que ha logrado satisfacer todas sus necesidades, resolver sus problemas y contar con un excedente que garantice su seguridad. Hoy Venezuela es un país pobre que raya en la miseria en muchos aspectos. Los ingresos provenientes del petróleo son la única fuente de ingresos de divisas del país. Pero esos ingresos son dilapidados en una megaloburocracia producto del cierre o del fracaso de empresas privadas expropiadas, cuyos empleados son absorbidos por la administración pública. Otras sumas importantes de divisas van a parar en los bolsillos de los corruptos que integran la cúpula del gobierno y de la fuerza armada.

Los gobiernos de la región voltean la mirada hacia otro lado para ignorar los exabruptos que comete el régimen chavo-madurista cuando se comporta como un auténtico gobierno forajido que transgrede permanentemente las normas de convivencia internacional. Basta que una persona o un gobierno hagan un comentario sobre Venezuela para que el régimen reaccione violentamente lanzando acusaciones de interferencia en asuntos internos, planes de magnicidio e intentos de desestabilización. En cambio, el régimen se considera con pleno derecho de opinar sobre temas de la exclusiva competencia de gobiernos extranjeros.

Estas son solamente algunas de las manifestaciones de pusilanimidad de ciertos gobiernos de la región.

Esa condición afecta de diferentes maneras a los distintos gobiernos. Veamos:

En primer lugar están los que vendieron su alma al diablo integrando esa entelequia denominada ALBA. De esos países no se puede esperar nada porque son títeres incondicionales manejados desde Cuba a través de Venezuela.

Luego están los que se benefician de la munificencia del régimen venezolano recibiendo regalos en dinero o con las compras millonarias de productos agroindustriales destinados a atenuar el desabastecimiento.

Extrañamente, el presidente Santos parece extender al ilegítimo la condición de “nuevo mejor amigo” que le prodigó al difunto mandatario. Pareciera igualmente compartir la tesis de que el difunto sigue vivo y es el que sigue mandando en Venezuela a través de su nieto, pupilo y sucesor. Su comportamiento en el caso de los cuatro jóvenes venezolanos entregados a la policía venezolana es, por decir lo menos, vergonzosa.

Luego está Brasil, que debería ser ejemplo de moralidad internacional pero que tampoco se atreve a hacer nada que pueda molestar al régimen porque tiene gigantescos contratos de obras públicas en Venezuela y prefiere igualmente hacerse “la vista gorda” con lo que sucede aquí.

Desgraciadamente, los gobiernos de los pocos países que todavía colocan los principios morales por encima de cualquier otra consideración simplemente se limitan a constatar el exabrupto y asumen una actitud pasiva frente a un “fait accompli”.

Todo lo anterior se resume en una sola causa: el imperio del bozal de la petrochequera.

Queda todavía la tenue esperanza del voto en la Asamblea General. Esta debe aprobar por dos tercios las candidaturas al Consejo de Seguridad. Una buena e intensa campaña podría impedir que la postulación venezolana reciba la aprobación de los dos tercios de la membresía de la ONU. Esto ha ocurrido en el pasado y sucedió, por cierto, en una ocasión en la cual Venezuela era candidata pero en esa oportunidad se trataba de dos postulaciones latinoamericanas y ninguna reunió los dos tercios. Entonces se optó por descartar esas postulaciones y presentar un tercer candidato que obtuvo la mayoría requerida. Con esto quiero decir que todavía es posible impedir que el chavo-madurismo forme parte del CSNU, pero reconozco que ese camino no es fácil.

Venezuela ha ocupado dos veces, por dos años en cada oportunidad, un puesto en el CS. La primera vez fue para el bienio 1962-1963. Esa vez la representación venezolana la ejerció el embajador Carlos Sosa Rodríguez y su participación coincidió con la crisis de los misiles. La posición venezolana fue impecable durante ese delicado conflicto. La segunda vez fue durante el bienio 1992-1993. Durante el primer año la representación venezolana estuvo en manos del embajador Diego Arria y coincidió con la compleja crisis de los Balcanes. La posición venezolana fue igualmente destacada y el embajador Arria dejó marcada su participación en el Consejo con el sello de lo que se ha denominado “la Fórmula Arria”. Durante el segundo año la representación venezolana recayó en mí, correspondiéndome además la honrosa, pero también delicada, misión de ejercer la presidencia del Consejo coincidiendo con gravísima situación de la guerra del golfo pérsico. La posición venezolana en relación con ese conflicto fue firme y consistente con sus tradicionales principios de lealtad a los principios y normas de la Carta de las Naciones Unidas.

Si Venezuela resulta elegida miembro del Consejo de Seguridad habrá que ver cuál será su actitud ante los conflictos que actualmente confronta la comunidad internacional, particularmente la situación en Ucrania, y la franja de Gaza sobre los cuales el régimen ya asumió públicamente posición a favor de una de las facciones involucradas. Dentro de poco, el caso del terrorismo, las ejecuciones públicas y grotescas de inocentes ciudadanos, la ocupación por la fuerza de las armas de regiones en el noreste de Siria y el noroeste de Irak, el sacrificio de cientos de personas como parte de una política de “limpieza religiosa”. Es fácil pronosticar cuál será la conducta de la representación del régimen, en su afán de figuración y de presentarse como contrario a todo lo que significa la búsqueda de una solución pacífica de los conflictos internacionales.

Finalmente, ¿el régimen no había despotricado contra las Naciones Unidas calificándolas de una institución obsoleta? Están todavía frescas las denuncias y acusaciones del difunto gobernante contra la organización.

Pero ya estamos acostumbrados a las contradicciones y reculones del chavo-madurismo y la capacidad de asombro frente a los revolcones del régimen que pretende engañar a los ingenuos con sus contradicciones.