• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

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Vandalismo

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“Yo no vi hambre, esto es vandalismo”. Esta frase la tomo de una nota de prensa de uno de los principales diarios de Caracas y fue pronunciada por el propietario de un negocio saqueado en Petare. La nota de prensa agrega que desde el balcón de su apartamento el humilde dueño del negocio presenció, con impotencia y rabia, cómo una muchedumbre saqueaba el negocio que su familia fundó hace 50 años en Petare.

La prueba de que el saqueo no había sido para saciar hambre es que no solo se robaron todo el inventario de víveres, licores y charcutería sino que también se llevaron rebanadoras, pesos eléctricos y hasta los motores de las neveras donde refrigeraba la mercancía.

Desde que el difunto führer pronunció aquella funesta frase según la cual robar no es delito cuando se tiene hambre, la delincuencia se ha convertido en un derecho en Venezuela. Los ladrones y atracadores sostienen que cuando ellos roban e incluso cuando asesinan a las víctimas, no delinquen, sino que ejercen legítimamente su profesión.

Al comienzo los saqueos a los mercados fueron expresión de protesta. Gente humilde que después de haber madrugado para ocupar un puesto en la larga cola para adquirir un producto no alcanzaban a comprar lo que buscaban. Aun así, nadie tiene derecho de emplear la fuerza o la violencia para procurarse lo que necesita. Esto es así cuando saquean un negocio o asaltan un camión o una gandola cargada de alimentos. En estos casos pareciera que los conductores de esos vehículos son cómplices, provocan accidentes para que las pobladas saqueen el contenido del vehículo o revelan la naturaleza de la carga que transportan para que los intercepten. Dicen, incluso, que la propia Guardia Nacional detiene vehículos cargados de productos alimenticios para apropiarse de su contenido.

Lo que en un comienzo tenía la apariencia de acciones de protesta protagonizados por un pueblo hambreado, ha ido dando paso a auténticos actos de vandalismo, protagonizados por bandas de maleantes, seguramente los mismos “colectivos” creados y armados por el régimen para agredir  a la oposición, pero que ahora actúan autónomamente y controlan áreas de la ciudad. El centro da Caracas ha sido declarado “territorio chavista” y algunos barrios humildes de la ciudad son enclaves de vándalos donde la policía no tiene autoridad y no se atreve a entrar.

Caracas, y de hecho Venezuela toda, está en manos de los vándalos. Nadie está seguro. La vida ha perdido todo su valor. Los agentes de seguridad o las personas investidas de alguna autoridad son las primeras víctimas. En la mayoría de los casos para despojarlos del arma de reglamento que portan. Ahora, cada vez con más frecuencia para robarles una motocicleta que parece ser el vehículo preferido, más buscado y más conveniente para llevar a cabo actos de vandalismo.

A todas estas los cuerpos de seguridad brillan por su ausencia o se limitan  a permanecer como simples espectadores o, lo que es más común, a agredir a las víctimas o a proteger a los vándalos.

Simplemente, Venezuela es un país sin orden, sin ley, sin autoridad. Después de todo esto, ¿qué queda para la ciudadanía honesta cuando desde la cúpula del régimen se ha destruido el Estado de Derecho, cuando la primera autoridad roba, viola constantemente la ley suprema que es la Constitución y prostituye los demás órganos del poder público convirtiéndolos en instrumentos de sus abusos y tropelías contra la legalidad y el orden.    

Lo que ocurre con el proceso del referéndum revocatorio es la muestra más patente de la arbitrariedad de los órganos del poder público, en este caso el CNE, la indefensión de la ciudadanía frente a los abusos, también del CNE, es testimonio de la tramposería con la cual actúa ese órgano.

Luego de someter las firmas recogidas a un procedimiento que no estaba contemplado en el reglamento, deliberadamente concebido y establecido expresamente para obtener el resultado de la anulación de más de 600 firmas, entre ellas las de varios dirigentes de la oposición, aduciendo en la mayoría de los casos motivos nimios, los firmantes cuyas rúbricas fueron aceptadas, deberán proceder a “validar” sus firmas acudiendo a los locales señalados por el CNE para ese fin. Esto no tendría nada de particular si no fuera porque el CNE ha designado un solo local ubicado en la capital de cada estado de la República. Esto significa, por ejemplo, que los firmantes del municipio Baruta, que es uno de los más populosos de la Gran Caracas y quizás el que aporta más votantes en cada evento comicial, tendrán que trasladarse a Los Teques para simplemente colocar su dedo pulgar en un captahuellas, con lo cual, su firma debería quedar validada, si es que no se inventa otra trampa.

Lo mismo tendrán que hacer los firmantes de cualquier pueblo del interior del estado Miranda y de cualquier otro estado de la federación.

Este requisito es, a todas luces, uno de los tantos artilugios de que se vale el régimen para sabotear el referéndum. No hay que olvidar que en cada uno de los estados debe ser convalidada, como mínimo, una cantidad de firmas equivalente a 1% del electorado de ese estado. Donde los firmantes son numerosos ese porcentaje seguramente se cubre fácilmente. Pero en los estados de baja población electoral, como Delta Amacuro y Amazonas, seguramente el chavismo intentará impedir que se cubra el 1%. Bastaría con forzar o convencer, bajo amenaza o mediante soborno a unos pocos firmantes para que no acudan a la validación y quedará anulado todo el proceso del referéndum.

La MUD tiene ante sí un reto colosal. Chúo Torrealba ha hecho ya un llamado a los venezolanos para que se preparen a jugar un rol activo en el proceso de validación. Los ha invitado a apoyar, a transportar firmantes, a prestar soporte logístico, técnico y moral a quienes deben acudir a validar sus firmas. Pero la unidad tiene que estar preparada para hacer frente a la violencia oficial que con toda seguridad intentará impedir que se lleve a cabo la validación. La MUD deberá organizar un operativo gigantesco para ofrecer transporte a todos los firmantes, en particular a los de la tercera edad, que son numerosos. A mucha gente le resultará difícil o engorroso movilizarse hasta el lugar donde debe ir para validar la firma. Esto lo ha planificado así deliberadamente el CNE, con toda la mala intención,  para desestimular y sabotear el proceso de validación.

Lo importante es seguir adelante, el revocatorio está en marcha y el ilegítimo apátrida está aterrorizado porque sabe que los venezolanos no vamos a desistir y, además, no estamos solos en esta empresa. El mundo observa con ojo clínico lo que pasa en Venezuela. Cada abuso, cada agresión, cada nueva trampa se suman al inventario de arbitrariedades y desafueros que demuestran la necesidad perentoria de poner fin a un régimen malvado y cruel que está destrozando lo poco que queda de lo que fue un país maravilloso.