• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

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Adolfo Taylhardat

Tormenta en un vaso de agua

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El presidente Barack Obama dictó el pasado 9 de marzo una orden ejecutiva en la cual cataloga la situación en Venezuela como “amenaza extraordinaria e inusual a la seguridad nacional y política exterior” estadounidenses.

Esta frase, tomada deliberadamente fuera de contexto, ha dado origen a una vorágine de reacciones que van desde la acusación de que Estados Unidos ha infringido la soberanía de nuestro país hasta la afirmación de que “el imperio” nos va a declarar la guerra. Incluso, en previsión de esta última eventualidad, se han realizado ejercicios de defensa militar como preparación para enfrentar una imaginaria invasión de los marines.

Veamos la frase dentro de su contexto. El párrafo pertinente de la orden ejecutiva del presidente Obama dice textualmente: “La situación en  Venezuela, que incluye la erosión de las garantías de los derechos humanos, la persecución de opositores políticos, cercenamiento de las libertades de prensa, empleo de la violencia, violaciones de los derechos humanos y abusos en respuesta a las protestas antigubernamentales, arrestos arbitrarios y detenciones de manifestantes antigobierno, así como la exacerbante  presencia de corrupción pública significativa, constituyen una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”.

En virtud de todo lo anterior, dice el presidente Obama en su orden ejecutiva: “Declaro emergencia nacional para atender esa amenaza”.

¿Es acaso mentira lo que dice la orden ejecutiva cuando define la situación venezolana? El hecho de que el gobierno norteamericano declare esa situación como una amenaza a su seguridad nacional y a su política exterior es una cuestión subjetiva, es el resultado del análisis que hace ese gobierno desde la perspectiva de sus propios intereses. Lo que no es en absoluto subjetivo es que para los venezolanos esa situación no configura una amenaza, sino que constituye una agresión directa y flagrante a las libertades, derechos y privilegios que les otorga la Constitución nacional.

El régimen ha intentado capitalizar a su favor lo que dice el documento norteamericano buscando de exacerbar el sentimiento nacionalista del ciudadano para tratar de remendar la colosal erosión que advierte en el apoyo popular. Ha llegado hasta el extremo de amenazar con declarar traidor a todo venezolano que no defienda la patria. “Le  vamos a enviar un mensaje a la oposición: la patria está siendo amenazada. Venezolano o venezolana que no esté dispuesto a defender la patria, seguramente está dispuesto a ser un traidor. Seguramente está dispuesto a ser un enemigo. Seguramente está dispuesto a ser un malinche (sic). Y como tal debe ser tratado” (EN 14/03/14).

¿Defender la patria de qué? ¿De una agresión imaginaria que solo existe en la mente de los obnubilados chavistas fanáticos que pretenden hacer vibrar la fibra de amor a la patria que lleva dentro de sí todo venezolano? 

El principal vocero de esa falsedad es un personaje que por la posición que ocupa debería transmitir al pueblo mensajes de sosiego, serenidad, paz,  ecuanimidad. Contrariamente, es el principal inventor de fábulas y el primer agitador de la falsa afirmación de que Estados Unidos planifica “ataques militares contra Venezuela”. “Lo que viene ya está planificado y debemos decirlo: son ataques sobre nuestra tierra, sobre nuestro país, ataques militares. Esas declaraciones de emergencia las utiliza el imperio cada vez que va a atacar un pueblo”.

Lo cierto es que esas declaraciones de emergencia persiguen precisamente lo contrario, autorizar al presidente de Estados Unidos a aplicar sanciones a ciertos países a fin de inducir a sus gobiernos a respetar el Estado de Derecho sin necesidad de recurrir a acciones más severas.

No soy experto en la legislación norteamericana en materia de seguridad del Estado pero lo que he leído al respecto permite aclarar muchas cosas: 1) La declaración de emergencia nacional por “inusual y extraordinaria amenaza” es una categoría legal contemplada en la legislación. 2) Cuando un país es declarado amenaza a la seguridad nacional, el presidente queda autorizado para enfrentar “cualquier amenaza inusual y extraordinaria” externa “para la seguridad nacional, la política exterior o la economía de Estados Unidos, si el presidente declara emergencia con respecto a tal amenaza”. 3) Esa declaración de  “emergencia nacional” es la que permite aplicar sanciones contra una persona o un país, consistentes en restricciones y prohibiciones comerciales, financieras e incluso la confiscación de los activos que se encuentren en el territorio de Estados Unidos. 4) Estados Unidos ha calificado como “amenaza para la seguridad nacional” a los siguientes países: Irán, Birmania, Sudán, Rusia, Zimbabue, Siria, Bielorrusia y Corea del Norte. Y ahora Venezuela. Ninguno de esos países ha sido invadido, atacado ni intervenido. 6) Para emprender una intervención militar en el exterior el presidente de Estados Unidos tiene que cumplir un procedimiento legal diferente que requiere, entre otras cosas, una autorización expresa del Congreso de Estados Unidos. Un ejemplo reciente es la autorización del Congreso solicitada y obtenida por el presidente Obama para intervenir militarmente en la lucha contra el Estado Islámico. 7) La Ley de Emergencia Internacional de Poderes Económicos  permite al presidente únicamente imponer restricciones económicas.

Los anuncios o advertencias sobre un supuesto inminente ataque o una intervención de Estados Unidos contra Venezuela parecieran reflejar un deseo oculto de sus autores que piensan que de esa manera logran cohesionar al pueblo en torno de una amenaza  absolutamente fantasiosa. El fracaso de esa maniobra, porque nadie la cree, es lo que ha llevado a declarar enemigo y traidor a la patria a quienes no se sumen a ese delirio. Si pretendieran sancionar a quienes no creemos esa fábula, tendrán que arrestar a prácticamente toda la población porque no me cabe duda de que la militancia consciente del PSUV no se traga ese cuento.

 

Otrosí

No puedo cerrar este artículo sin referirme, aunque sea brevemente, a la rebuznada del señor Royo Chávezton, a quien hasta el tratamiento de señor le queda grande, pero debo contenerme en el uso de calificativos. Encuentro que al decir lo que dijo le traicionó el subconsciente porque implica un reconocimiento de que los opositores víctimas en los sucesos del año pasado, prácticamente todos con tiros en la cabeza, fueron asesinados por agentes del régimen (¿francotiradores?). Al parecer Chávezton, dentro de su masoquismo, disfrutó enormemente el sonido de los disparos al cráneo que privaron de vida a tantos opositores, al punto de que lo hizo público a través de un programa de televisión. Si viviéramos en un país donde reinara el Estado de Derecho Chávezton estaría purgando su atroz asnada en un calabozo en lugar de seguir disfrutando las mieles del policamburismo que ejerce.