• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

Al instante

La OEA

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Igual que su tutor y papá putativo, el ilegítimo necesita tener a alguien, o algo, contra quién o qué pelear. Uno de sus contrincantes permanentes es la OEA.

Recientemente aseguró que la OEA está “dominada por una burocracia imperial que no sirve para nada. Tiene 67 años con golpes de Estado y conspiraciones”.  “¿De verdad vale la pena que siga existiendo la OEA? Debe convertirse un foro político entre América Latina y el Caribe. El tiempo de la OEA es el tiempo de los golpes y las conspiraciones. Ya pasó. Es tiempo de otras organizaciones”.

Esas es solo una muestra de las incoherencias que dijo recientemente.

Este ritornelo se ha convertido en un estribillo monótono. El dictador fallecido también embestía contra la OEA cada vez que se le ocurría, y llegó hasta a amenazar con retirarse de la organización regional acusándola de estar al servicio del imperio. Constantemente reclamaba que supuestamente la OEA no actuó en defensa suya cuando se produjeron los acontecimientos de abril de 2002. En una oportunidad amenazó con retirarse de la OEA si la organización  condenaba a su gobierno por el cierre de Radio Caracas Televisión. La misma amenaza profirió cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos señaló a Venezuela como uno de los países donde se violan sistemática e impunemente los derechos humanos. Finalmente, terminó retirándose de los órganos de la OEA que protegen los derechos humanos.

Ahora  el ilegítimo, para no quedarse atrás, da rienda suelta a sus iras contra la OEA porque el nuevo secretario general manifestó estar de acuerdo en que una misión de observación electoral viaje a Venezuela para presenciar los comicios parlamentarios del 6 de diciembre.

Como si eso fuera una agresión contra la soberanía nacional reaccionó furibundo: “Venezuela no es monitoreada ni será monitoreada por nadie. No lo aceptaremos jamás, por nadie”. “La OEA no sirve para nada, sino para aprobar golpes de Estado. Se convierte siempre en una guarida de conspiración contra los gobiernos progresistas”.

Con ocasión de la reunión de esa entelequia que llaman la ALBA  que tuvo lugar en Caracas aseguró que la OEA “ha acabado con miles de vida y no ha salvado ninguna”.

¿Qué significa esa afirmación? ¿En qué momento la OEA cometió un magnicidio de esas dimensiones? ¿A quién pretende impresionar con tamaña mentira? ¿Puede un jefe de Estado, aun siendo ilegítimo, inventar una patraña como esa?

Dentro de su ignorancia parece desconocer que existe la Oficina Panamericana de la Salud (Organización Panamericana de la Salud), agencia especializada de la OEA que sí ha salvado no miles sino millones de vidas gracias a los trabajos de investigación, los programas de apoyo a las estructuras y autoridades  de salud de los países miembros, las actividades de prevención y asistencia directa a las poblaciones en el combate de epidemias y enfermedades endémicas y enfermedades nuevas, y la participación en operaciones de socorro en situaciones de emergencia y de desastres naturales.

Así como esa oficina hay muchos otros órganos especializados de la OEA que llevan a cabo actividades beneficiosas para los países y sus poblaciones en numerosas otras áreas. Su labor es generalmente silenciosa pero eficaz. Eliminar la OEA equivaldría a privar a los Estados miembros de instrumentos valiosos de cooperación de los cuales reciben beneficios cuantiosos.

Es cierto que la OEA ha sido poco efectiva en la solución de problemas políticos. Pero es injusto acusar a la organización como tal por sus escasos resultados en ese ámbito. Quienes critican a la OEA pierden de vista que una organización internacional no tiene voluntad propia, no decide por su cuenta. Es más, su autoridad máxima no tiene poder ni libre albedrío para decidir o emprender acciones. La voluntad de una organización internacional es la suma de las voluntades de los gobiernos que la integran. Es solo mediante la concurrencia de las voluntades de los gobiernos que integran la organización de que se trate cómo puede tomarse una decisión o emprender una acción.

En las organizaciones internacionales y más específicamente la OEA se ha adoptado la modalidad de que las decisiones se tomen por consenso. No cabe duda de que una decisión consensuada tiene el peso de la unanimidad a diferencia de una decisión adoptada mediante el voto, en la cual puede haber votos negativos o abstenciones. Pero es precisamente el consenso lo que ha contribuido a la ineficacia e inoperancia de la OEA. En definitiva, el consenso equivale a dar a cualquier gobierno un poder de veto porque basta un desacuerdo para bloquear una decisión.

El consenso no es obligatorio y la Carta de la OEA establece que las decisiones en la organización se deben adoptar por mayoría. Una decisión tomada mediante voto es de obligatorio cumplimiento y ejecución, incluso para quienes hubieran votado en contra o se hubieran abstenido. Sin embargo, aun en asuntos de importancia vital como sería la activación de la Carta Democrática  en el caso venezolano,  ningún gobierno se atreve a “ponerle el cascabel al gato” y exigir que la decisión se tome mediante el voto. El consenso es un factor paralizante en cualquier organización internacional y no es una alternativa excluyente al voto mayoritario.