• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

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Miedo

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¿Dónde está aquel glorioso bravo pueblo que con la consigna de “¡muera la opresión!” lanzó el yugo que le avasallaba,  gritando “¡abajo cadenas!” y clamando “libertad”?

¿Se volvió pusilánime? ¿Ya no tiene valor para reivindicar sus derechos?

¡No! Tiene miedo, está asustado porque no tiene quien lo proteja. Y el miedo es libre.

Los venezolanos tenemos miedo desde aquella marcha apoteósica del 11 de abril de 2002 en la cual más de un millón de manifestantes, hombres, mujeres, ancianos y hasta niños, caminó hacia Miraflores alegre, cantando,  pacífica, con la bandera nacional como única arma,  para exigir la renuncia del tirano pero que bajo la mirada indiferente de la Guardia Nacional tuvo que enfrentarse  a las hordas de fanáticos traídas desde los barrios y que, además fue víctima de una lluvia de balas disparadas por funcionarios y agentes del régimen, entre los cuales estaba el personaje que actualmente detenta ilegítimamente el poder, que cobardemente e indiscriminadamente disparaban contra la multitud. Las victimas de aquel tiroteo fueron numerosas y el régimen, para ocultar su culpa atribuyó las muertes a la policía metropolitana. De allí quedó Iván Simonovis, principal oficial de la PM acusado y condenado a 30 años de prisión cuando en realidad él, valientemente, actuó para proteger a la multitud.

Desde ese día el odioso régimen entendió que asesinando podía ejercer control sobre sus opositores. Desde entonces asumió, como política, que  en cada marcha o concentración de masas, debía haber por lo menos un muerto como advertencia de que su crueldad no tiene límites.

Desde entonces cada manifestación convocada por la disidencia es obstaculizada por un auténtico muro de soldados blindados de pie a cabeza con auténticas armaduras,  provistos de armas modernas para amenazar, y en muchos casos agredir a los manifestantes. El aspecto de ese despliegue de fuerza es suficiente para atemorizar al más valiente sin contar la crueldad y el salvajismo con el que están dispuestos a agredir a los ciudadanos.

Ahora, este régimen cobarde, para ocultar su sevicia se vale de los “colectivos”, grupos de choque, bandas de criminales a sueldo, controlados, preparados, armados y pagados por el gobierno. Cumpliendo instrucciones del gobierno se dedican a sabotear los actos organizados por la oposición atacando sin piedad e incluso asesinando manifestantes, como ocurrió durante aquellas concentraciones de masas de febrero de 2014 en la cual cayeron jóvenes, mujeres y hombres, víctimas de los salvajes agentes  al servicio del gobierno. La cobardía del régimen  tiene su máxima expresión cuando atribuye esos crímenes a los pacíficos manifestantes. El caso más patente de esa conducta es el de Leopoldo López, acusado de ser el culpable de las víctimas de aquel día fatídico.

El pueblo tiene miedo porque vive bajo un régimen asesino, que no vacila en matar para mantener el control sobre la población. El pueblo tiene miedo porque está indefenso. Tiene miedo porque la guardia nacional es cómplice del gobierno asesino. El pueblo tiene miedo porque en este país no hay justicia y  los encargados de aplicarla también tienen miedo. En este país hambreado por culpa de las imbecilidades del régimen, el pueblo tiene miedo cuando sale a hacer cola para comprar alimentos porque sabe que su vida está a merced de cualquier malandro que intente robarle la compra o de los abusos y excesos de la guardia nacional que supuestamente vigila el orden en la cola o de una turba enardecida que decide saquear el negocio porque se agotó lo que quería comprar.

El miedo abarca ahora otras dimensiones. No se limita a temer los desmanes, abusos y crímenes del régimen. Ahora los “colectivos” ya no están controlados por el régimen, Se han convertido en bandas de cuatreros, “megabandas” de quince o más individuos provistos de armas más modernas y mortíferas que las del ejército. El mismo régimen tiene miedo de esas bandas que controlan zonas de la ciudad en las cuales decretan “toque de queda” para impedir que la fuerza pública intente someterlos. El barrio “El Cementerio” y las urbanizaciones “El Valle” y “Coche” son sólo algunos de los cotos bajo control de bandas de delincuentes. Los integrantes de las bandas conocen a todos lugareños y los controlan mediante un régimen de terror. Con  frecuencia bandas rivales se enfrentan entre sí provocando pánico en la población y dejando víctimas de sus balaceras. La policía tiene miedo porque en lo que va del año han sido asesinados más de diez de sus efectivos. Pero no solo eso, las bandas de cuatreros se dedican también a invadir, a pleno día, los mercados y supermercados llenos de parroquianos para robar toda la mercancía que se les ocurre.

Los venezolanos tenemos miedo y vivimos encerrado en nuestras vivienda protegidos con rejas que pensamos son invulnerable, pero nos sentimos más seguros que en la calle donde impera la violencia. Tenemos miedo porque no tenemos quien nos proteja y porque quienes debían protegernos son cómplices de los delincuentes o también tienen miedo.

En situaciones como esta la gente se pregunta: ¿Y los militares qué? ¿Ello no son también víctimas de esta situación terrible que vivimos? ¿Ellos no son también venezolanos? ¿Ellos no son quienes tienen en sus manos las armas de república? Sí, pero ellos, aunque resulte paradójico también tienen miedo. Es un contrasentido que un soldado tenga miedo. Pero es la realidad. Los militares oficiales profesionales están permanentemente espiados y temen por su carrera. Los soldados y clases son un sector débil que sigue las órdenes que recibe y que también tiene miedo por su propia seguridad y la de su humilde familia.

Entonces, ¿qué hacemos? Tenemos que soportar indefinidamente este nuevo yugo, peor que el que lanzaron los creadores de la nación?

Como dice el himno nacional, que he estado parafraseando, “la Ley respetando”, es decir, por la vía pacífica y constitucional,  tenemos que despojarnos del yugo que nos subyuga. El camino para lograrlo ya está marcado. La MUD ha identificado los posibles recursos de que disponemos. Ahora nos toca a nosotros acompañar a la MUD y a la Asamblea Nacional brindándoles todo nuestro apoyo. Ese yugo pesa mucho y la MUD y la Asamblea solas no pueden lanzarlo. Tenemos que ayudarles. Tenemos que apoyar a la Asamblea,  ayudarla a hacerle frente a las trampas y marramucias que a diario inventan el ilegítimo y el TSJ para sabotear el trabajo del poder legislativo.