• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

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Mejor no hubieran venido

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La visita de la fulana misión de Unasur a Venezuela resultó una pantomima mal montada y peor ejecutada. Una burla a los venezolanos.

Para comenzar no hay que olvidar que Unasur fue un engendro de Chávez y Lula. Su actividad ha estado caracterizada por una marcada inclinación a favor del chavismo y sus acólitos. Basta recordar el caso de la supuesta rebelión de los policías contra Correa en Ecuador. También la cláusula democrática adoptada por Unasur, redactada por Correa no para proteger la democracia sino a los regímenes corruptos y dictatoriales.

Los antecedentes del ex-presidente Samper presagiaban lo que sería esa visita. No me refiero a los hechos anteriores y posteriores a su ejercicio como presidente, sino a los antecedentes más recientes. Cuando asumió la Secretaría General de Unasur puso de manifiesto su parcialidad hacia el ilegítimo. Después, haciéndose eco del ilegítimo, dijo que el asesinato de Robert Serra era “una preocupante señal de infiltración del paramilitarismo colombiano”. Esto le mereció una recriminación de su compatriota y Ministro de Relaciones Exteriores María Ángela Holguín: “Samper debe colaborar con la integración latinoamericana y no dar opiniones sin respaldo de decisiones judiciales”. Agregó que esperaba que las opiniones de Samper se limitaran a lo que a ese organismo de integración realmente compete. Más recientemente volvió a ponerse en evidencia cuando afirmó que “hay factores que agravan la situación de Venezuela, como las presiones internacionales que enturbian el ambiente interno”. Esa sola afirmación presagiaba lo que sería, días después, la visita a Venezuela de la misión de Cancilleres de Unasur.

Ernesto Samper parece ignorar la regla de oro que debe observar todo funcionario internacional, todavía más obligante cuando se trata de la máxima autoridad de un organismo internacional, la cual consiste en el deber de mantener la más estricta neutralidad e imparcialidad en los asuntos que le toca gestionar.

Desde que llegó a Venezuela acompañando a los tres cancilleres de países de Unasur ha actuado como megáfono del ilegítimo: “sabemos que en Venezuela hay división de poderes”; “Unasur no avalará intentos de desestabilizar la democracia en Venezuela”; “hago un llamado a la oposición para que ejerza a través del proceso democrático su legítimo derecho al disentimiento”.

Según Samper “estamos aquí por invitación” del presidente. Su reunión con él sirvió para que este presentara una “extensa información sobre los hechos de orden nacional e internacional que están afectando la estabilidad democrática de Venezuela y la delegación registró su preocupación”

Esa afirmación, y sobre todo la última frase, indica que Samper y los cancilleres visitantes “se comieron” los cuentos fantásticos sobre supuestas conspiraciones de que habla el ilegítimo.

Resulta vergonzante la solicitud dirigida a los gobiernos de la región para que ayuden al ilegítimo a solucionar el problema del desabastecimiento que afecta a los venezolanos.  El ilegitimo no se conforma con haber salido al exterior a mendigar para evitar la quiebra financiera de Venezuela sino que ahora apela a la caridad internacional en lugar de hacerle frente a la crisis generada por su propia ignorancia e incompetencia. Supuestamente Unasur creará unas cadenas regionales de apoyo para la distribución de productos de consumo básico en Venezuela. Según Samper "la idea es que todos los países de la región, a través de sus canales de distribución, puedan apoyar los esfuerzos de distribución que se están haciendo en Venezuela para que les lleguen estos productos básico a todos los venezolanos, sin excepción".

Esa iniciativa coloca a Venezuela ante la comunidad internacional en la vergonzante situación de mendicante.

Las reacciones al pobre papel de la misión de Unasur no se han hecho esperar. El Secretario Ejecutivo de la MUD ha protestado el hecho que, siguiendo evidentemente las órdenes del ilegítimo, Samper eludió reconocer la condición de representación legitima de la disidencia que reviste la MUD. La opinión generalizada del público en Venezuela comparte lo que escribió este diario en un contundente editorial (El Nacional 05/03/15): “los ilustres visitantes sirvieron para darle oxígeno al gobierno, para darle un espaldarazo”.

Periódicos de otros países también han registrado la parcialización de la misión de Unasur.

Las reiteradas referencias de Samper al ilegitimo como un gobernante democrático ignoran las condiciones fraudulentas que rodearon la usurpación del poder y las violaciones de la Constitución que se cometieron entonces para sentarlo en la silla de Miraflores.

Resulta importante destacar que el comunicado emitido al término de la visita establece una clara separación entre la Comisión de Cancilleres y Ernesto Samper, quien, además, se adjudica el contenido del documento cuando dice: “este manifestó”. El comunicado acentúa esa separación cuando agrega: “el ex presidente, manifestó la importancia, para Unasur, de que las próximas elecciones, previstas para septiembre, lleguen a feliz término”. Por cierto, cómo es que el CNE (¿o el ilegítimo?) le hayan confiado a Samper la tarea de anunciar la primicia de la oportunidad en que tendrá lugar ese evento comicial.

Según Samper la visita de Unasur dejó abierto el diálogo. Sin embargo, la canciller colombiana, el único miembro de la misión visitante que ha dicho algo, lo contradice afirmando que el objeto de la visita no era la reanudación del diálogo.

Como escribe el diario La Nación, de Argentina en un artículo sobre el tema “la posibilidad de que el gobierno y la oposición se sienten en una mesa a dialogar está más lejos que nunca”. Los voceros de la disidencia lo han dicho “claro y raspado”, para que haya diálogo deben estar en la mesa, entre otros, Leopoldo López, Antonio Ledezma y Daniel Ceballos”.