• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

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Dudas

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No quiero pecar por desconfiado o receloso, pero en el caso del avión de las Fuerzas Aéreas siniestrado hay muchos cabos que no atan e inevitablemente hay incógnitas que exigen ser despejadas. La sociedad venezolana merece más respeto y transparencia.

En primer lugar, resulta extraño, por no decir irregular, que una aeronave militar lleve como tripulación dos oficiales de alto grado, específicamente dos capitanes. No soy experto en cuestiones militares, pero creo que normalmente el segundo tripulante, el copiloto es un militar de más bajo rango que el piloto, y si no me equivoco es un técnico.

En segundo lugar, da la casualidad de que los dos oficiales que iban a bordo del Sukhoi, los capitanes Ronald Ramírez y Jackson García habían sido testigos en el juicio que le siguieron a un grupo de oficiales acusados de haber formado parte de la conspiración que llamaron “operación golpe azul”, una de tantas fantasías pantagruélicas inventadas en los laboratorios de maldad del régimen. Entiendo que le dieron el nombre de golpe azul porque los supuestos implicados eran oficiales de la fuerza aérea cuyo uniforme es de color azul.

Según una información que ha circulado por Internet (el portal Efecto Cocuyo) los dos oficiales fueron promovidos en el juicio por la Fiscalía como expertos conocedores de los aviones rusos para que explicaran o aclararan algunos aspectos de la investigación en torno al caso. Les preguntaron acerca de la posibilidad de que los acusados pudieran haber utilizado aviones Sukhoi para llevar a cabo el supuesto golpe de Estado. También les preguntaron si  habría sido posible bombardear varias edificaciones en Caracas con bombas transportadas en aviones Tucanos de fabricación brasileña. En ambos casos las repuestas fueron negativas.

Pero las respuestas e informaciones proporcionadas por los dos testigos expertos fueron desestimadas por el tribunal y los acusados fueron de todos modos condenados con base en testimonios suministrados por “patriotas cooperantes”.

En tercer lugar las informaciones sobre el siniestro proporcionadas por las fuentes oficiales son vagas e inconsistentes. Supuestamente se trató de la persecución de una aeronave sospechosa en una zona vecina a la frontera con Colombia.

El comunicado oficial emitido por el Ministerio de la Defensa informó que un avión tipo Sukhoi-30 se precipitó a tierra en momentos en que realizaba un sobrevuelo para custodiar el espacio aéreo venezolano luego de que se detectara el ingreso ilícito de una aeronave cerca de la frontera colombo-venezolana. “El sistema de defensa aeroespacial integral detectó una aeronave ilícita que ingresó por la región noroccidental del país con rumbo sur hacia el límite fronterizo con la República de Colombia, donde las mafias ligadas al narcotráfico pretenden utilizar nuestro territorio como plataforma de distribución de drogas producidas en el vecino país hacia Centroamérica y el Caribe”.

La pregunta obligada es ¿qué hacía un avión militar venezolano cerca de la frontera con Colombia en momentos en que está planteada una grave y delicada crisis en la zona limítrofe entre los dos países y poco después de que el gobierno del vecino país denunciara tres incursiones ilegales consecutivas de aviones militares venezolanos en territorio colombiano?

Según la versión oficial los restos del avión fueron encontrados en la localidad de Elorza, en el estado Apure, pueblo que casualmente cuenta con un aeropuerto. Otra información circulada por Facebook asegura que el avión cayó en El Cajón, cerca de La Urbana, en el estado Bolívar, muy lejos de la frontera con Colombia.

No voy a ahondar en especulaciones, pero creo que se debe descartar la posibilidad de “error humano” tratándose de dos aviadores experimentados conocedores del modelo de aeronave que piloteaban.

También creo que se debe descartar la especulación que han hecho algunos comentaristas según  la cual Colombia habría derribado la aeronave venezolana. Aun en las circunstancias más extremas, el gobierno colombiano no cometería una agresión, un “acto de guerra” contra Venezuela, con todas las consecuencias que ello tendría no solamente al nivel bilateral sino también regional y mundial.

En todo caso, a los familiares de los capitanes Ramírez y García se les debe informar con exactitud qué ocurrió y todos los venezolanos merecemos una explicación plausible y admisible de esa tragedia que no puede ser despachada con el simple gesto de un mensaje en Twitter de condolencia del ilegítimo y el ascenso post mórtem de los dos oficiales.