• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

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Desvergüenza

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Este régimen y el ilegítimo que lo dirige han quedado al desnudo. Ni una hoja de parra, o mejor, de chaparro que más abundan aquí, puede servirles para tapar el impudor y la inmundicia que ya tienen expuestas, no solo a los ojos de  los venezolanos sino a la vista del mundo.

Esta semana ocurrieron hechos y trascendieron situaciones que evidencian y demuestran –como si hiciera falta– con irrefutable transparencia, el cinismo, la hipocresía, el descaro, la falsedad, la impudicia del régimen y sus principales protagonistas.

La decisión del Tribunal Electoral brasileño de no formar parte de la misión de “acompañamiento” de Unasur en las elecciones legislativas confirmó lo que todos sabemos: que el CNE y el ilegítimo lo que quieren son marionetas que vengan a apadrinar un simulacro de veeduría internacional para proclamar legítimos los resultados adulterados que intentará fraguar el 6 de diciembre. Brasil se niega a prestarse para una pantomima de observación electoral como la que pretende montar el CNE.

El reportaje de The Wall Street Journal sobre la corrupción de la dirigencia de Pdvsa confirma lo que todos sabíamos: que la empresa petrolera estatal, además de haber sido desviada de su papel fundamental que la había hecho merecedora de figurar como una empresa modelo a escala mundial, fue convertida en un estercolero, en una auténtica letrina, en una fuente de corrupción y de lavado de dinero procedente del narcotráfico, que permitió a su alta dirigencia amasar fortunas inimaginables. Pdvsa siempre fue administrada con criterio de empresa privada eficiente. Este régimen la utiliza como caja chica para cubrir gastos sociales, para comprar alimentos, para construir viviendas, para cubrir el déficit fiscal y pare de contar, pero sobre todo para apilar peculios mal habidos y nunca vistos no solo aquí sino en el mundo. Todo esto lo sospechábamos, o mejor dicho los sabíamos, pero la revelación del TWSJ de que el anterior zar petrolero venezolano está siendo investigado por su participación en el lavado de dinero proveniente del narcotráfico es un mazazo en el mero morrillo del régimen.

La campaña del ilegítimo y su combo contra Lorenzo Mendoza, utilizando la grabación de una conversación privada obtenida fraudulentamente, pone de manifiesto una vez más los métodos dolosos de que se vale el régimen para desacreditar e implicar a ciudadanos honestos y exitosos en delitos que no han cometido. Las imputaciones contra Mendoza y Hausmann revelan el resentimiento y la envidia del ilegítimo frente a todo lo que signifique excelencia, eficiencia, celebridad alcanzada mediante la superación de la mediocridad rampante del régimen.

Las revelaciones de la joven alumna de la Unefa, presa con su hermano desde hace casi dos meses por el “gravísimo delito” de haber abucheado a la esposa del segundo jefe de esta nave naufragante que es Venezuela, quien durante el juicio que le siguen denunció las condiciones infrahumanas de su detención y señaló que la obligan a comer espaguetis con gusanos y otras inmundicias, revelan los métodos de tortura que aplica el régimen a sus víctimas. Pero me pregunto ¿la Unefa  no es la Universidad Experimental de las Fuerzas Armadas y sus alumnos no son, de hecho, efectivos militares? ¿Es ese uno de los métodos de castigo que utiliza la FAN para castigar a los soldados?

Hay otros hechos y situaciones reveladoras del nivel de roña y asquerosidad que prevalece en los altos niveles del régimen y las fullerías, engañifas, farsas, tramoyas de que se vale para atemorizar a la población, incitar el odio y disponer del país a su libre antojo.

Los venezolanos sabíamos que en este país no existe el Estado de Derecho. Sabíamos, porque lo vimos en el juicio seguido a Iván Simonovis y los demás comisarios y policías acusados de conspirar contra la seguridad del Estado. Sabíamos que el régimen es capaz de fraguar cualquier mentira para involucrar a personas inocentes en delitos que solo existen en la mente perversa de quienes mal-gobiernan el país.

La deserción del fiscal que tenía la representación del Estado en la farsa de juicio al que durante casi dos años ha estado sometido Leopoldo López es la pieza que faltaba. La revelación del fiscal de que durante todo el juicio fue obligado a presentar prueba falsas y a contribuir a que se le impidiera a Leopoldo el ejercicio de su derecho a la defensa y al debido proceso es la muestra más evidente del grado de interferencia del régimen en las causas judiciales, del nivel de sometimiento y chantaje en que se encuentran sometidos, quizás con contadas honrosas excepciones que se mantienen en bajo perfil, los integrantes del Poder Judicial. Con el bozal de arepa de la amenaza de destitución que pende sobre la cabeza de la mayoría de los jueces el régimen ha sido capaz de manejar a su antojo los juicios, imponer condenas y/o limitaciones a la libertad individual y encausar inocentes atribuyéndoles delitos que no han cometido o que solo existen en la imaginación de ilegítimo y sus compinches.

En el caso de Leopoldo, como siempre ocurre, el régimen no se dará por aludido. Las denuncias del fiscal Franklin Nieves no le harán mella y mantendrá recluido a Leopoldo. Este régimen se considera omnímodo, omnipotente, y pateará las normas de derecho que deben regir situaciones como esta. De esa manera evidenciará una vez más su naturaleza arbitraria y tiránica y exhibirá todavía más su desnudez. A nadie en el mundo le queda ya dudas acerca de la naturaleza arbitraria y despótica del ilegítimo y su combo.

Ojalá que frente a tal arbitrariedad los países “hermanos” del continente finalmente reaccionen y se decidan a asumir un papel combativo en defensa del Estado de Derecho y la justicia en Venezuela. En cualquier país del mundo las revelaciones del fiscal bastarían para dar por anulado el juicio y poner inmediatamente en libertad al acusado.

¡Señores jefes de Estado y de gobierno de América, es urgente activar la Carta Democrática Interamericana o serán ustedes cómplices de la más grande injusticia cometida contra un ciudadano inocente!