• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

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A la Constitución no me la tocan

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El cinismo y la hipocresía del fallecido dictador eran notorios y proverbiales. Pero su hijo putativo y sucesor, el ilegítimo, le aventaja por varios cuerpos de distancia.

La frase que sirve de título a este artículo la pronunció este fin de semana, y agregó: “La Constitución es sagrada; a esta niña, de 15 años, no la tocan. No será apuñalada por la oligarquía”. Con esa frase el ilegítimo se hace merecedor del “Oscar” de los tramoyistas y farsantes.

Esa “niña de 15 años” fue ultrajada por el chavismo aún antes de que naciera, cuando todavía estaba por ver la luz. En 1999 publiqué en El Universal un artículo titulado “La ultrajada” en el cual escribí: “Nunca una Constitución venezolana fue objeto de tantas violaciones como la recién nacida ‘bolivariana’. Antes de entrar en vigor ya había sido víctima de serias agresiones a su virginidad por sus propios progenitores”.

Con la excusa de la necesidad de llenar el vacío, deliberadamente dejado por los constituyentes en su apuro por completar atropelladamente su tarea en el plazo que les fue impuesto, se tomaron decisiones contrariando abiertamente la letra y el espíritu de la Constitución. El primer abuso, que dio origen al rosario de violaciones de la carta magna y ha servido de estribo para proyectar las arbitrariedades hasta el presente es el “famoso” decreto sobre el régimen de transición del poder público del 22-17-99.

A partir de entonces, primero el fenecido dictador y ahora el ilegítimo usurpador, han convertido a la Constitución que ellos mismos redactaron e impusieron, en un trapo que usan adaptándola a sus antojos y conveniencias.

Los últimos acontecimientos y los esfuerzos del régimen para desconocer la voluntad soberana del pueblo que decidió darse un Poder Legislativo independiente, emancipado del control del dictador, ha dado lugar a una guerra (palabra predilecta del ilegítimo) sin cuartel para intentar impedir que la nueva Asamblea Nacional desempeñe las funciones que le atribuye la carta magna. Para ello se vale de la violación más escandalosamente flagrante de la Constitución que consiste en atribuir al TSJ poderes supraconstitucionales.

Desde mucho antes el régimen había alterado el equilibrio que la Constitución establece entre los órganos del Poder Público. El Ejecutivo impuso sobre los otros poderes un régimen de sometimiento a sus designios, antojos, conveniencias y necesidades. Todo el Poder Público fue convertido en instrumento del usurpador. Produce náusea el caso del Tribunal Supremo de Justicia. Es el más vergonzoso y lamentable. Da asco que el principal guardián del Estado de Derecho sea la herramienta convalidadora de todos los abusos, tropelías y agresiones contra la oposición, dotando de falsa constitucionalidad y supuesta legalidad a los atropellos que cada día inventan en el laboratorio de la maldad que es hoy Miraflores.

Todo esto ocurre bajo la mirada impotente de la sociedad civil que se encuentra maniatada frente a un Estado que se atribuye poder absoluto, al tiempo que el país se desmigaja en medio del desabastecimiento de alimentos, medicinas, artículos esenciales de aseo personal, inseguridad, insalubridad, corrupción, indolencia de las autoridades, la incompetencia del gobierno, agresiones de pandillas armadas y pagadas por el régimen con patente de corso para agredir, amedrentar y hasta suprimir opositores.

Es importante que las fuerzas políticas aglutinadas en la Mesa de la Unidad resistan las embestidas, abusos, agresiones y amenazas de un régimen fracasado, desprestigiado internamente e internacionalmente, que trata por todos los medios sobrevivir a la hecatombe que inevitablemente se le viene encima, resultado de sus propias ineptitudes, desaciertos y torpezas. Las alternativas para el cambio que la MUD ha ofrecido anunciar deben recibir todo el apoyo necesario para demostrar que los venezolanos estamos “cuadrados” con la decisión de poner fin a un régimen perverso y estamos cansados de tantos engaños, mentiras, falsos e incumplidos ofrecimientos por parte del ilegítimo usurpador. El régimen intentará desconocer o boicotear esas alternativas y utilizará una vez más al TSJ para darle apariencia legal a sus abusos y atropellos.

Debemos estar listos para dar una respuesta contundente y demostrar que no permitiremos que el ilegítimo continúe jugando con nuestro futuro ni con el destino del país. ¡Basta ya de abusos! Ha llegado el momento de definir el camino hacia el cambio y emprender la marcha por ese camino hasta lograr el objetivo de poner fin a la satrapía que nos agobia.